martes, 19 de febrero de 2019

Todo el bien y todo el mal


SANTOS, Care (2018)
Todo el bien y todo el mal
Ediciones Destino, Barcelona, 400 pp
ISBN: 978-84-233-5443-6


Reina tiene un marido, un ex marido, un amante, un hijo adolescente, un buen sueldo y un trabajo que le apasiona y al que se dedica en cuerpo y alma. A Reina le gusta su vida. Aparentemente lo tiene todo, o por lo menos eso piensa ella. Hasta que, durante uno de sus viajes de trabajo, de repente sucede algo en su casa que cambiará las cosas, y que le demostrará de la peor manera hasta qué punto es vulnerable.
Así es como empieza para Reina un largo camino de regreso a casa, en el que lo peor que tendrá que afrontar no es la extenuante espera en un aeropuerto cerrado por una ola de frío siberiano, sino el vértigo que le provoca revisar su vida en busca de la verdad y tener que enfrentarse a ciertas preguntas incómodas: ¿Cuáles son las personas de verdad imprescindibles en nuestra vida? ¿Qué consecuencias tienen las malas decisiones? ¿Qué seríamos capaces de hacer en las circunstancias más terribles? ¿Conocemos realmente a nuestros hijos? ¿Nos conocemos lo suficiente a nosotros mismos?

A veces con querer mucho a nuestros hijos y con tomar decisiones no es suficiente. También es necesario querer adecuadamente y toar las decisiones correctas en los momentos adecuados, Reina, ¿me entiendes?

No esperéis que sea objetiva en esta reseña, Care es una de esas autoras a las que leo predispuesta a disfrutar de la historia que escriba en cada momento y que estoy segura que voy a disfrutar.

Llevo años haciéndolo y hasta ahora no me ha defraudado en ningún momento. Care escribe sobre lo que quiere y como quiere y en esta novela hace un cambio de registro espectacular, según sus palabras un falso thriller,  construyendo una  historia  tremenda e intensa y dura… una historia que lo que no podrá ser nunca es una historia preciosa, porque es un  reflejo de la vida y ésta, raramente lo es.

Hace años leía historias en cuyas protagonistas proyectaba, deseaba imaginar mi vida y mi futuro; hoy leo historias en las que la protagonista podría ser yo misma. Tal vez porque hay una generación de autores, que más que por ser de mi quinta y crear personajes de mi quinta, hacen que sus personajes, corrientes a prioiri, generen una empatía inmediata y absoluta y Care es uno de estos autores.

Nos encontramos ante una novela actual, tanto por el momento temporal en que se desarrolla, cuanto por los personajes que la pueblan, que son, también hijos de este tiempo, tecnológico y tecnologificado, en el que nos hemos vuelto esclavos de unos aparatos que nacieron, con el objetivo de facilitarnos la vida y que a veces se convierten en verdaderos enemigos.

Hoy día las pantallas son las ventanas por las cuales observamos el mundo. O al menos, la parte del mundo que otros quieren que veamos.

La profesión de la protagonista nos centra continuamente en el lenguaje no verbal, ese que se ve denostado en  las nuevas formas de comunicación, el whasap, el Twiter… que nos obliga a centranos en lo que se dice y que pretende sustituir la emoción que transmiten la voz y el gesto por unos simples emoticonos que en pocas ocasiones transmiten lo que deseamos transmitir.

Reina lee personas como otros leen libros. Pueden mentir con las palabras, pero no con los gestos o las expresiones- le gusta remarcar también-; ante la duda acerca de cuál de los dos es cierto, siempre prevalece el lenguaje no verbal. Es mejor grabarlo todo y que quede constancia.

Y esta mujer, acostumbrada a leer los sentimientos de los demás y a esconder los suyos a cualquier precio se encuentra en una situación y ante una situación en la que estos se desbordan, en la que dejan de estar bajo su control.

Casi saltan las alarmas de su autocontrol. No, no, llorar no. Ella no llora jamás en público. Nunca. En este sentido es como una vieja dama del siglo XIX. Las emociones, de puertas adentro. Reír, tanto como sea necesario. Llorar, ah no, llorar de ningún modo.


En esta novela la autora nos hace plantarnos de forma continua ante dilemas morales que no enfrentamos de modo habitual, la infidelidad y la deslealtad, la ambición profesional, la perdida de los recuerdos en la bruma de la demencia, la búsqueda de las raíces aunque no nos sintamos orgullosos de nuestros antepasados….

La autora hace una apuesta valiente, asignando a sus protagonistas femeninas muchos de los  roles socialmente asignados a los hombres, construyendo personajes que se escapan de los cánones de lo “políticamente correcto” o lo “bien visto” en el género femenino.

Es una historia de padres y madres,  y de hijos, es una historia que trata de lo que creemos saber de quienes nos rodean y de todos esos secretos que cada uno de nosotros guardamos con celo y es una historia que reflexiona sobre nuestras decisiones y sobre lo que hubiera ocurrido si hubieran sido otras.

