jueves, 17 de enero de 2019

La química del odio


CHAPARRO, Carmen (2018)
La química del odio
Espasa Libros, Barcelona, 416 pp.
ISBN: 9788467052633


«El odio es un animal hermoso, imposible de encerrar, con sed de sangre. El odio se despereza, se extiende y te atrapa. Se alimenta de tu rabia. Y al final vuelves a odiar. Porque es fácil. Porque lo necesitas».
¿QUÉ HARÍAS SI, TRAS HABER SOBREVIVIDO A LA QUE CREÍSTE QUE ERA LA PRUEBA MÁS DURA QUE PODÍAS SOPORTAR, EL DESTINO TE LLEVARA OTRA VEZ AL LÍMITE?

Para la inspectora jefa Ana Arén no hay tregua: después de que resolviera el caso que prácticamente acabó con ella, debe enfrentarse a un reto endiablado, el asesinato de una de las mujeres más famosas de España.

Siempre cuestionada por su superior, al frente de un equipo que aún no confía en ella y con el foco mediático sobre la investigación, Ana se ve de nuevo ante un crimen aparentemente irresoluble en el que el tiempo y el pasado se empeñan en jugar en su contra.


De los asesinos se aprende que, a trozos, todo se transporta mejor. No solo un cadáver. También el miedo. O el arrepentimiento. Incluso la pena. A trozos todo se puede llevar mejor de un sitio a otro porque cuanto más pequeños, más fácil te será deshacerte de ellos.

No es la primera vez que leo un  libro sin  leer la primera parte.

Es cierto que no es necesario haber leído “No soy un monstruo” para entender “La química del odio”, pero he de reconocer que quizá hubiera sido preferible haberlo hecho. Pero, como siempre, el tiempo es finito y me dejé llevar por la recomendación de una amiga lectora sobre esta novela.

Es como digo, la primera novela que leo de la autora a la que conocía como periodista y presentadora, no solo de noticias sino de las novelas de otros compañeros escritores.

Una primera novela que me ha sorprendido en su prosa y en la trama.

Carme escribe de una forma deliciosa, trasladándonos una trama poco explotada a través de un lenguaje cuidado en el que expone de forma perfectamente comprensible la realidad histórica y los datos científicos  que enmarcan la novela en torno a  “los colores de la muerte”.

—Caput mortuum es la denominación genérica para este tipo de colores, y a veces —respondió la conservadora—
esa expresión se utilizaba para los pigmentos elaborados
no solo a partir de la descomposición de ciertos materiales, sino también a partir de la descomposición del cuerpo humano.
[…]
el mummy brown, un tipo de marrón elaborado a partir de restos
de momias y muy apreciado por su brillo y transparencia. Además, se cuarteaba muy poco comparado con otros pigmentos. Desde el siglo XVI
y hasta principios del siglo XX la mayoría de los pintores europeos lo usaron.

Compone su novela entorno a una mujer trastornada, marcada por un pasado remoto en el que una pequeña niña rubia perdió a su madre, un pasado reciente en el que la vida le enseñó la cara más amarga de la confianza quebrada y un presente que no mejora nada lo anterior. 
Un presente en el que su vida profesional se resquebraja, en el que ese pasado reciente la mantiene en el ojo del huracán de un superior que no sólo desconfía de ella sino que la somete, a la menor oportunidad a la humillación, que la denosta no sólo profesional sino también, personalmente, ante los subordinados que, como retales de saldo, componen su nuevo equipo.  

La luz viaja más rápido que el sonido. Por eso algunas personas pueden parecer brillantes hasta el momento en el que abren la boca. Ruipérez era de esos. Si se quedaba calladito, en determinados ambientes podía dar el pego. Pero era hablar y retratarse como el misógino ignorante que era.

Un presente del que solo se salva quien le ayudó, con paciencia y amor infinitos a salir del pozo profundo en que le sumió un caso que traspaso con creces los límites de lo profesional. Un hombre que la respeta y que está a su lado para apoyarla, para sostenerla y para ayudarla, de forma extraoficial,  en algunos de los callejones sin salida que este caso le plantea.

Y todo ello bajo la presión de verse obligada a resolver un crimen en el que 6 personas, sin ninguna conexión aparente han resultado víctimas propicias.  Un crimen múltiple con ramificaciones que llegan a tocarle en lo personal y que le obligan a mirar cara a cara a un pasado que solo quiere dejar atrás, que necesita superar casi como el respirar. Y añadido a este el crimen de una "mujer prominente" con amigos en las altas esferas. 

