martes, 25 de junio de 2019

El último barco


Villar, Domingo (2019)
El último barco
Siruela, Colección: Nuevos Tiempos 424, Madrid, 712 pp
ISBN: 978-84-17624-27-9

La hija del doctor Andrade vive en una casa pintada de azul, en un lugar donde las playas de olas mansas contrastan con el bullicio de la otra orilla. Allí las mariscadoras rastrillan la arena, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes van a trabajar a la ciudad esperan en el muelle la llegada del barco que cruza cada media hora la ría de Vigo.

Una mañana de otoño, mientras la costa gallega se recupera de los estragos de un temporal, el inspector Caldas recibe la visita de un hombre alarmado por la ausencia de su hija, que no se presentó a una comida familiar el fin de semana ni acudió el lunes a impartir su clase de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios.

Y aunque nada parezca haber alterado la casa ni la vida de Mónica Andrade, Leo Caldas pronto comprobará que, en la vida como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo oscuro de devastadoras corrientes.


El inspector habría querido decirle que lo tendría de su lado cuando reclamara justicia y enfrente si buscaba venganza, pero no contestó

De nuevo gracias a la iniciativa #SoyYincanera he tenido la oportunidad de acercarme de nuevo a un autor al que hace demasiado tiempo tenía en la lista de pendientes y ha sido una grandísima experiencia que no debería haber tardado tanto tiempo en vivir.

El último barco no es una novela trepidante, es una novela pausada, de cadencia lenta, como la voz de su autor.

Una novela que, como las olas del mar, vienen y se alejan, sin prisa, pero sin pausa, una novela que, a pesar de su extensión, se desliza entre las manos sin apenas darnos cuenta.

Una historia sin circunloquios, una novela en la que el autor nos acerca a su realidad de forma concreta y certera.

Una trama en la que la vida de Caldas, acorde con el paisaje, gris y melancólica, influye y se ve influida por su labor profesional que le da muchos quebraderos de cabeza y alguna sorpresa más que agradable.

Junto a Caldas, ese galllego tan gallego, un maño con problemas caninos, que es un personaje de los de no olvidar, un hombre que no entiende el carácter, el clima ni, en muchas ocasiones, el proceder de los gallegos, pero que sería capaz de cualquier cosa por su jefe, un jefe al que le une una relación que va mas allá de lo profesional.

¿Usted no necesita pensar antes de responder?- pregunto, y Caldas noto que Estévez se ponía colorado por segunda vez aquella mañana


Dudamos con cada pregunta de Caldas y volvemos a dudar con cada respuesta hallada. Porque este es un puzle en el que siempre falta una pieza que debe forzarse para encajar, una pieza que es sustituida por otra de iguales características continuamente, una pieza que no es la correcta para mostrarnos el paisaje hasta apenas 20 páginas de llegar al final de la trama.

Una historia repleta de diálogos que junto a la brevedad de los capítulos hacen muy  ágil la lectura.
Esta agilidad  se ve frenada, a menudo, con las maravillosas descripciones que el autor hace de los paisajes gallegos, de la ría en la que mariscadoras y pescadores buscan su sustento, de las playas que invitan al paseo por la orilla, de las casas escondidas entre altas cañas, de los ferris que conectan el mundo bucólico con la ciudad moderna y cosmopolita que es Vigo hoy.
Un homenaje a lo que perdemos de nuestra historia buscando la comodidad, la modernidad…

¿Cuántas casas viejas de piedra se tiraron por aquí para hacer otras nuevas de ladrillo
que son verdaderos adefesios? Pero las de ladrillo tenían cámara aislante
y a la gente que había nacido en casas de piedra le daba igual si eran bonitas
o feas: progresas era dejar atrás el frio de la infancia.

Un homenaje a los maestros y a aquellos que respetan y transmiten  nuestro legado cultural, nuestra riqueza, esa que se nos escapa entre los dedos y las pantallas de nuestros Ipads, de nuestros ordenadores y de esos Smartphones de los que tan sabiamente reniega el padre de Caldas para quien el teléfono tiene la función para la que fue creado, comunicarse desde un lugar fijo.

Un homenaje a los padres, a los que nuestra madurez nos hace ver,  a veces, como niños necesitados de protección.
Ese padre, el de Caldas,  es uno de los personajes más rotundos de la novela, un hombre que sabe muy bien lo que quiere y lo que no, que se ha ganado el derecho a vivir como quiere y donde quiere, que se ha ganado el derecho de gastar su tiempo en lo que desea gastarlo, un hombre difícil de cuidar de la forma en que Caldas desea hacerlo.

-Pero eres tu el que estas asustado, no yo- dijo el padre, sin apenas alzar la voz. Cuando
llamas por teléfono te interesas por si estoy acompañado o solo; ahora me
hablas de poner rejas… Tu eres policía Leo, es lógico que te preocupen
esas cosas, pero a mí me preocupa que las viñas arranquen
bien y que llueva lo que tiene que llover cuándo llegue
la primavera. Puedo convivir con el miedo a morirme, pero no con el  miedo a vivir.