Las encrucijadas de la vida. Una toma de decisiones permanente. Un giro de pocos centímetros puede conducirte con el tiempo a una distancia de miles de Kilómetros del lugar donde deseabas estar. Y cuando ya estás muy lejos y es muy tarde, te preguntas si fue un error y como habría sido tu vida de haber seguido otro camino

Es una novela que habla de la mentira, de cómo afecta a esas decisiones, como acaba convirtiéndose, más a menudo de lo que pensamos, en parte indispensable de esas mismas decisiones.


El veinte por ciento de cuanto decimos es falso, una persona que habla mucho puede llegar a decir doscientas mentiras al día, y lo hacemos porque nadie soporta toda la verdad, ni quien la dice ni quien la escucha.

Y es, en definitiva,  una novela de personajes y sobretodo de emociones: Reina, Esther, Alba,  Félix, Samuel… son personajes que te obligan a pararte y pensar: ¿Qué habría hecho yo de haber estado en su piel?. Son personajes que se quedan en tu cabeza mucho tiempo después de acabar la historia, son personajes a los que aún les queda mucho que contar y, por suerte, antes o después tendremos oportunidad de reencontrarlos en el final de esta bilogía que suena a bolero y tango.

La vida siempre vuelve a empezar.

lunes, 11 de febrero de 2019

Reikiavik


SEBASTIÁ TIRADO, Pablo (2018)
Reikiavik
Reino de Cordelia, Madrid, 296 pp
ISBN  978-84-16968-59-6


Los bajos fondos de Barcelona, un asesino a sueldo, una joven y un bebé… Y además un rottweiler gigantesco de color azabache. Pablo Sebastiá Tirado nos sumerge en los bajos fondos barceloneses, pero también nos lleva de viaje hasta Islandia o Sicilia. O incluso el futuro…



Eres como esta ciudad, maldito bicho. Seguro y tranquilo en apariencia, pero capaz de desatar en un instante el peor de los infiernos. Te llamare Reikiavik. Te va como anillo al dedo. Reikiavik, el perro maldito- bromeo.

Reikiavik no es una novela  negra sin más.

Ya sé que últimamente esta frase se ha convertido casi en un  mantra, pero #SoyYincanera me está dando la oportunidad de acercarme a nuevos autores y de conocer magnificas novelas que de no ser por esta iniciativa, seguro me habrían pasado totalmente desapercibidas.

En Reikiavik nos encontramos con dos historias que van discurriendo en paralelo aparentemente porque su fin, la de ambas, en converger para dar respuesta a algunas de las dudas que plantea la trama.

El autor ha conseguido conjugar la novela negra con la novela de ciencia ficción, una ficción que tal vez no lo sea tanto, o deje de ser ficción en no demasiado tiempo… pero eso da para otra reseña.

Y es que la parte científica es tan científica, esta tan bien descrita, que incluso para una persona que no gusta de tal género, como es mi caso, resulta extremadamente atractiva.

En esta novela no son relevantes los paisajes, aparecen como desdibujados, como el paisaje que vemos pasar  por la ventanilla de un  coche a gran velocidad. Los bajos fondos que tan lejanos nos parecen, las instalaciones futuristas y asépticas de IGT, ese gigante tecnológico financiado por no se sabe muy bien quien, para llevar a cabo investigaciones que tampoco sabe nadie muy bien donde llevarán, porque tampoco importa, porque las repercusiones éticas, la moralidad de esas investigaciones solo le importan al lector y, por supuesto al sujeto cero.

A fin de cuentas, sus temores no tenían nada que ver con la ciencia, sino con algo más primitivo: el instinto de supervivencia.

Importa la historia, o las historias, las que se nos cuentan y las que imaginamos. E  importan los personajes, que no son muchos, pero son los justos, personajes potentes, cada uno en su justa medida, todos ellos capitaneados por Hannu, un enorme albino, frio, insensible, con una única misión  en la vida: limpiar las calles del mayor numero de indeseables posibles.

Sin motivos aparentes, sin intereses personales, solo por un empuje interior que ayuda a exteriorizar un terrible rotwailer que se convierte en la conciencia y el alma de nuestro protagonista, obligándole, mas a menudo de lo que a nuestro protagonista le gustaría a tomar decisiones diferentes a las que hubiera tomado de no contar con su presencia.

Y Bianca, el contrapunto a Hannu y Reikiavik, una mujer a la que las duras experiencias del pasado han convertido en una superviviente, una mujer valiente, desconfiada, a la que solo la mueve el amor por su hijo, un hijo que no buscó, que le fue impuesto de la peor de las maneras posibles, pero que se ha convertido en el único motivo de su lucha.

El único hombre que la había ayudado de verdad, el único que la quería era el único que no la había tocado. […]  y ella se dio cuenta de que en el infierno también había ángeles.
Y junto a ellos policías corruptos y familias mafiosas que se desenvuelven como pez en el agua por las cloacas de una ciudad de la que mueven los hilos del crimen, hasta que en su camino se cruzan un hombre y un perro.