La autora transmite de manera magistral el ámbito policial y el ambiente de los platós que tan bien conoce, pero lo que más me ha sorprendido, en lo que he encontrado un extra a esta magnífica lectura, es la forma en que la autora es capaz de describir la mente humana, en sus sentimientos más difíciles, en sus momentos más bajos.

Es capaz de meterse en la mente de un asesino sin escrúpulos, de entrar como Pedro por su casa en el cerebro de un egocéntrico de manual, pero también es capaz de transmitir de una forma tan real que pone la piel de gallina la profunda sima en la que la que cae una mujer acosada por el sentimiento de culpa, es capaz de describir como no había llegado a leer, la depresión, con mayúsculas y la tremenda dificultad que supone salir de ella.

Primero fue la oscuridad. Durante mucho tiempo. En su cabeza. En su estómago. En su hígado. A su alrededor. Oscuridad densa y húmeda. Se le pegaba a los ojos como brea enfriándose y ya no podía deshacerse de ella.
[…]
Nunca se había sentido tan sola. Nunca se había odiado tanto a sí misma. Pero al menos tenía una sábana con la que cubrirse de pies a cabeza. Esa cama era su fortaleza, su trinchera frente a la vida. Esa habitación era su refugio antibombas, su cuartel de invierno. Si seguía allí, quieta y tapada, aguantando las náuseas, nada podría empeorar. Bajo esas sábanas pensar en la muerte era un alivio. Tan solo existe, entonces, un último miedo, el miedo al dolor físico. Porque al otro, al dolor del alma y del corazón y de las tripas, ya estás acostumbrada. A las lágrimas que te comes ya estás acostumbrada. Y a las que viertes a oscuras. A los retortijones en el estómago ya estás acostumbrada. A no dormir estás acostumbrada. A golpearte la cabeza para intentar dejar de pensar ya estás acostumbrada.

Es esta, una magnífica novela policiaca, en la que la autora introduce, además la critica a la sociedad digital y digitalizada que nos determina, que nos limita, y que no permite que seamos dueños de nuestra propia intimidad; a menudo por decisiones precipitadas en las que exponemos inconscientemente más de lo que deberíamos y ya se sabe, lo que se cuelga en la red… siempre queda en la red.

Sin duda, ha sido una magnifica manera de estrenarme con esta autora, a la que estoy segura, no tardaremos en volver a leer porque si algo deja “La química del odio” es un cúmulo de preguntas sin respuesta, preguntas sobre los porqués, más que sobre los cómos, porque aún nos queda mucho por descubrir de la Inspectora Ana Arén y yo estoy deseando hacerlo.

Creamos el odio de la nada, lo hacemos crecer y lo guardamos como un peso de plomo en la boca de nuestros estómagos. Una energía gratuita y autorrenovable con una potencia de destrucción brutal. Nos hace sentir poderosos. Clarividentes. Porque el amor nos nubla, pero el odio nos vuelve sagaces. Y entonces aprovecha cualquier grieta para hacer daño.


domingo, 13 de enero de 2019

Teatro EDP Gran Via

El pasado jueves, 10 de Enero, de la mano de Smedia y gracias a la invitación de Nacho Fandiño,  asistimos al nacimiento del TEATRO EDP GRAN VIA. 

Un proyecto que no sólo supone un acuerdo empresarial sino que implica un acuerdo social pues en este teatro se llevará a cabo la experiencia de convertir la energía generada por el público en energía eléctrica que favorecerá a  organizaciones sin ánimo de lucro. 

Con este patrocinio la compañía energética refuerza su compromiso con el fomento de la cultura como motor de desarrollo, así como su compromiso social con distintos proyectos solidarios.

¿Y como es ésto posible? Pues es lo que aquella mañana Enrique Salaberría, presidente del grupo Smedia y Vera Pinto Pereira, consejera del área comercial del grupo EDP, presentados por la periodista María Fernández Miranda y acompañados por Fabian Doñaque de Fabs Robotics, responsable de la parte técnica vital para este proyecto, nos quisieron contar y que os traigo a continuación.