Y ese otro padre que es la cruz de la moneda de la paternidad de la que nadie tiene libro de instrucciones, ese padre controlador y sobreprotector, ese padre que, como cada uno de nosotros hace lo que piensa que es mejor para su hija, un padre que piensa que es el mejor de los padres, aunque la imagen que transmite sea diametralmente opuesto a lo que espera.

Unos padres se alejan y otros proyectan sombras demasiado grandes sobre sus hijos

Y una madre dispuesta a todo lo que una madre está dispuesta por proteger a  sus hijos, sean como sean y hagan lo que hagan.

Todos esos padres que, para bien y para mal, marcan parte de lo que somos, determinan parte de nuestro futuro, determinan nuestras virtudes y, a veces, también nuestros pecados.

Una novela en la que Domingo Villar mira de frente a la realidad que nos rodea y la plasma con maestría en las páginas que nos enamoran y sobrecogen a partes iguales. La solidaridad aun a riesgo de convertirse en blanco de algún psicópata, la maldad de quien aprovecha su ventaja sobre niños y ancianos, la verdad de esos tres golpes que llevan a personas corrientes y también excepcionales a vivir en la calle a sobrevivir de la caridad de una sociedad cada vez más desnaturalizada.

Ese Napoleón es la prueba de que la sabiduría y riqueza navegan mares distintos

Una novela que nos muestra el miedo irracional a lo que no podemos controlar, a lo que desconocemos a lo que se esconde en la mente de quien está fuera de los cánones de lo  que se denomina “normal”, a quien es más fácil temer, culpabilizar, que empatizar con él, que intentar entenderlo.

Una historia que nos pone frente a la falta de escrúpulos de algunos medios de comunicación que viven de lo sórdido, del escándalo, del morbo, porque…

-La inocencia no vende periódicos

Esta novela es una obra maestra, no solo de la novela policiaca, sino de la vida en general, una obra maestra de la realidad, una radiografía de lo que nos rodea,  una novela difícil de clasificar en caso de que deseáramos hacerlo, porque os aseguro que no es solo una novela policiaca por más que el tema central sea la investigación policial de una desaparecida es una NOVELA, en mayúsculas, de esas que todo enamorado de las buenas historias debería leer.

Soy consciente de que me he dejado muchas cosas en el tintero y es que 700 páginas dan para mucho, mucho más, pero os aseguro de que será un placer descubrir las idas y venidas de esta historia y descubrir poco a poco todo lo que no os he contado.

Pues voy a tener que borrarlo de mi libro de idiotas- murmuró
-¡Pero si o lo conoces!
-Lo que conozco de él es por ti- le dijo el padre entrando en la casa-. Tú sabrás lo que me has contado.
El inspector permaneció de pie en el patio, consciente de que su padre tenía razón. Se había limitado a completar el cuadro a partir de los trazos que él había ido proporcionándole, como el niño que une los puntos con líneas para descubrir el dibujo oculto. Si la figura resultante había aparecido distorsionada, suya era en buena medida la responsabilidad

jueves, 13 de junio de 2019

Madera de savia azul


Gil Soto, Jose Luis (2019)
Madera de savia azul
EDICIONES B, Barcelona, 638 pp
ISBN: 978-84-666-6535-3

El destino de un niño.
Erik tiene apenas cuatro años cuando pierde a su madre en el gran terremoto que destruye Waliria, la capital de Ariok. Su padre, el carpintero Bertrand de Lis, y Astrid, la humilde viuda de un herrero, no pueden imaginar que la catástrofe no solo cambiará sus vidas para siempre, sino que, sin quererlo, les hará dueños de secretos que nunca hubieran querido tener que guardar.
El viaje hacia un reino de leyenda.
Tras el desastre, y alentado por una profecía, el rey decide emprender con su pueblo un peligroso viaje hasta tierras del sur. Una gran caravana se pone en marcha. La esperanza, el miedo y la ambición viajan con ellos.
La búsqueda de un padre.
A Bertrand solo le queda su hijo, y su única preocupación es cuidarle, pero un hecho inesperado cambia el rumbo de sus vidas. Así, quien era solo un hombre bueno y sencillo, se convertirá en protagonista de una aventura épica, impulsada por el profundo amor a su hijo y su deseo de volver a reunirse con él.

Los agoreros dijeron luego, cuando ya había sucedido el desastre, que los dioses no permiten a los hombres vivir placenteramente durante demasiado tiempo y que su ira se vierte conisentica furia tanto si los humanos abrazan el mal  como si experimentan demasiado gozo

De no ser por la iniciativa de lectora #SoyYincanera probablemente esta novela hubiera pasado por mis ojos pero nunca por mis manos y me habría perdido conocer una gran historia y disfrutar de una magnífica novela.

Si buscáis una historia de fantasía desbordante con dragones, magos y mazmorras, estáis muy lejos de encontrarla, por más que muchos se empeñen en catalogar esta historia dentro del género de la fantasía.

Madera de savia azul tiene de "fantástico" el reino de Ariok y hasta ahí.