Tanto los Mossos d’Escuadra como la guardia urbana les dejaban actuar a cambio de que mantuvieran bien lejos a la mafia rusa. Los gerifaltes de la ciudad pensaban que,  si una banda de delincuencia organizada tenía que controlar los bajos fondos, lo mejor era dejar el asunto en manos de los napolitanos. Con ellos se podía hablar y aunque la fiscalía General del Estado nunca vio este arreglo con buenos ojos, termino aceptándolo por el bien común.

Y una serie de científicos amorales cegados por los resultados científicos que les puedan reportar riqueza y fama.

Pablo ha conseguido  con los protagonistas principales algo sumamente complicado, que sean unos personajes que solo tienen el momento y que solo cuentan  el uno con el otro, y es que la vida hace, a veces, extraños compañeros de viaje.
creíbles y sólidos siendo unos absolutos desconocidos para el lector; unos personajes de los que solo conocemos el presente, de los que se nos vetan pasado y futuro,

En apenas un par de horas había establecido con él un vínculo emocional tan grande como jamás volvería a hacer con oro ser vivo, aunque entonces no lo sabía

Es una novela aparentemente breve, pero que encierra en sus menos de 300 páginas, una historia potente, compleja y completa, una historia que merece la pena conocer, una historia que encierra entre sus líneas varias moralejas, una novela con la que he disfrutado de principio a fin.

Quien demuestra ser leal, se gana el cielo. El que traiciona va directo al infierno.

lunes, 4 de febrero de 2019

No es tiempo de peros


JIMENEZ, David “El Tito” (2018)
NO ES TIEMPO DE PEROS
Ediciones  Versátil, Barcelona, 416 pp.
ISBN: 978-84-17451-31-8

Ella ya no es esa policía tímida que no se atrevía a mirarlo a la cara.
Él ya ni siquiera es policía.

Ambos han pagado un peaje demasiado alto por trabajar al margen de la ley. Ahora lo único que los une es una causa común: encontrar al Cazador.

Pero compartir un objetivo no los convierte en compañeros, solo en socios; unos socios que tendrán que lidiar con una relación amor-odio basada en engaños.
Para Zoe, Marcial es el mejor medio para descubrir al verdadero culpable de la muerte de su novio. Para Marcial, Zoe es la única compañía humana que no le resulta insoportable.

La búsqueda del Cazador los une en un nuevo caso, pero esta vez nada será igual. Marcial ya no tiene una placa que le impida desafiar las normas, y Zoe simplemente ha dejado de cumplirlas. Ambos iniciarán un descenso a los suburbios de Cartagena en la investigación de una trama de blanqueo de capitales que salpicará de sangre los cimientos de la ciudad.


Una vez más, y ha perdido la cuenta de cuantas, la especie humana ha vuelto a defraudarlo arrojando el concepto de lealtad por la borda, sumergiéndolo en un océano de egoísmo y desatando un tsunami de odio irracional.

Comienza la novela y nos encontramos con un Marcial sobrepasado por los acontecimientos que conocimos en la novela anterior.

Marcial ha pedido una excedencia de la policía, del cuerpo y de sus compañeros, excedencia que, para su desgracia, no puede pedir de sí mismo y  de su espíritu indagador.

Pedir la excedencia había sido el mayor acto de empatía que Marcial recordaba haber hecho jamás por nadie. Una persona como él, solitaria por pura convicción, abandonando por la puerta de atrás para frenar la caída libre en la que se había convertido la relación con su compañera.

David hace, al principio del libro un resumen de lo acontecido en Inspector Solo, lo que ayuda a contextualizar la situación, no obstante, os aconsejo que leáis la anterior entrega. No solo porque os servirá para poder poneros en los zapatos del inspector, sino porque es una gran novela, una historia de las que no deja indiferente.

Si queréis saber mi opinión sobre ella, podéis leerla aquí.

En esta novela Zoe y Marcial evolucionan en direcciones opuestas, Zoe es cada vez más Marcial y Marcial es cada vez menos Marcial, se va convirtiendo, casi a su pesar, en una versión mucho más suave de él mismo, una versión en la que es, a menudo, capaz de controlar a ese monstruo interior que es parte de él.
Y aunque esta evolución inversa les ha acercado, no ha sido lo suficiente como para convertirlos en un par de iguales y ahí creo, radica la fuerza de esta pareja.

Aunque han reajustado los engranajes y vuelven a funcionar como un equipo, Zoe no se engaña: nada volverá a ser igual. Ahora que ha aprendido a caminar sola no está dispuesta a que la lleven de la mano y Marcial nunca ha sabido dejarse acompañar.