El Teatro EDP Gran Vía de Madrid se convierte en el primer teatro capaz de medir la energía de las emociones que generan los espectadores y transformarla en energía eléctrica para compartir con los demás. Lo hará mediante un sistema (un equipo acústico centralizado en una consola) que recoge la energía que se genera en la sala y la transforma en kilovatios hora que se donarán a instituciones y proyectos solidarios.

Todos los sonidos generados en cada función (aplausos, vítores…) por los espectadores serán captados y enviados a una mesa central que recoge las variaciones en decibelios durante toda la representación, y el momento exacto en el que se producen. Esta información queda registrada a lo largo de la función con lecturas en tiempo real y al finalizar la obra se traduce la cantidad y nivel de decibelios alcanzados en kilovatios hora.

Para mostrarnos de forma práctica como se va a llevar a cabo esta medición, Víctor Ullate Roche y Jordi Vidal han representado uno de los números de “El jovencito Frankenstein”, musical que actualmente en cartelera y hemos podido visualizar en pantalla la energía generada por nuestros propios aplausos.

Consultados los actores sobre la entidad a la que van a donar los kilowatios nos indicaron que aun no han decidido cual de las dos o tres que barajan será finalmente la beneficiada que comunicaran tan pronto lo decidan.

Durante los próximos tres años, tras las funciones que se representen en el Teatro EDP Gran Vía de Madrid, se podrá conocer con exactitud la cantidad de energía creada. De esta forma, cada espectador se convertirá en un generador de energía. Los datos se publicarán en las redes sociales del teatro.

Además, en una de las pantallas del teatro aparecerán los kWh generados tras cada función y los espectáculos que más energía han generado.

Tras este corto acto de presentación tuvimos la oportunidad de degustar un fantástico Bruch en el vestíbulo del teatro.
Fue una experiencia grata y novedosa que seguro tendrá una gran repercusión, una experiencia a la
que #SoyYincanera ha querido dar voz, porque no solo leemos libros, vamos mas allá y nos interesa todo lo que huela a cultura.

Inspector Solo


JIMENEZ, David (EL TITO) (2017)
Inspector Solo
Ed Versatil, Barcelona, 376 pp.
ISBN: 9788416580880

La vida de Marcial Lisón quedó marcada desde el mismo momento en el que el Asesino del café puso un pie en la ciudad de Cartagena. Conocer su identidad, dieciocho años después, lejos de haber supuesto un alivio para el inspector, hizo que descubriese que su pasado descansa sobre una mentira con la que es difícil convivir. Desde entonces, Sola, un galgo recogido junto a unos contenedores de basura, se ha convertido en su única familia. Su carácter hosco y alejado de lo políticamente correcto tampoco le ha permitido granjear grandes amistades; más allá de la de Zoe Ochoa, su compañera, y Sasha, una prostituta rumana con la que comparte algo más que sexo.

Despertar en el interior de su coche, frente al edificio de Sasha, sin recordar cómo ha llegado hasta allí, y descubrir que la han asesinado, solo será el comienzo de una vorágine autodestructiva que alcanzará su cénit cuando Marcial compruebe que Zoe lo ha traicionado.

Pero ¿por qué no recuerda nada de esa noche?

¿Cómo gestionar una investigación en la que las evidencias se empeñan en convertirlo a él en el principal sospechoso?

Estos interrogantes sumirán la existencia de Marcial Lisón en una ingobernable zozobra en la que estabilizar su vida y demostrar su inocencia se convertirán en su verdadera obsesión.


Marcial buceo en su memoria. No sabía nada de la vida privada del resto de la gente de la que se rodeaba a diario. Nunca había sentido la necesidad de conocer más allá de lo que cada uno proyecta al exterior; seguramente por miedo a constatar lo que ya sabía: nadie se muestra como es; todos fingen ser la persona que mejor se ajusta a sus aptitudes y que mayor abanico de posibilidades le ofrece para pasearse por la vida con el menor número de traspiés.

A pesar de conocer de una primera aventura de la saga protagonizada por Marcial Lisón y a la espera de comenzar “No es tiempo de peros”, me dispongo a hablaros de “Inspector Solo”, un descubrimiento de novela, de autor y de protagonista. La última novela que leí en el 2018 y que ha con seguido un  puesto de honor en la lista de los mejores libros del año que acaba de terminar.