Está novela es una historia de superación, una historia de personajes obligados a buscar una nueva vida cuando todo se ha perdido.

Es una historia de aventuras, si lo es, pero es, sobre todo una historia de personajes, de sentimientos, de todo lo que el ser humano tiene de bondad y de maldad, de lo que aflora de nosotros cuando las cosas van bien pero sobre todo cuando las cartas vienen mal dadas.

Esta no es una novela corriente y por lo mismo esta no será una reseña corriente.

No voy a extenderme en los personajes porque son muchos y complejos y no se entenderían fuera de esa trama en la que tampoco voy a ahondar porque resumir tantas páginas, tantos matices en unas líneas, me parece casi irrespetuoso.

Lo que puedo aseguraros es que descubrir a estos personajes en sus circunstancias y en sus lugares, en sus vidas, es una verdadera delicia, una sensación que estoy segura de que disfrutareis.

Porque la historia esta urdida de forma tan coherente, que todo su desarrollo es verosímil, que cada paso dado por los personajes nos dirigen indefectiblemente a un final inesperado, pero en absoluto forzado, un final sorprendente que cierra con broche de oro una historia redonda.

José Luis es capaz de describir como nadie el dolor de la pérdida de los seres queridos y la necesidad de sobreponerse, de seguir adelante, de sacar fuerzas de flaqueza, de sonreír aun cuando no se pueden contener las lagrimas.

Es fiel cuando describe la perdida de las raíces, la necesidad de abandonar lo que, a priori, no son más que bienes materiales, pero que son mucho más, que son los cimientos de una vida, que son un pasado que es necesario dejar atrás y enfrentarse al miedo a lo desconocido, a un futuro que se sustenta en una verdadera utopía.

Pero sobretodo el autor transmite con sus palabras los SENTIMIENTOS, así, en mayúsculas.

Los más sublimes y los más ruines, porque esta historia es una historia de buenos muy buenos y de malos muy malos, terriblemente malos.
Dos polos totalmente opuestos, el bien y el mal, el blanco y el negro que representan Bertrand y Barthazar y entre los que existe una amplia gama de grises que visten a un gran elenco de personajes, grandes y viles hombres y también grandísimas mujeres  que acompañan a estos dos tremendos protagonistas.

De repente, allí tumbado sin lograr atisbar gran cosa de la obra del maestro, una inexplicable sensación de haber vivido ya aquel instante se apoderó de él. En principio lo atribuyó a esos momentos en que de vez en cuando se tiene la impresión de estar viviendo por segunda vez una misma experiencia, pero pronto descubrió, para su asombro que no se trataba de un segundo tiempo de idéntica vivencia, sino del embargo intenso que le producían aquellos aromas, la cercanía de la madera y sus tonos cambiantes al compas e los nudos y las vetas.

Las precisas descripciones te llevan a recorrer caminos y llanuras inmensas, a perderte en los bosques frondosos, a sentir el olor de la muerte en los campos de batalla, a pasear por bellos palacios… y todo ello a través de un lenguaje preciso, de una prosa cuidada, de los diálogos precisos y las palabras justas.  Y si, digo las palabras justas, aunque os pueda parecer una locura decir esto cuando hablamos de una novela de casi 700 páginas, pero es que a esta historia no le sobra ni una coma.

Cuando os acerquéis a la novela, y lo haréis si estáis buscando una lectura que, como a mí, os saque de vuestra zona de confort, no esperéis encontrar una historia bonita, pero estad seguros de que vais a encontrar una magnifica historia.

Hay cosas que suceden porque han de suceder y no merece la pena detenerse a pensar que pasara el día en que esa sucesión mágica se rompa. Y tal vez, por esa tendencia natural del hombre a pensar que lo que ha sido siempre, siempre seguirá siendo, crecía el desconcierto en cada uno de ellos sin que ninguno se atreviese a manifestarlo para no alarmar al prójimo.

jueves, 6 de junio de 2019

El aspecto del diablo


RUSSELL, Craig (Fecha de Publicación 06-06-2019)
El aspecto del diablo
Roca, Barcelona, 432 pp.
ISBN: 9788417305888

1935. Mientras Europa se prepara para una guerra funesta, seis homicidas dementes, conocidos como «Los Seis Demonios», se encuentran confinados en un manicomio en un castillo de una zona rural de Checoslovaquia. Cada uno de estos pacientes tiene su propia historia que contar, todas ellas tan oscuras como perturbadoras. Utilizando nuevas técnicas revolucionarias, el doctor Viktor Kosárek, un joven psiquiatra, tiene la misión de desentrañar los secretos de sus asesinatos.

Al mismo tiempo, un asesino en serie apodado «Delantal de cuero» en los periódicos va dejando un reguero de asesinatos por toda Praga. Eludiendo continuamente a sus perseguidores, todo parece indicar que estos perversos crímenes los hubiese cometido el mismo Diablo.


 “Entonces fue cuando se dieron cuenta de que el diablo es Dios vestido de noche “

Cuando tuve esta novela entre manos no sabía muy bien lo que esperar.