Estamos ante una trama que les lleva una y otra vez al pasado, una trama en la que tras cada puerta abierta hacemos una visita a Inspector Solo y a Muertes de Sobremesa, una trama en la que  tras cada solución surge una incógnita más, pero  aun “No es tiempo de peros”, sino tiempo de hallar respuestas, de cerrar círculos, de colocar en su lugar cada pieza del puzle para ser capaces de entender el paisaje que se nos escapa y para asumir que esas respuestas nos obligan a aceptar que Marcial y Zoe, han vivido una mentira, a vivir con ellos la cruda realidad de que nunca se llega a conocer tan bien como pensamos a los que sentimos más cerca, asumir que nadie es lo que aparenta ser. Que la decepción viene siempre, de aquellos en quienes hemos confiado hasta el límite de nuestras fuerzas.

Le cuesta reconocerse en el espejo. No es la barba de tres días que puebla su rostro, tampoco el halo de violáceo que circunda sus ojos. Lo ajeno esta mucho más adentro.
En su interior.
A Marcial le cuesta reconocer al hombre que asume que su único amigo lo ha engañado toda la vida, se rinde a la evidencia de que la primera mujer que ha atravesado su pétrea coraza solo quería utilizarlo, al que permite que la abulia sea dueña de sus decisiones.

Y si me ha sorprendido la forma en que el autor culmina de forma coherente y creíble una trama enrevesada que para rizar el rizo bebe, se alimenta y se cierra con tramas pasadas; me ha sorprendido aun mas su  capacidad para incorporar a una trama descarnada párrafos tan íntimos y sensibles como ese hondo sentimiento vivido a través de un sueño que es, sin duda, uno de los homenajes más bonitos y sutiles que he leído en mi vida. Unos párrafos en los que se desborda la ternura de un Marcial, al que solo en este trance se nos permitirá ver de esta manera.

El autor hace además en esta novela guiños que interpreto como homenaje, como señales de cariño y respeto a tres colegas que considero referentes del género negro y policiaco.
A Pere Cervantes, haciendo presente en su trama “Tres minutos de color” y a Lorenzo Silva y a  Alexis Ravelo a través de sus personajes,  Bevilacqua y Eladio Monroy.

La experiencia le dice que investigar en un lugar en el que no vives a diario y desembrozar un asunto como la muerte del Inspector Miralles esta solo al alcance de unos pocos privilegiados. A decir verdad, a Marcial solo le vienen a la cabeza dos nombres: Bevilacqua y Eladio Monroy, y ambos forman parte de la ficción.

Y así como en inspector solo, sigue sobrevolando en esta novela, la critica a la hipocresía social y a esa corrupción presente en todos los estratos sociales, una corrupción que sigue presente, porque muchos de nosotros nos cansamos de ser David frente a Goliath.

Murió porque hay gente que no entiende el significado de “no”, porque hay quien vive creyendo que unos euros te dan derecho a disponer de la vida de otra persona, porque vivimos rodeados de políticos hipócritas que cierran los acuerdos con volquetes de putas.
[…]
Lo pone de muy mala hostia recordar como huelen las cloacas del estado, pero no es nuevo en esto y sabe que malgastar la energía en tamaña tarea es el esfuerzo más inútil en que puede embarcarse.


El autor ha conseguido de nuevo, que disfrutara con esta novela aún más, si cabe, de la trama oscura y enrevesada que quedó abierta en la novela anterior, me ha vuelto a llevar de la mano por las calles de Cartagena y ha conseguido que haya hecho un poco más míos a sus personajes, a los buenos y a los malos, a los secundarios y sobre todo a esos dos protagonistas que polarizan la historia, a Zoe y por encima de todos ellos a Marcial. Y es que, como ya dije en Inspector solo, Marcial es uno de esos personajes inolvidables, uno de esos personajes que se agarran a tu mente y tus entrañas y con el que siempre estas deseando reencontrarte.


Te voy a decir algo, Marcial, algo que ni en tus peores pesadillas habrás imaginado.
Santi no era esa persona que creías conocer.
En realidad ¿Quién cojones lo es?. Todos tenemos una doble cara.
Bueno no. Tu no.Tú siempre tienes la misma, para ti no hay plan B. 
Caiga quien caiga.

               


jueves, 31 de enero de 2019

RETO LECTOR 2019.- ENERO,. Un libro de menos de 100 páginas


Este es el primero de los retos del 2019 que lanzó la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba y que conocí en Facebook a través de la escritora y amiga María José Moreno.

El reto de Enero consistía en leer un libro de menos de 100 páginas y os aseguro que me ha costado encontrarlo.

Buscando y buscando, recordé de un libro que hace unos años me regalo un amigo, con una preciosa dedicatoria que me vinculaba con el título, un libro al que no había conseguido encontrarle el momento y que ha conseguido encontrarme a mí a través de esta iniciativa:  Sueño de Huruki Murakami.


MURAKAMI, Haruki
Ilus.: Kat Menschik (2013)
Sueño
Libros del zorro rojo, Barcelona,  84 pp
ISBN: 978-84-941619-4-0

“Me pregunte cuantos días llevaba sin dormir.
El primer día en que no había podido conciliar el dueño había sido un martes, dos semanas atrás. Es decir que hacía diecisiete días y diecisiete noches.
Un tiempo muy largo.
Ya casi no recordaba en qué consistía dormir”

Este es el párrafo que aparece en la contraportada del libro.