David nos regala una novela policiaca en mayúsculas, en la que la investigación del asesinato de una prostituta encargada a una atípica pareja de policías,  implica la necesaria investigación de otros crímenes y, por ello, otros hilos de los que tirar, otros departamentos con los que colaborar, otras actuaciones poco ortodoxas que realizar  y una vuelta al pasado que se materializa en el presente para cercenar la estabilidad, tan trabajosamente ganada de nuestro protagonista.

Y siendo esta, como digo, una gran novela policiaca,  es una grandísima novela negra; con una crítica explicita a la doble moral, a la hipocresía social que se establece alrededor de la prostitución, a ese doble rasero en el juicio de profesional y  cliente, esa comparación no solamente cruel, sino totalmente injusta.

-¿Qué tiene que ver el Señor Bernal con la muerte de una puta?
La pregunta del comisario era, para Marcial, un fiel reflejo de la involución en la que la humanidad había devenido. Se utilizaba el tratamiento de señor al individuo cuyo poder adquisitivo le permitía disponer de las prestaciones sexuales de una mujer a la que la sociedad tildaba de puta, convirtiendo la transacción en un flujo unidireccional de demagogia. El, al menos, tenía la decencia de tratar por igual a una prostituta que a un comisario del Cuerpo Nacional de Policía.

Y es, además, una crítica feroz a la corrupción. A la que se da en el ámbito empresarial, pero también a la que se da en el escenario que nuestro autor mejor conoce, en la esfera policial, en sus altas  instancias.

Y sobrevuela toda la novela una crítica a la sociedad en que nos ha tocado vivir y al poder que confiere el dinero a las puertas que abre y cierra en función de la necesidad de quien lo tiene.

Era un puto gilipollas, pero tenía dinero; y en esta sociedad de mierda el dinero es poder y el poder da más dinero.

Y en esta novela he quedado fascinada por nuestro inspector, porque ya se ha hecho parte mía. Un protagonista, antihéroe de manual, irreverente, insensible, solitario, adicto a la cerveza, poco dado a respetar la jerarquía y enemigo de estrechar lazos afectivos, se esfuerza por mantener a salvo esa coraza que le aísla y que amenaza con resquebrajarse a cada paso de la novela.

Marcial es un personaje psicológicamente complejo, con una personalidad a todas luces incomprensible para cualquiera de nosotros, pero absolutamente solida y creíble por la forma en que el autor nos lo presenta.

Un hombre incapaz de experimentar los sentimientos que mueven al común de los mortales: el cariño, la amistad, la empatía, el arraigo familiar… pero que mantiene vivo un valor tan importante y denostado como la lealtad.

Una vez  más la experiencia le confirmaba a Marcial que la empatía era uno de los dones más absurdos. No alcanzaba a entender porque disfrazar los sentimientos con ropajes prestados convertía a los seres humanos en personas.

Un hombre que teme a su demonio interior, que lucha por mantenerlo a raya casi tanto como lucha por no dejarse afectar por la emotividad de quienes le rodean, sobretodo de las dos mujeres que comparten protagonismo con Marcial en esta aventura: Shasa, la prostituta asesinada, con quien le unía algo más que el acercamiento carnal, pero algo menos que el acercamiento personal y Zoe, su compañera, su subalterna, esa mujer a la que se ha abierto “más de lo deseado” y a la que aleja, a la que convierte en su particular saco de boxeo cuando la percibe más cerca de lo que puede o quiere permitirse  y de la que, por esa cercanía que se niega a aceptar, duele intensamente lo que él considera una traición.
Una mujer que le admira y que confiaba en el ciegamente… al menos al inicio de la novela, porque, probablemente, sea éste el personaje que mayor transformación sufre a lo largo de la trama.

Había sido testigo de excepción de la defunción de la agente tímida que no arrostraba valor ni para sostenerle la mirada y del nacimiento de una Zoe comedida que, si bien no plantaba cara, no se conformaba con ser mera espectadora de las decisiones que él tomaba. Pero la que tenía frente a sí, con los ojos inyectados en rencor, era otra diferente. Se trataba de una versión más actualizada de la agente Ochoa. Una mujer independiente que no se limita a recibir órdenes y ejecutarlas, sino que las ponía en entredicho y las pulía a su antojo.

Y como tercer vértice de este perfecto triangulo protagonista, Sola, una galga, único ser vivo capaz de transmitir algo de paz al Inspector Lisón, el único ser por el que nuestro personaje es capaz de sentir algo parecido al amor.