Se suponía que era una novela negra, con tintes de policiaca, pero la portada inducía a pensar en una novela del más puro terror y si a eso unimos el titulo, la duda estaba servida.

Comencé a leerlo sin expectativas ya que es la primera obra que leo del autor y al pasar la última página os puedo asegurar que no será la última.

En las primeras páginas comienza el autor paseándonos por una Praga fría, húmeda e inhóspita, llevándonos de la mano a una estación de tren en la que nuestro protagonista empieza a ejercer su oficio antes de tomar posesión de su puesto de trabajo.

El autor describe de una forma tan minuciosa y certera que es  tan capaz de hacerte sentir el frio que cala hasta los huesos, como la angustia de no poder ayudar a quien sabemos que necesita ser ayudado.

Caminamos junto a él por los pasillos de un castillo lleno de sombras y leyendas, nos roza la fría piedra y nos ciega la blanca luz, las inmaculadas paredes de esas salas reconvertidas en algo que no son. Sentimos la claustrofobia que transmiten los muros de ese castillo que parece encogerse alrededor del protagonista amenazando con aplastarlo  y salimos al bosque intentando llenar de aire los pulmones,  solo para descubrir que la opresión entre su vegetación es,  por extraño que parezca es aún mayor.

Craig consigue que la tensión continúe en lo más alto página tras página, párrafo, tras párrafo, no da un minuto de respiro.

Los asesinatos de mujeres que Smolak, nuestro inspector,  debe resolver  se solapan con el estudio de la mente de los criminales más abyectos que el doctor Kosarek, con sus teorías “revolucionarias” pretende conocer y aprehender.

Pero el diablo en el que creo no es un ser sobrenatural: es una fuerza viva en todos nosotros, y más viva en los dementes violentos. Y como el diablo se esconde en el lado oscuro de la identidad, a menudo se niega su existencia. Por eso tantos pacientes psicóticos no recuerdan sus actos violentos.-Viktor volvió a hacer un gesto a su alrededor-. Y por eso estoy aquí. Creo saber donde se oculta el diablo. Y he descubierto la forma de llegar a él y sujetarlo.

Los crímenes son violentos y crueles como en toda novela negra y los “pacientes” cargan a sus espaldas con crímenes no menos horrendos.  Esos asesinos, sus actos, dan pavor, pero lo verdaderamente terrible es como el autor nos enfrenta a un miedo muchísimo mayor, como nos pone cara a cara frente al MAL, en mayúsculas, el que habita en cada uno de nosotros, el que  todos llevamos dentro aunque, por suerte no todos dejemos salir a la superficie.

Así que, entre usted y yo hay una intersección de teorías: si su teoría de la naturaleza diabólica es correcta, entonces la enfermedad está presente (es omnipresente en todos nosotros), a la espera de un  detonador que la desencadene. Todos estamos infectados con una locura o maldad potenciales, pero solo las personas psicológicamente débiles desarrollan la enfermedad

La novela relata los hechos y lo hace colocándolos en una época en la que la locura también campaba
a sus anchas por el centro de Europa, en la época en la que comenzaban a extenderse las ideas delirantes del mayor enemigo que judíos, gitanos y deficientes han tenido en toda la historia de la humanidad.

Judita inspira ese aire viciado que empieza a respirarse, ese ambiente prebélico que muchos se negaban a ver.

-La historia me interesa. Me ayuda a comprender el presente. Y, cómo no, los buenos y sencillos campesinos de entonces no eran contrarios a quemar algún judío. La verdad es que a los checos nunca les preocupó demasiado la caza de brujas, a excepción de Bobling, en el norte de Moravia, y aquella tuvo mas que ver con la Austria católica que intentó suprimir a los protestantes checos con cargos falsos. La caza de brujas llegó a Bohemia en el siglo XVI. La trajeron los alemanes. Tal como he dicho, la historia me ayuda a conocer el presente.

La labor de documentación es inmensa, traspasa cada una de las palabras impresas, el momento histórico, el lugar, los paisajes y los edificios…. Y la mitología, esa mitología en la que se funden fantasía  y realidad, esa mitología arraigada en todos los pueblos del mundo, pero más presente si cabe en el día a día de ciertas comunidades, sobre todo las más aisladas, una mitología que es tan distinta y a la vez tan similar en culturas que, en principio, poco o nada tiene en común.
Pero los miedos, las dudas y la búsqueda de una respuesta racional  a aquello a  lo que no le encontramos razón, es universal.

El doctor Jung me dijo que la que la psiquiatría consiste en responder a la pregunta que es cada mente. Y que la más difícil de responder es la propia. Imagino que tenía razón.

No voy a hablar del argumento, porque lo podéis leerlo un poco más arriba, no voy a centrarme en los personajes porque sería desvelar lo que seguro deseareis descubrir por vosotros mismos y no voy a hablaros del final, porque sin duda os sorprenderá de la misma forma que me ha sorprendido a mí.

Pero para llegar a ese final magnifico e inesperado agradeceréis recorrer el camino que os permita conocer  los paisajes de Centroeuropa y el camino, mucho más tortuoso, que desciende a los infiernos de las mentes enfermas.