Si buscáis en cualquier página de internet de compra de libros, incluida la de la propia editorial, encontrareis que la sinopsis es bastante más extensa, pero debido a la longitud de este relato no he considerado oportuno reflejarla en este comentario.

Este es el segundo “cuento” que leo del autor, en breve compartiré la opinión que me produjo la primera vez que me acerqué a su literatura. Ya decidí entonces que debo acercarme a sus novelas y este relato ha hecho que me reafirmé en ello.

En esta obra, el autor, convierte una vida ordinaria, rutinaria y predecible;  la de un ama de casa de clase media en una ciudad portuaria  de Japón, en una vida a la que la protagonista dota de tiempo extra en detrimento del descanso necesario que el sueño no le proporciona.
Y no porque ella no quiera, no por un insomnio pasajero cuyos efectos ya conoce.

“Me adormilaba un poco. Pero en la habitación contigua, al oro lado de una fina pared, mi conciencia permanecía viva, alerta, vigilándome. Mientras mi cuerpo vagaba titubeante por la penumbra, no dejaba de sentir, allí, justo al lado, el aliento y la mirada de mi propia mente. Yo era el cuerpo que va a sucumbir a la modorra y, al mismo tiempo, la conciencia dispuesta a permanecer despierta.

No es esta la situación que afecta al relato, sino el hecho de la falta de sueño, así sin más y de la falta de efectos sobre una protagonista de la que no llegamos a conocer el nombre.


Sin embargo, cuando ahora digo que no puedo dormir me refiero a algo completamente distinto. Distinto de principio a fin. Simplemente no puedo dormir. Ni siquiera me entra sopor. Pero aparte del hecho de que soy incapaz de conciliar el sueño, mi estado físico es excelente. No estoy adormilada, mi mente se mantiene muy clara. Incluso diría que mas despejada que de costumbre. Tampoco mi cuerpo muestra anomalía alguna. Tengo apetito. No siento cansancio. Hablando desde un punto de vista práctico, no tengo ningún problema. Simplemente no puedo dormir.

Esta situación la lleva a recuperar hábitos perdidos para aprovechar esas horas “extra”,  principalmente la lectura, sobretodo de los clásicos Rusos, lo que permite al autor hacer su particular homenaje a una de sus obras cumbres “Anna Karenina” que la protagonista lee y relee como si le fuera la vida en ello.

“Todas las familias felices se parecen, pero cada familia infeliz lo es de un modo distinto”

Y a este sano hábito, esos sí, llevado al extremo, le acompañan otros abandonados en la juventud, y también la adquisición de algunos nuevos que rozan los límites de la cordura. Porque la protagonista va ganando cosas en este tiempo regalado, pero también va perdiendo muchas otras y va perdiendo, o eso me parece, parte de su propia humanidad.

Desde que no podía dormir, me asombraba lo simple que era la realidad. Desenvolverse en la vida era muy sencillo. […] Era igual que manejar una maquina muy sencilla: una vez que aprendías el  modo de empleo, se trataba solo de ir repitiéndolo.

Murakami nos hace transitar por territorios  más o menos conocidos: el  insomnio, los sueños, las pesadillas, las parálisis del sueño… Pero también nos lleva de la mano por terrenos inexplorados, porque no se vosotros, pero yo no conozco a nadie que sea capaz de aguantar 17 días, ni 7 siquiera,  despierto y en plenas facultades. Y lo hace de una forma tan detallada, tan coherente que llegamos a pensar que no dormir es lo más normal del mundo.
Y de repente, cuando estamos instalados en esa normalidad, da una vuelta de tuerca y  nos  coloca en la tesitura de no saber, cual es la parte  normal en esta historia, si es que, en realidad, hay alguna.

Y lo hace a través de imágenes cotidianas, y a través de una prosa clara, sin circunloquios, una escritura perfectamente cuidada y justamente adjetivada.

Y más allá de las bondades técnicas, la historia en general y su final, en particular me han llevado a un desazón que aún permanecen y me ha instalado en la duda continua de si habré sido capaz de entender, en realidad, el alcance de este relato, si habré sido capaz de desvelar, en fin, lo que hay tras este Sueño. Y eso es lo que le pido a una historia, que para bien o para mal, me remueva, me haga sentir y reflexionar y no os quepa duda que en las escasas 84 páginas, que se quedan en apenas 60,  si obviamos las ilustraciones, el autor lo ha conseguido.