Marcial disfrutaba viendo la estilizada figura de la galga danzar, ajena a su virtuoso don […]. Pocos minutos después, el paseo había obrado su milagro habitual: aislarlo de lo mundano y transportarlo hasta la ingravidez de lo onírico. Pocos eran los momentos en los que la cabeza de Marcial se evadía y poco el tiempo que esta sensación perduraba.

Ha sido una lectura soberbia, en la que he disfrutado de la trama, del ritmo y sobretodo de los personajes y en la que el final me ha dejado en el punto justo para ansiar volver a sumergirme en el universo de Marcial sea cual sea el futuro que nos depara su próxima aventura que, por suerte, no tardará en llegar.

Si bien era un tipo solitario, esa muralla de soledad había sido erigida sobre tres pilares básicos: Sola, Sasha y Zoe. Uno de ellos había sido derruido y los otros dos se tambaleaban, amenazando con dejarlo con la única compañía que trataba de evitar: la de su demonio interior.

lunes, 7 de enero de 2019

El taller de libros prohibidos


GARCIA, Olalla (2018)
El Taller de libros prohibidos
Barcelona, Penguin Random House, 576 pp
ISBN: 978-84-666-6433-2

Un thriller histórico ambientado en el fascinante mundo del libro en el siglo XVI.

Novela histórica y de intriga, El taller de libros prohibidos nos transporta a la época en la que imprimir, vender y leer libros podía llegar ser una actividad sumamente peligrosa.

Alcalá de Henares, 1572. La joven librera Inés Ramírez acaba de quedar viuda y ha de ponerse al frente del negocio familiar. Pronto descubre que su esposo poseía la clave de acceso al único ejemplar de un libro prohibido, cuya desaparición había sido ordenada por el poder político y la Iglesia siglos atrás.

Con la colaboración de Pierre Arbús, un oficial de imprenta francés, inicia la investigación. Tendrá que tratar con personajes de todo tipo: maestros impresores, eruditos, delincuentes, nobles de alta cuna. Y todo bajo la sombra omnipresente de la Inquisición, que vela por controlar el pensamiento y la palabra, y la estricta censura de Felipe II.

A todos los que defienden los libros y lo que estos representan.

En esta novela nos ofrece la autora un retrato fiel de la posición de las mujeres en el siglo XVI; del estatus social que ostentaban en función de su estado civil, de como estar solas (sin compañía masculina) las convertía en NADA, en carne de cañón para sus semejantes, no solo los del género masculino, para la sociedad en general.

Una época en la que la mujer valía lo que valía su honra.

Se daba el caso de que la reputación de la hembra resultaba más frágil que la del varón; pues si a este solo se le juzgaba en base a sus actos, a ella se le sentenciaba por meras sospechas.

https://es.wikipedia.org/wiki/Indumentaria_femenina_en_Espa%C3%B1a
Catalina Micaela de Austria
,
(Sánchez Coello hacia 1585).
 Viste "salla castellana entera" de seda,
de 
mangas redondas, abiertas y unidas
con puntas por encima de las
manguillas brocadas
(de las que sobresalen los puños de encaje).
Adornan el 
cuerpo, collarín, botones
y cinturón de orfebrería.
La 
lechuguilla llega a tapar las orejas.
 Sujeta unos guantes, símbolo de femineidad.
Es, ésta, la historia de Inés, de una mujer que se revela ante estas convicciones, que se niega a que se
le nieguen su identidad y sus derechos. Una mujer en contra de una sociedad patriarcalmente férrea y de un gremio esencialmente masculino en el que no tiene cabida la mujer más que como “complemento” del hombre, como sostén de éste y de su casa, una sociedad en la que la mujer no tiene ni voz ni voto y en la que la protagonista se empeña en alzarla, en vivir sin obligadas ataduras.

“Ni espada rota ni mujer que trota”. Inés lo sabía por experiencia. Ya había tenido que hacer frente a aquellas mismas imputaciones decenas de veces. De nada servía argumentar que ella contaba con los conocimientos necesarios para desarrollar su oficio tan bien como cualquiera de sus familiares varones.

Una mujer que odia los secretos, pero a quien su viudedad coloca en el centro del más grande que pudiera imaginar, la búsqueda de una obra perseguida por la Iglesia.