Un thriller, una historia negra, una novela policiaca, un ameno estudio sobre mitología, un tratado de psicología Jungiana, una gran lección de historia… Todo eso y mucho más es “El aspecto del diablo”, una novela que no podéis perderos si os gustan las buenas tramas bien tejidas que no se quedan en la superficie de contar una historia, que se sumerge y  que te arrastran al fondo,  que consiguen traspasarte, quedársete dentro y obligarte a  plantearte mil y una preguntas de las que, no necesariamente, te gustaran las respuestas.

“Aquí estoy y aquí permanezco, porque el mal reside aquí. Aquí estoy y aquí permanezco porque el diablo se oculta aquí”

martes, 21 de mayo de 2019

Todo lo que sucedió con Miranda Huff


Castillo, Javier (2019)
Todo lo que sucedió con Miranda Huff
Suma, Barcelona, 450 pp.
ISBN: 978-84-9129-218-0

Una pareja en crisis decide pasar un fin de semana de retiro en una cabaña en el bosque en Hidden Springs, pero cuando Ryan Huff llega para encontrarse con Miranda la puerta está abierta, hay dos copas de vino sobre la mesa, nadie en el interior y el cuarto de baño se encuentra lleno de sangre.

Todo lo que sucedió con Miranda Huff es un thriller psicológico de ritmo vertiginoso donde parece imposible encontrar a Miranda con vida. Lo que Ryan desconoce es que la desaparición de su mujer conecta su historia con la de su mentor, el gran James Black, y con el descubrimiento del cadáver de una mujer desaparecida treinta años atrás en la misma zona.


Uno nunca se da cuenta de los momentos trascendentales mientras suceden.

Al más puro estilo Dicker, Javier teje una trama donde pasado y presente convergen; donde los personajes que existieron y los que existen se conectan ante nuestros ojos  cerrando círculos que quedaron abiertos.

Encontramos a Miranda y a Ryan en un presente en el que su matrimonio no pasa precisamente por su mejor momento.
De cara a la galería son una pareja de éxito, personal y profesionalmente, pero  a menudo las apariencias engañan.

Viven en una casa que sobrepasa, con mucho, sus posibilidades económicas, Ryan es un guionista de éxito al que le falla la inspiración desde que escribió el único guión con el que tuvo la posibilidad de sentirse “reconocido”, Miranda abandonó su sueño de ser guionista para escribir anuncios con los que mantener un ritmo de vida que están muy lejos de poder  seguir.

El tiempo y el ego, han ido desgastando una relación que se forjó en sus tiempos de estudiantes y que se basó en un sueño común que no han conseguido realizar.
Que se basó en unos objetivos que no han sido capaces de conseguir ni juntos ni por separado y que han hecho de ellos dos personas diametralmente distintos de las que eran a sus 18 años, cuando el futuro era una página en blanco, una página en la que escribir el guión de lo que esperaban sería su exitosa vida.

Las cicatrices nunca se fueron. Esas nunca se van. Las cicatrices siempre se quedan para recordarte como saliste adelante

Conocemos el ahora de los Huff, pero también vamos conociendo su pasado, sus inicios y los indicios de lo va acaba siendo este presente.

Hizo lo peor que se puede hacer con los asuntos dolorosos: hacer como si nunca hubiesen ocurrido. Aplastó aquel tema como si fuese un mosquito  que le estorbara en su vida, pero lo que él no sabía era que aquel mosquito volvía a mi por las noches y me despertaba con un zumbido en el oído que parecía el llanto de un bebe

Y en ese pasado conocemos a James Black, un famoso director de cine cuyo éxito se basa en una única película rodeada por un halo de misterio.
James, esconde, como todos los personajes un oscuro secreto, un secreto que se nos irá haciendo más y más profundo a cada página leída.

Lo maravilloso del cine no eran los efectos especiales, los coches caros o los vestidos con brillos, sino algo mucho más simple y puro: la realidad. Cuando quiso darse cuenta, aquel pensamiento lo llevó de un  lado a otro, y cuando visualizó de nuevo el rostro de Paula en su mente, James escribió sin pensar: “Lo único real es el amor”.

La desaparición de Miranda lo pone todo patas arriba. La investigación comienza a desvelar secretos y actitudes que a Ryan le hubiera encantado mantener en la sombra.
Que la policía no de crédito a sus coartadas y el miedo a que la prensa perjudique a la investigación hacen que se vaya convirtiendo en un personaje cada vez más alejado de la realidad, un personaje que no hace más que buscar explicaciones que solo son creíbles para él.

Nos encontramos ante un thriller psicológico cuyo centro es la desaparición de Miranda, pero también encontramos una crítica feroz al éxito mal entendido, a esa forma de vida en la que solo importa lo que mostramos, lo que los demás creen que somos, una crítica a la vida fastuosa de Hollywood y a los medios de comunicación, sobre todo a aquellos que viven de la vida ajena y sobretodo de sus  miserias.