Así que dejó de asustarme el hecho de no poder dormir. No había razón alguna para tener miedo. “¿Y porque no me lo tomo de un modo más positivo?, pensé. “Porque estoy ampliando mi vida”. “Las horas que iban de las diez a las seis de la mañana eran solo mías. Hasta entonces, el sueño- aquello que llamaban:” acto de subsanación para el enfriamiento”- me había ocupado la tercera parte del día. Pero ahora ese tiempo era mío. De nadie más. Solo mío. Y  yo podía utilizarlo a mi antojo. Sin que nadie me molestase, sin que nadie me pidiese nada. Si. Mi vida se había ampliado. Yo estaba ampliando mi vida en una tercera parte.


lunes, 21 de enero de 2019

Las largas sombras


BARCELÓ, Elia (2018)
Las largas sombras
Roca Editorial, Barcelona, 384 pp
ISBN: 9788417092719

¿Puede algo sucedido hace más de treinta años cambiar radicalmente la vida de un grupo de amigas? ¿En qué han quedado los sueños y esperanzas de unas chicas que en 1974 tenían diecisiete años?

«Al final de su vida, se ha dado cuenta de que los secretos destruyen; de que hay que iluminar los rincones para que no haya sombras; que en las sombras se ocultan los monstruos.»

Rita, regresa a su pueblo en Alicante después de muchos años de ausencia. Se dirige a casa de Lena, una de las amigas de entonces, pero la posibilidad de un feliz encuentro se ve truncada por una imagen horrible e inesperada: Rita encuentra a Lena muerta en el baño de su casa. Lo que empieza pareciendo un suicidio, se convierte después de algunas investigaciones, en un posible asesinato. Rita decide entonces reunir a las amigas de entonces para hablar de lo ocurrido. A partir de aquí, se iniciará el reencuentro de este grupo de amigas que hace 33 años que no se ven, después de que un terrible suceso las separara y marcara su vida para siempre. Porque el pasado siempre vuelve, siempre está oculto detrás de nosotros, pero a veces se nos muestra como un pliego más del presente.

Con una habilísima y muy personal mezcla de géneros, Las largas sombras va mucho más allá de la novela policiaca, del retrato de la España inmediatamente anterior a la Transición en una ciudad de provincias, de la narración de la nostalgia de sus protagonistas por una época en la que todo estaba por descubrir o de la crónica del desencanto que se ha ido instalando en sus vidas en la confrontación de los sueños con la realidad: Esta novela es una crónica astuta, desengañada y salvaje, narrada con inmediatez y frescura, y no exenta de humor, de una lucha por todo lo que vale la pena: el amor, la libertad, el respeto propio, la amistad, la esperanza.


«Old sins cast long shadows»
(Los viejos pecados proyectan largas sombras)
PROVERBIO INGLÉS

Siete mujeres unidas durante treinta años por un secreto y separadas durante treinta años por ese mismo secreto, un secreto que ha determinado su vida en el pasado, que ha determinado su forma de actuar y de vivir y que irrumpe para volver a determinarlas en el presente y en el futuro que las espera.

Yo me acuerdo. Pero me acuerdo a mi manera, porque los años van velando la memoria y añadiendo historias marginales, pequeños detalles que justifican los hechos, por muy injustificables que fueran entonces.

Siete mujeres en una búsqueda constante de sí mismas, no sólo en esa etapa caótica de la adolescencia sino en la época convulsa social y política en la que les toca vivir, una época de transición, en el caso que nos ocupa, en el más amplio sentido de la palabra.

Un despertar a ellas mismas y a los demás en una historia en la que ellas son las protagonistas absolutas siendo los hombres, un mero complemento para darle más fuerza a la propia historia.

Todo el mundo pensaba que Jaime era un poco simple, superficial, una especie de calzonazos simpático que se dejaba mandonear por su mujer. Lo que nadie sabía era que para Teresa su marido era el complemento perfecto: un hombre tranquilo, con una enorme serenidad en momentos de crisis, una torre de fuerza cuando hacía falta, una pared sólida en la que apoyarse aunque, hacia el exterior, la que parecía más resistente fuera ella y todos pensaran que Teresa era una roca.
Con Jaime podía quitarse la coraza y sacar sin miedo su parte más débil e insegura, sabiendo que él jamás se aprovecharía de su fragilidad.

Es esta una novela que habla del presente y de cómo éste está determinado, queramos o no, por los hechos del pasado. Una novela que habla de raíces, de nostalgias y  de sentimientos escondidos a los que es difícil enfrentarse.

Una novela que habla del sacrificio que estamos dispuestos a hacer por aquellos a quienes queremos, aunque aquéllos lo rechacen, aunque ese sacrificio no sea necesario porque  nuestra perspectiva es errónea, nuestras deducciones son totalmente falsas.

Es una historia de amistad, pero también de inquinas largamente arrastradas. Una historia de confianzas y sospechas que se superan en pos del cariño forjado por y a pesar de experiencias gratas, pero también de aquellas que se convierten en traumas que cada uno, a nuestra manera, intentamos enterrar para poder seguir adelante.

—El pasado siempre influye en el presente, Jaime. No se puede ir en contra. Somos lo que somos ahora a consecuencia de lo que fuimos, de lo que hicimos, de lo que nos sucedió. —Rita se había puesto muy seria, a pesar de que Jaime solo había intentado hacerla sentir mejor, pero estaba claro que era un tema que a ella le importaba mucho. No había más que ver sus películas.
—En inglés hay un proverbio —intervino Ingrid— que dice que «Los viejos pecados proyectan largas sombras».