A Inés no le gustaban los secretos. No sentía curiosidad por desvelar los ajenos, ni inclinación a crear los suyos propios. Sentía aversión hacia el fingimiento, el engaño y la hipocresía, e inclinación por las personas francas y directas, seguras de sus opiniones y sin temor a defenderlas; las que preferían afrontar las consecuencias de sus palabras y sus actos en lugar de refugiarse en la pasividad o el silencio.

Y es que nos encontramos en un momento de la historia, en la que se lleva al paroxismo el temor que al  poder le genera el pensamiento del pueblo. Un pensamiento cuya libertad se coarta más y más a través de los preceptos religiosos, del cristianismo, única confesionalidad valida en el lugar y tiempo que nos ocupa.

También la corona española se mostraba decidida a controlar las ideas circulantes en sus territorios y, a través de ellas, la disposición y el comportamiento de sus súbditos. Contaba para ello con poderosos instrumentos: la justicia del rey y el Santo Oficio. El Consejo de Castilla debía dar su previa aprobación a todo libro publicado en sus territorios; y el dicho permiso dependía a su vez del informe favorable de un censor inquisitorial. La inquisición, además, había publicado su Índice de Libros Prohibidos, que incluía todo titulo considerado pernicioso por no guardar el respeto debido a su majestad o a la Santa Madre Iglesia.

La historia de Inés, y por extensión la de Pierres, se desarrolla en una ambientación magnifica tras la que se barrunta un trabajo de documentación concienzudo que la autora traslada a la historia, explicándonos, no solo el proceso de impresión de los libros, sino los riesgos de hacerlo a menudo aún teniendo en cuenta la lista de libros prohibidos, de los métodos expeditivos de la inquisición  y de la persecución a que se vieron sometidos los integrantes del gremio de impresores.

En esta historia Olalla nos lleva de la mano por la Villa Alcalaína, recorriendo esas calles de noche sin más luz que la de los protagonistas, invitándonos a visitar sacristías, casas señoriales y talleres, pero también los márgenes del rio y los caminos, dotando a la obra de un marco exacto y perfectamente definido que nos ayuda a vivir la historia como si fuéramos nosotros mismos quienes luchan por salvaguardar la honra e incluso la vida en pos de un “encargo” heredado que no ha de traernos más que sinsabores.

El sitio en cuestión resultó ser un caserón no muy distinto a tantos otros de los que se alzaban en aquel barrio, con su portón con postigo, sus ventanas enrejadas en forma de jaula y sus balcones en el piso principal.

Lámina de Antón Van den Wyngaerde , "Antonio de las viñas"
https://grdelval.blogspot.com/2016/01/alcala-de-henares-en-el-siglo-vxi.html
Y nos introduce de lleno en la vida diaria de los talleres y de las casas que los albergan en esa vida cotidiana de oficiales y maestros, pero también de criadas y señoras… y de conventos y de la vida universitaria de aquellos tiempos.

Y sobrevuelan durante toda la trama, los actos reprobables a los que pueden llegar los hombres por su fanatismo, por la enfermiza necesidad de imponer sus ideas, sus criterios, que consideran los únicos validos. Y como conseguir estos objetivos es solo posible a través del poder que confiere la riqueza, por que el dinero, también  era “poderoso caballero” en el siglo XVI.

Cierta mañana, uno de ellos le comunicó que alguien preguntaba por él. El curioso en cuestión resulto ser un individuo de buen aspecto y modales pulcros que ocupaba una de las celas individuales. Estas, que podían arrendarse por la onerosa suma de quince reales al mes, evitaban que los presos de calidad se mezclasen con la chusma hacinada que infestaba de pestilencias la cámara común.

Y todo ello contado con una prosa pulcra, cuidada, adecuada a la época y que nos regala, a cada paso frases para enmarcar.

Hay un lugar del alma en el que los infortunios compartidos crean vínculos irrompibles.

Ha sido este un gran estreno para 2019 de lectura simultanea en #SoyYincanera.

Una lectura que no solo me ha entretenido, sino que ha conseguido indignarme por lo que cuenta y que siento como agravio propio por el hecho de ser mujer, con la que he viajado por el siglo XVI y por ese Alcalá que aun guarda entre sus muros la esencia de entonces, en la que he aprendido sobre un tema apasionante, los libros y su creación y en la que he vuelto a horrorizarme por un capitulo tan negro de la historia de España, Tribunal de la Santa Inquisición y sus terribles métodos.