Lo sacarían todo a la luz y todo se centraría en desenmascararme como marido en lugar de encontrar a Miranda. La prensa funciona así: busca indicios en tu basura, escarba en tu jardín, graba a través del cristal del salón para verte en calzoncillos mientras el cadáver de la víctima se pudre en el lecho de algún río. Cuando lo encuentran ya eres tan culpable que el gran jurado, por el mero hecho de comportarte como una persona normal en vez de ir llorando por todas partes, que el juicio suele ser un trámite burocrático más que un proceso justo.

Pero esta historia es también un homenaje, un canto al amor y al sacrificio que somos capaces de
hacer por él, aunque nos lleve a veces a traspasar la frontera que separa el bien del mal.
El amor por la familia de sangre y por la familia que elegimos, el amor que surge de la amistad abonada por años de vivencias compartidas, el amor carnal, simple y llanamente, ese que, a veces, hace posible que reviva un cuerpo que ha pasado años “dormido” y también el espejismo del amor, ese que lleva a la traición más dolorosa.

Claro que soy feliz. Solo que a veces la vida te sobrepasa. Te golpea como un huracán y hace que todo salte por los aires.
[…]
Cuando un hombre tiene una aventura, es para esconder su propia impotencia con alguien de usar y tirar, Saben que cuanto más tiempo pasen con una persona, más posibilidades hay de que descubra lo miserables que son. Por eso reniegan de sus esposas, No porque sus mujeres ya no les atraigan, sino porque no son capaces de soportar una simple verdad: que la vergüenza de no estar a la altura es lo que hace que no se les levante.

Una novela de personajes, en la que los paisajes solo sirven como excusa para poder desarrollar una trama ágil y compleja que solo conoceremos completa al finalizar la lectura.
Una novela escrita con un lenguaje sencillo y directo, sin barroquismos ni necesidad de florituras, la única forma en la que esta historia podría ser contada.

Si aun no conocéis todo lo que sucedió con Miranda Huff os aconsejo que os acerquéis a esta lectura y me contéis si la habéis disfrutado tanto como lo he hecho yo.

Con Ryan había aprendido a actuar para que se me notase feliz.
[…]
Los cambios importantes suelen ser parches temporales por los que se sale el agua si ya hay fugas.

miércoles, 8 de mayo de 2019

El eco de la piel


BARCELÓ, Elia (2019)
El eco de la piel
Roca Editorial, Barcelona,  542 pp
Edición no venal

Cuando a Sandra Valdés, joven historiadora en paro, le encargan que escriba la biografía de Ofelia Arráez —la gran empresaria y constructora, referente obligado en el mundo de la moda del calzado femenino—, ella acepta el reto sin imaginar los secretos que se ocultan en los noventa años de esa mujer contradictoria y poderosa, sin saber que lo que va a descubrir cambiará también su vida.

Como es habitual en las novelas realistas de Elia Barceló, la historia se articula en dos tiempos:

En el presente, Sandra, atraída por una oferta que le dará suficiente dinero como para replantearse su futuro y abandonar la precariedad de su trabajo en una cadena de ropa en Madrid, decide volver durante un tiempo al pueblo de su infancia a redactar la biografía que le ha encargado don Luis, hijo de la famosa Ofelia, para lo cual tendrá que investigar y entrevistar a personas que la conocieron.

Cada una de ellas muestra una verdad parcial sobre Ofelia; cada documento encontrado -fotos, cartas, cintas, noticias- va descubriendo a una mujer distinta, va creando un personaje contradictorio, a veces incomprensible, otras veces convencional, otras potencialmente oscuro y peligroso. El pasado está lleno de secretos, de malentendidos, de versiones que no casan entre sí.

Pero también sucede con el presente, porque los seres humanos somos fuente de misterio, ocultamos cosas, callamos, tergiversamos. En su propio pueblo, Sandra irá descubriendo que nada es lo que parece, que la vida está llena de sorpresas y no todas son agradables. Uno es tanto lo que es como lo que parece, lo que elige mostrar al exterior, y cada uno de nosotros va descartando pieles a lo largo de su vida, como las serpientes, y va dejando ecos de sí mismo en todos los que alguna vez lo conocieron.

Cuando una vida se acaba, lo que queda es el recuerdo en la mente de los que sobreviven al difunto, un recuerdo hecho de palabras; palabras ajenas, impuestas sobre la vida de quien se ha ido. No permanece lo que a uno le habría gustado que quedara de su paso  por la tierra, sino lo que los demás dicen de él o de ella, lo que han seleccionado de ochenta o noventa o cien años de vida. Y ni siquiera ha sido una selección pensada y ponderada, sino la inercia de las frases repetidas, de las anécdotas más intrascendentes, de lo banal.

Elia maneja los secretos como nadie, dosifica los datos de forma magistral a lo largo de las más de quinientas páginas que conforman “El eco de la piel”, para que podamos, junto a la protagonista, elucubrar, imaginar, hilvanar la historia que se esconde detrás de Ofelia, esa mujer de éxito, esa mujer que no encaja en los cánones de su tiempo, la empresaria de éxito, la mujer generosa y solidaria, la especuladora… cada una de las Ofelias que es en la memoria de cada uno de quienes la conocieron.