Una historia que confirma la máxima de que los recuerdos no son una realidad exacta, sino que son lo que cada uno recordamos e interpretamos, son la vivencia de cada uno de nosotros, que ante el mismo acontecimiento componemos imágenes a menudo diametralmente opuestas.

Pero como le pasaba con casi todo lo que tuviera relación con aquella época, todo se le desdibujaba, como sucede en sueños cuando tratas de apresar un objeto y se va alejando de tu mano tendida. «¡Qué escurridizo es el recuerdo!, pensó, ¡Qué traidor! Crees que te acuerdas de una época y, si tratas de hacerla presente, te encuentras con que no tienes más que algunos esbozos, como diapositivas borrosas que resumen meses, años de tu vida. Y los únicos momentos que podrían servir de cabo del ovillo para tirar del hilo y devanar la madeja son los que más celosamente has ocultado debajo del sofá, con su compañía de pelusas e insectos muertos.»

Y es una novela, la primera que leo de su autora, en la que Elia utiliza una prosa tan cuidada, tan llena de sensibilidad, que no ha habido página en la que no haya marcado una frase que me hiciera pararme a reflexionar, llegando, en algunos casos a alargarse estas citas a páginas completas.  

He disfrutado de una lectura intimista, que he saboreado en cada párrafo, en cada página.
Una historia que, magistralmente, va cerrándonos caminos para llevarnos al único posible para resolver un misterio que sobrevuela toda la novela desde la primera pagina y que aun  llevándonos de la mano, nos suelta, a escasas páginas del desenlace para sorprendernos con un final magníficamente pergeñado, que no es, en ningún caso, el que esperaríamos leer.
 
Acercarme a esta autora ha sido una experiencia deliciosa, una experiencia que estoy segura, repetiré pronto, por lo que nos espera descubrir en sus próximas novelas y por lo que, personalmente me queda por descubrir de las anteriores.

Los secretos destruyen a quien los guarda, pero mucho más a quien los olvida porque entonces siguen vivos y lo devoran calladamente, en la oscuridad.
¿Crees que podría olvidar con solo desearlo? Recordar es el castigo de quien pierde la inocencia.
Lo que hice, lo que haré, ya nada importa: en la vida, en el sueño, en el insomnio, no soy más que la tenaz memoria de esos hechos.

jueves, 17 de enero de 2019

La química del odio


CHAPARRO, Carmen (2018)
La química del odio
Espasa Libros, Barcelona, 416 pp.
ISBN: 9788467052633


«El odio es un animal hermoso, imposible de encerrar, con sed de sangre. El odio se despereza, se extiende y te atrapa. Se alimenta de tu rabia. Y al final vuelves a odiar. Porque es fácil. Porque lo necesitas».
¿QUÉ HARÍAS SI, TRAS HABER SOBREVIVIDO A LA QUE CREÍSTE QUE ERA LA PRUEBA MÁS DURA QUE PODÍAS SOPORTAR, EL DESTINO TE LLEVARA OTRA VEZ AL LÍMITE?

Para la inspectora jefa Ana Arén no hay tregua: después de que resolviera el caso que prácticamente acabó con ella, debe enfrentarse a un reto endiablado, el asesinato de una de las mujeres más famosas de España.

Siempre cuestionada por su superior, al frente de un equipo que aún no confía en ella y con el foco mediático sobre la investigación, Ana se ve de nuevo ante un crimen aparentemente irresoluble en el que el tiempo y el pasado se empeñan en jugar en su contra.


De los asesinos se aprende que, a trozos, todo se transporta mejor. No solo un cadáver. También el miedo. O el arrepentimiento. Incluso la pena. A trozos todo se puede llevar mejor de un sitio a otro porque cuanto más pequeños, más fácil te será deshacerte de ellos.

No es la primera vez que leo un  libro sin  leer la primera parte.

Es cierto que no es necesario haber leído “No soy un monstruo” para entender “La química del odio”, pero he de reconocer que quizá hubiera sido preferible haberlo hecho. Pero, como siempre, el tiempo es finito y me dejé llevar por la recomendación de una amiga lectora sobre esta novela.

Es como digo, la primera novela que leo de la autora a la que conocía como periodista y presentadora, no solo de noticias sino de las novelas de otros compañeros escritores.

Una primera novela que me ha sorprendido en su prosa y en la trama.

Carme escribe de una forma deliciosa, trasladándonos una trama poco explotada a través de un lenguaje cuidado en el que expone de forma perfectamente comprensible la realidad histórica y los datos científicos  que enmarcan la novela en torno a  “los colores de la muerte”.