Un libro magnífico al que merece la pena dedicar nuestro tiempo y toda nuestra atención.

Había luchado tanto para erguirse y mirar al mundo de frente… Se había resistido a encarnar las virtudes silenciosas e invisibles que se esperaban de una mujer.

viernes, 4 de enero de 2019

Sus ojos en mí


DELGADO, Fernando (2015)
Sus ojos en mí (Premio Azorín de Novela 2015)
Editorial Planeta, Barcelona, 303 pp.
ISBN: 978-8408138747

Teresa de Jesús tuvo un gran amor: Jerónimo Gracián. Seductor, bien parecido, elocuente y dotado de excepcional inteligencia, fue su más fiel aliado en la reforma del Carmelo. Las cruentas batallas entre los carmelitas calzados y los descalzos son el telón de fondo sobre el que se proyecta la íntima amistad de la monja y el fraile. Viajes, fundaciones, procesos y cautiverios, crímenes reales o venenosas habladurías se suceden en un relato trepidante. Amena y por momentos perturbadora, Sus ojos en mí arroja luz no usada sobre el perfil más humano de la santa, rescata del olvido la fascinante figura de su adorado Gracián y describe las consecuencias que después de la muerte de Teresa y hasta su propia muerte tuvo para él la permanente mirada de ella.


Teresa era capaz de juntarnos a Dios y a mí con ella en igual amor hasta. O ver como vio a Jesús tomándonos de una mano a cada uno y juntándolas con las suyas. No ponía puertas al amor ni separaba el amor divino del humano, porque al fin todo lo que tocaba el amor era para ella divino. Y tanto era mi espanto que hube de recriminarla que  mucho me quisiera, a lo que me contestó con risas que “cualquier alma, por perfecta que sea, ha de tener un desaguadero. Déjeme a mi tener este”- me dijo-, “que por más que me diga no pienso mudar del estilo que con él llevo”.

Todos en mi tierra conocemos a Santa Teresa de Jesús.

Todos de una forma u otra, desde niños, hemos sido influidos por esa figura que impregna cada rincón de la ciudad de Ávila. Es nuestra Patrona, nuestra Santa. Conocemos su vida y su obra, conocemos de la mujer rebelde, de férrea voluntad desde niña, díscola en su adolescencia y arrojada en su madurez.

Conocemos su labor, sus vivencias y sus letras. Conocemos a esa mujer adelantada a su tiempo, pero reconozco que esta historia me ha sorprendido porque no se centra en Santa Tersa de Jesús, sino en Teresa de Cepeda, porque no se centra en el santo mito, en la doctora de la iglesia, sino en la mujer y en los sentimientos más humanos.

Pero no malinterpretéis esto que digo; pues si el reclamo de esta novela es, según reza en la cubierta: “La novela que narra una apasionada historia de amor de Teresa de Jesús”, lo cierto es que este hecho me ha resultado casi anecdótico, pues la novela sobrepasa esa historia de amor.

En esta novela se habla del amor, pero también de la complicidad y de la necesidad que tenia Teresa del respaldo de un hombre en la época que le había tocado vivir, en el que la mujer no era nada y en la que las inquietudes religiosas, o cualquier conducta que se considerase “inmoral” eran perseguidas por el Tribunal de la Santa Inquisición a la que Teresa no fue ajena. Dato que conocí hace unos años de mano de “Y de repente Teresa”.

No olvide además que ella admiraba el poder y se acercaba a él de un modo interesado- le advertí a la monja-. Y Gracián tenía cerca el poder: su padre era hijo del secretario del Emperador Carlos V y de la hija de embajador polaco, pero sobretodo, de no mala casta venía y de muy buena situación, y en ese tiempo en el que se vieron, el hermano de Gracián era secretario de Felipe II y estaba a cada rato a la vera del rey, lo cual a Teresa le venía de perlas para los líos de sus fundaciones y hasta para el alivio de los temores que le acecharon porque la inquisición perseguía sus escritos.

Y es que esta novela refleja la ignorancia de la época, las supersticiones y las mentiras interesadas que servían de combustible a la inquisición.