Y si en esta historia se controlan los secretos, la autora no controla menos los tiempos, una novela en la que conviven presente y pasado, una novela que se extiende desde principios del siglo veinte hasta el año 2030, una historia que conocemos desde distintas posiciones, como espectadores, con esa narración en tercera persona que nos da una visión objetiva de la historia, o como casi protagonistas, con esa parte que Sandra nos cuenta en primera persona y que nos permite meternos en su piel, pensar lo que piensa, sentir sus dudas, pensar sus pensamientos….

La autora nos presenta una novela llena de historias que se superponen, una historia en la que como en las cebollas, hemos de ir descubriendo capa a capa para llegar al centro, al lugar donde se esconde la esencia.

Pero si yo me quedo con alguna de esas Ofelias es con la que se siente responsable, con la que necesita expiar la culpa, la que necesita purgar un pecado que para mí no es tal, sino que representa el mayor sacrificio que se puede hacer por amor.

El eco de la piel es un libro de personajes, fuertes y débiles, conocidos y desconocidos, valientes y cobardes…. Seres humanos al fin y al cabo.

Como bien sabes, la historia es lo que uno cuenta, lo que uno quiere que sea.

Elia nos presenta a dos mujeres y a varios hombres en dos épocas distintas, en dos viajes vitales en tiempos y circunstancias diferentes.

Dos mujeres, acompañadas por otras mujeres y por varios hombres, que, como es propio de Elia se alejan de los clichés, de los arquetipos y nos muestran lo mejor y lo peor del ser humano, la propia realidad, eso sí, concentrada en grandes dosis que a veces cuesta digerir. Porque son personajes duros y maltratados, personajes que llevan a sus espaldas pesos infinitos con los que no tienen más remedio que cargar y seguir adelante, personajes a los que a veces me ha costado entender desde mi espacio y mi tiempo, una vida alejada de la guerra y la posguerra, alejada de la perdida de la madre y del pavoroso terror frente a un padre extremista crecido por sentirse vencedor de la contienda.

Una vida alejada de la de Ofelia, esa joven viuda, obligada a sacar adelante sola y por sus propios medios un hijo y una empresa en un mundo plagado de machos alfa.

Si hubiera vivido todo eso, tal vez habría podido sentir el eco de la piel de Ofelia, porque todo, absolutamente todo en esta vida, lo que somos, e incluso, lo que dejamos de ser, es consecuencia de nuestra experiencia vital, de las circunstancias que se nos imponen y de las personas que encontramos o desaparecen de nuestro camino.

Pero mi vida y mi tiempo, están más acordes con los de Sandra y esos convencionalismos en los que se siente como pez en el agua aunque le guste disfrazarse de “moderna” y engañarse a sí misma pensando que es más abierta de mente, más feminista, mas independiente no solo económicamente, sino y sobretodo, emocionalmente.

Sandra que salió hace años de la adolescencia, pero a la que vuelve una y mil veces en la difícil y obligada convivencia, aunque sea temporal con sus padres, unos padres que la apoyan aunque no se deje, que la acogen, que intentan entenderla y que son dos personajes redondos que forman una pareja sólida, un matrimonio “como los de antes” o no.

-No hace falta guardar secretos horribles. Mírame a mí-empezó a explicar Ana-, tú me conoces desde el punto de vista de hija. Sabes que, por lógica, yo también he sido una chica joven, pero no te lo puedes creer realmente. Para ti siempre he sido mayor, alguien que tiene o ha tenido autoridad sobre ti, alguien contra quien hay que rebelarse para poder se tú misma. Estoy segura de que tu padre no me ve así. Y tu abuela, mi madre, tampoco me vio así nunca. Sin embrago yo soy eso y más cosas. También soy lo que mis compañeros de trabajo contarían sobre mí, y los vecinos, y los que venden en el mercado, a los que llevo toda la vida comprándoles las patatas y las fiambres. Hay cosas que ellos creen saber sobre mí, porque se las he contado, pero solo cuento lo que quiero que sepan claro. No voy a ir por ahí enseñando lo más íntimo de mis sentimientos y pensamientos. Es lo que hacemos todos en general. Los hay más y menos abiertos, pero hay cosas que no enseñas hacia fuera, y cosas que nadie sabe de ti.

Junto a estas mujeres Gloria, otra víctima colateral de la guerra, o del final de la misma, una mujer que cayó, sin comerlo ni beberlo, en el bando de los vencidos y a la que esta situación le fue cerrando todas las puertas con un pequeño al que alimentar. La amiga, la hermana, el pilar que sostiene y en el que se sostiene Ofelia, su primer acto de generosidad, de solidaridad… Su contrapunto, la madre abnegada, el ama de casa concienzuda, la cocinera… esta sí, una mujer de su tiempo, a la que, tampoco me ha sido fácil comprender.

