El Rincon de Alberto

jueves, 15 de octubre de 2020

La noche de plata

Barceló, Elia (2020)
La noche de plata
Roca Editorial, Barcelona, 512 pp.
ISBN: 9788417968182

Viena 1993. Una niña desaparece en un mercadillo de Navidad
Viena 2020. La policía encuentra un esqueleto infantil en el jardín de una casa de las afueras.
Carola Rey Rojo, especialista en secuestros y homicidios infantiles, y madre de la niña desaparecida veintisiete años atrás, ahora en excedencia de la policía española, vuelve a Viena con el encargo amistoso de deshacer la biblioteca de un marchante de arte recientemente fallecido.
Junto con su amigo y colega, el inspector-jefe Wolf Almann, se verá envuelta en una trama que pondrá en evidencia que nadie es lo que parece y que uno nunca acaba de conocer a los demás, ni siquiera a sí mismo.
Lo que parecía un cold case se complica cuando, ahora que todo parecía casi definitivamente superado, otra niña desaparece en el mercadito de Navidad de la ciudad imperial de Viena, la esplendorosa ciudad de la música y el arte que oculta tras las fachadas de sus bellas casas los más oscuros secretos.

Hay cosas que no se superan. Se tira adelante sin lo que te han quitado, pero la mutilación sigue ahí para siempre, aunque aprendes a apañártelas sin ella. ¿A ti no te pasa?

Elia es una de esas escritoras todo terreno, una de esas autoras que envuelven en magia cualquier historia que cuenta.
Si con el eco de la piel consiguió enamorarme de sus personajes, de sus luces y de sus muchas y oscurísimas sombras, con esta novela ha conseguido que caiga rendida a sus pies.
Elia construye una novela tremendamente negra pero desde la elegancia y la sensibilidad que caracteriza su literatura. Si ha demostrado a lo largo de sus historias que es capaz de regalarnos una radiografía exacta de cada uno de sus personajes, en esta profundiza aún más, si es posible en el alma y la mente de los mismos.

Su vanidad y su arrogancia eran una forma de defenderse de los demás, de lo que él pensaba que los otros pensarían de él si los dejaba acercarse demasiado. Ella lo había querido mucho treinta años atrás y lo conocía bien.

De entrada sorprende que para su protagonista haya elegido una mujer alejadísima de lo que es el arquetipo habitual en este tipo de novelas.
Carola es una mujer más cerca del cenit que del inicio de su carrera, una mujer policía que, arrastrada por el cansancio y por el "error" cometido en su último caso decide tomarse un descanso en la que para ella es la ciudad más dolorosa del planeta, una ciudad en la que casi 30 años antes perdió lo que más quería y en la que la espera, o eso cree, un trabajo distinto, un trabajo relajado, un trabajo que le haga disfrutar de una formación casi olvidada.
Pero en la huida, a menudo, nos acompañan nuestros fantasmas, aquellos de los que precisamente nos empeñamos en huir y nos toca lidiar, queramos o no, con lo que dejamos o creímos dejar atrás. Y a Carola no le queda otra que volver a “enfundarse” su traje de policía, aunque sea extraoficialmente, y descubrir el lobo que se esconde bajo algunas pieles de cordero.

Hay cosas que te dan mala espina sin que sepas por qué y, si haces caso a esa intuición y la sigues, la mayor parte de las veces encuentras cosas que también satisfacen a tu cerebro.

Carola es una mujer herida, como lo somos todos, de una forma u otra. Una mujer que ha perdido más de una vez las ganas de vivir y que, no obstante, ha decidido seguir viviendo; por su hijo, que tampoco resulta ser lo que ella pensaba, por sus amigos, que son pocos y reducidos al círculo profesional y por ella misma, porque es una mujer que no puede rendirse sin conocer la verdad, por dura que esta sea.
Dentro del reducido grupo de Carola se encuentra Wolf, a quien la une la pesadilla vivida 27 años atrás. Un personaje del que me he enamorado. Un hombre cabal y respetuoso y un policía preclaro, cuyo único objetivo es limpiar las calles, renunciando a la vida tranquila que su edad y su desarrollo profesional le habrían permitido disfrutar.

No pudo evitar sonreírle. Era la única persona que conseguía salvar una situación insalvable cambiando de tema sin más, con garbo de torero. Por eso era un interrogador temible. Pero eran amigos, no estaba tratando de sonsacarle nada.

Ambos conforman una gran pareja investigadora que se completa con el equipo austriaco, donde destaca Gabriela, que a diferencia de Carola y Wolf está más cerca del principio que del final de su carrera.
Y estos personajes atípicos se ven envueltos en una trama que por desgracia no nos es ajena. Una trama que se acerca a demasiadas noticias demasiado frecuentes...

Sus familias se habrían tenido que acostumbrar a su ausencia, pero nunca habrían podido terminar del todo, dar por definitivamente perdido a su hija o hijo desaparecido. Si no habían recuperado su cadáver, si no lo habían visto muerto, no conseguían quitarse de encima esa ridícula chispa de esperanza de que aún estuviera vivo en algún lugar.

Elia es capaz de describir preciosas escenas llenas de luz, música, arte y literatura y  de repente darle la vuelta  y transformar esa misma escena en caos, oscuridad y lo más horrendo del ser humano plasmado en el lujo y en esa misma música, ese mismo arte y esa literatura que segundos atrás parecían hermosas.
Es una historia dura la que cuenta la novela y, aunque sea ficción, por desgracia, son historias las de los secuestros y asesinatos de niños que se repiten con demasiada frecuencia, llevando a menudo parejas, intenciones ocultas y retorcidas fruto de mentes enfermas, que a ningún ser humano, en su sano juicio se le ocurriría siquiera imaginar. Y, a pesar de su crudeza, no he encontrado ni una escena explícitamente morbosa en toda la novela aunque confieso que, en más de una ocasión, me he sorprendido cerrando los ojos por el dolor que me producían los actos imaginados a través de unas pocas frases.

Un monstruo es una persona que ha dejado de fingir”-  tradujo ella–. Eso significaría que todos somos monstruos, que lo único que hacemos es seguir fingiendo día tras día que somos personas decentes. –Sacudió la cabeza y se sirvió más vino–. No me lo creo. Me niego a que nadie me reduzca a la categoría de monstruo solo porque la frase suena bien.

Me ha encantado encontrarme con Elia en este género en el que, a pesar de embarcarse por primera
vez, parece toda una experta, aunque es cierto que las dosis de misterios por desvelar y las pesquisas para conseguirlo no están ausentes en ninguna de sus anteriores novela que, como esta, os recomiendo leer.

Cada ser humano tiene derecho a sus secretos, pensó Carola, siempre que no dañen a otros, o al menos no demasiado. Y cada persona tiene también derecho a su propia puesta en escena, a mostrarse a los demás como quiere que la vean. Por eso ella se replegaba y se ocultaba en su casa cuando estaba mal, mientras que otras preferían mostrarse y pedir ayuda, escenificándose como víctimas.

1 comentario:

  1. Aún tengo la anterior novela de la autora pendiente y ya me estás picando con ésta. Una reseña maravillosa.
    Besotes!!!

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