—Caput mortuum es la denominación genérica para este tipo de colores, y a veces —respondió la conservadora—
esa expresión se utilizaba para los pigmentos elaborados
no solo a partir de la descomposición de ciertos materiales, sino también a partir de la descomposición del cuerpo humano.
[…]
el mummy brown, un tipo de marrón elaborado a partir de restos
de momias y muy apreciado por su brillo y transparencia. Además, se cuarteaba muy poco comparado con otros pigmentos. Desde el siglo XVI
y hasta principios del siglo XX la mayoría de los pintores europeos lo usaron.

Compone su novela entorno a una mujer trastornada, marcada por un pasado remoto en el que una pequeña niña rubia perdió a su madre, un pasado reciente en el que la vida le enseñó la cara más amarga de la confianza quebrada y un presente que no mejora nada lo anterior. 
Un presente en el que su vida profesional se resquebraja, en el que ese pasado reciente la mantiene en el ojo del huracán de un superior que no sólo desconfía de ella sino que la somete, a la menor oportunidad a la humillación, que la denosta no sólo profesional sino también, personalmente, ante los subordinados que, como retales de saldo, componen su nuevo equipo.  

La luz viaja más rápido que el sonido. Por eso algunas personas pueden parecer brillantes hasta el momento en el que abren la boca. Ruipérez era de esos. Si se quedaba calladito, en determinados ambientes podía dar el pego. Pero era hablar y retratarse como el misógino ignorante que era.

Un presente del que solo se salva quien le ayudó, con paciencia y amor infinitos a salir del pozo profundo en que le sumió un caso que traspaso con creces los límites de lo profesional. Un hombre que la respeta y que está a su lado para apoyarla, para sostenerla y para ayudarla, de forma extraoficial,  en algunos de los callejones sin salida que este caso le plantea.

Y todo ello bajo la presión de verse obligada a resolver un crimen en el que 6 personas, sin ninguna conexión aparente han resultado víctimas propicias.  Un crimen múltiple con ramificaciones que llegan a tocarle en lo personal y que le obligan a mirar cara a cara a un pasado que solo quiere dejar atrás, que necesita superar casi como el respirar. Y añadido a este el crimen de una "mujer prominente" con amigos en las altas esferas. 

La autora transmite de manera magistral el ámbito policial y el ambiente de los platós que tan bien conoce, pero lo que más me ha sorprendido, en lo que he encontrado un extra a esta magnífica lectura, es la forma en que la autora es capaz de describir la mente humana, en sus sentimientos más difíciles, en sus momentos más bajos.

Es capaz de meterse en la mente de un asesino sin escrúpulos, de entrar como Pedro por su casa en el cerebro de un egocéntrico de manual, pero también es capaz de transmitir de una forma tan real que pone la piel de gallina la profunda sima en la que la que cae una mujer acosada por el sentimiento de culpa, es capaz de describir como no había llegado a leer, la depresión, con mayúsculas y la tremenda dificultad que supone salir de ella.

Primero fue la oscuridad. Durante mucho tiempo. En su cabeza. En su estómago. En su hígado. A su alrededor. Oscuridad densa y húmeda. Se le pegaba a los ojos como brea enfriándose y ya no podía deshacerse de ella.
[…]
Nunca se había sentido tan sola. Nunca se había odiado tanto a sí misma. Pero al menos tenía una sábana con la que cubrirse de pies a cabeza. Esa cama era su fortaleza, su trinchera frente a la vida. Esa habitación era su refugio antibombas, su cuartel de invierno. Si seguía allí, quieta y tapada, aguantando las náuseas, nada podría empeorar. Bajo esas sábanas pensar en la muerte era un alivio. Tan solo existe, entonces, un último miedo, el miedo al dolor físico. Porque al otro, al dolor del alma y del corazón y de las tripas, ya estás acostumbrada. A las lágrimas que te comes ya estás acostumbrada. Y a las que viertes a oscuras. A los retortijones en el estómago ya estás acostumbrada. A no dormir estás acostumbrada. A golpearte la cabeza para intentar dejar de pensar ya estás acostumbrada.

Es esta, una magnífica novela policiaca, en la que la autora introduce, además la critica a la sociedad digital y digitalizada que nos determina, que nos limita, y que no permite que seamos dueños de nuestra propia intimidad; a menudo por decisiones precipitadas en las que exponemos inconscientemente más de lo que deberíamos y ya se sabe, lo que se cuelga en la red… siempre queda en la red.

Sin duda, ha sido una magnifica manera de estrenarme con esta autora, a la que estoy segura, no tardaremos en volver a leer porque si algo deja “La química del odio” es un cúmulo de preguntas sin respuesta, preguntas sobre los porqués, más que sobre los cómos, porque aún nos queda mucho por descubrir de la Inspectora Ana Arén y yo estoy deseando hacerlo.

Creamos el odio de la nada, lo hacemos crecer y lo guardamos como un peso de plomo en la boca de nuestros estómagos. Una energía gratuita y autorrenovable con una potencia de destrucción brutal. Nos hace sentir poderosos. Clarividentes. Porque el amor nos nubla, pero el odio nos vuelve sagaces. Y entonces aprovecha cualquier grieta para hacer daño.