Diego, éste sí, un joven de su tiempo,  independiente, despreocupado, un fisioterapeuta al que su profesión y su forma de ejercerla le da la oportunidad de disfrutar de algo más de su trabajo, de las prerrogativas que su labor concreta con Don Luis le confiere  para ir más allá de su trabajo y al que su ambición y su don de gentes convierten en una compañía poco recomendable.

El siempre había tenido una facilidad inaudita para descubrir informaciones de los demás

Don Luis, el único hijo de Ofelia, único heredero del consorcio de empresas, solterón impenitente, empeñado en homenajear a su madre, en agrandar el mito, para lo que necesita la ayuda de Sandra, sus manos, porque las ideas las tiene muy claras, sabe lo que quiere que se sepa, porque la imagen que tiene de su madre es la máxima de la idealización y no consiente que le roce, ni por “despiste”, ni por el afán investigador de Sandra, ni siquiera una sombra de duda.

Alberto es ese sobrino que lo es más familia elegida que a menudo une mucho más  que la familia sanguínea, el hombre de confianza que no ha conocido otra vida mas allá de la de los Arraez y lo cierto es que no le ha ido nada mal y se niega a que eso cambie.

Alberto era una de esas personas que dejan una ausencia perceptible, como si las luces hubiesen bajado de intensidad.

Carmela es la fiel ama de llaves, la guardiana de los secretos, de los que conoce y de los que intuye, la sombra a la que nadie presta atención, pero que siempre está cerca.

Y Doña muerte, un personaje que me ha cautivado, una mujer cuyo mayor poder es el de observar, el de empatizar, el de saber escuchar y dar, en cada momento y a cada uno el consejo adecuado, amén de echar las cartas aprovechando ese don de la clarividencia.

Parece que los seres humanos no conseguimos limitarnos a vivir el presente; siempre queremos echar una miradita al futuro, y es más que difícil explicarle a la gente que lo que dicen las cartas puede ayudar, pero no es definitivo porque el futuro depende del pasado y de nuestras decisiones. Además de que lo que las cartas aconsejan… a veces es raro porque ellas no tienen los mismos baremos que nosotros.

El “tío Félix”, el amigo de los padres de Sandra y la razón por la que esta vuelve a Monastil a escribir una “novelita” que ella ve como un mero trámite para conseguir un buen dinero que le permita dejar de doblar camisetas y poder rozar, aunque sea de soslayo, la ilusión de vivir de sus estudios de historiadora y de los sueños de ser escritora que de momento se reducen a cuentos que no deja leer a nadie.

Yo no sabía aún si la amaba, pero la admiraba, y la admiración suele llevar al amor.
[…]
A mis ojos, todo aquello quedaba demasiado plano. Deslumbrante, por supuesto, justo lo que quería su hijo, pero cuando no hay sombras la luz no se permite apreciar los volúmenes y todo queda plano, como pintado, como un escenario de teatro, falso, bidimensional.

Y por último Anselmo, ese personaje que desaparece demasiado pronto en la novela, pero cuyo recuerdo sobrevuela y determina, en muchos de los casos el devenir de los acontecimientos.

La autora nos presenta una novela compleja, en la que todos estos personajes y algunos más, están llenos de aristas, de secretos inconfesables, de luces y sombras… este elenco tan dispar que va encajando y desencajando hasta acomodarse, hasta conformar un paisaje que nos desvela lo que hay más allá de lo que resulta evidente.

Es esta una historia de personajes, pero es también una crítica a la intransigencia, a las guerras, a nuestra guerra, a los que sufrieron  nuestros mayores, los que la vivieron y los que sufrieron sus consecuencias por hallarse en el bando equivocado.

Seguía habiendo miedo. Monastil, como todos los demás pueblos, estaba lleno de falangistas de última hora, de los que habían salido huyendo al principio de la guerra hacia la zona de los sublevados y habían regresado ensoberbecidos y feroces a cumplir sus mezquinas venganzas, a gozar de su fuerza actual, de estar en el lado ganador y poder golpear,  humillar e incluso hacer desaparecer a los que durante la guerra habían sido sus enemigos.

Y con el misterio de lo que fue Ofelia como telón de fondo, Elia reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre lo que dejamos detrás de nosotros o no, cuando abandonamos este mundo. Y reflexiona sobre el poder de las palabras y sobre el amor, sobre los sentimientos, sobre los convencionalismos…  y lo hace a través de los escritos de Selma Plath, un personaje del que no voy a hablar aquí, porque os encantará descubrirlo cuando os acerquéis a esta novela.

Habla de secretos y pecados y, sobretodo del peso de la culpa y de cómo cada uno se enfrenta a ella y consigue, o no, seguir viviendo.

Los secretos y los pecados, sobretodo los pecados, cuando se guardan durante tanto tiempo van pudriendo el alma y necesitan salir a la luz

Es una novela que no os podéis perder, una novela con tantos recovecos que seguiréis descubriendo aspectos vitales mucho tiempo después de haber volteado la última página.

Estamos hechos de palabras, propias y ajenas. De amor y tiempo y palabras. El amor nos da vida, el tiempo nos mata, las palabras nos hacen ser lo que somos y permanecer en el recuerdo de los demás. O morir para siempre.