Y en medio Teresa, luchando contra propios y extraños, porque quería cambiar las reglas establecidas en su orden o mejor dicho, porque quería volver a las reglas iniciales y lo tuvo muy difícil, más difícil por ser “revolucionaria” y sobre todo por ser mujer.

-Pedía ayuda por todas partes- me contó Gracián- porque entre los dominicos cercanos a la Inquisición se discutía la experiencia mística en la que ella se empeñaba, dudosos de que dios pudiese hablar a los seres humanos, y menos a las mujeres, y sostenían que si alguien afirmaba haber tenido gracias particulares en la oración, de una treta del demonio se trataba. Hablaban con temor y con desprecio de la monja andariega que iba de pate a parte fundando conventos para frailes contemplativos y decía además tener visiones y éxtasis. Teólogos de gran eminencia tenían en aquel tiempo por herejía propia de Lutero la tendencia a la oración interior.

Aunque cierto es, que no menos difícil lo tuvo Gracián, cuyas desdichas vividas entre descalzos y calzados y las injurias sobre él vertidas desde ambas facciones le supusieron penas físicas y espirituales que afligieron aun más a nuestra protagonista.

De escándalos tan bobos como ese estaba Gracián más que harto, y más siendo como era hombre culto que tenía que soportar los efectos de ciertas imbecilidades de frailes y monjas escasos de entendederas.

Y este es el grueso de la novela que escribe un novicio ayudado por un Fraile “poco ortodoxo” y un tío algo borrachín.

Y es que, mezclando, pasado y presente, Fernando Delgado nos cuenta, además de la historia de Gracián y Teresa, la relación que se establece entre estos tres protagonistas y las conversaciones en las que analizan y recopilan datos de las fundaciones, de los protagonistas y de la propia época, componiendo esta parte otra novela dentro de la novela.

El autor adapta el lenguaje en función del punto narrativo en que se encuentra, siendo este diametralmente distinto si nos encontramos en el siglo XVI o asistimos, como testigos de excepción, a las conversaciones entre Ronald, Fray Humberto y Fray Casto del Niño Jesús.  

Ha sido esta una novela que me ha acercado un poco más a mi paisana, que me ha hecho descubrir datos que no me eran familiares y me ha hecho admirarla aun más, si cabe.

Para entonces se contaban maravillas de los prodigios que había obrado como una santa, y Gracián se resistía a entrar en ese juego de la milagrería. No podía poner en  duda que lograra después de su muerte muchas cosas aquella mujer que había conseguido tantas en la vida y se alegraba de que eso sirviera para animar a sus monjas, levantarles el espíritu y hacer que sus consejos, sus ejemplos no se perdieran, pero negaba que él hubiera tenido visiones o escuchara voces interiores, aunque sí sentía su presencia, su protección.

miércoles, 2 de enero de 2019

Harry Potter y las reliquias de la muerte


ROWLING, J.K (2008)
Harry Potter y las reliquias de la muerte
Nº de páginas: 640 págs.
Salamandra, Madrid,  640 pp
ISBN: 9788498381405

Harry Potter tiene que realizar una tarea siniestra, peligrosa y aparentemente imposible: el de localizar y de destruir a Horcruxes. Harry nunca se sintió tan sólo ni se enfrentó a un futuro tan incierto. Pero Harry Potter debe encontrar la fuerza necesaria para terminar la tarea que le han dado. Él debe dejar el calor, la seguridad y el compañerismo de La Madriguera y seguir sin miedo el camino inexorable marcado para él.

En este final, la séptima entrega de la serie Harry Potter, J.K. Rowling revela de manera espectacular las respuestas a las muchas preguntas que se han estado esperando con tanta impaciencia. Su rica prosa y su narrativa, llena de giros inesperados, han hecho que estos libros sean libro para leer y releer una y otra vez.

Escuchad con atención dichosos poderes subterráneos
Responded, enviad ayuda.
Amparad a estos muchachos, concededles la victoria ya.
(Esquilo ``Los Ceóforas´´)

La muerte no es más que un viaje, semejante al que realizan dos amigos al separarse para atravesar los mares.
(William Penn``More Fruits of Soltitude´´)

 Este libro trata de la muerte y de los sacrificios que uno debe hacer para que su causa no caiga en el olvido.

Me gusta esta  historia, que he releído,  porque se nota que J.K.Rowling se ha esforzado en darle unos matices que marcan la diferencia entre este y los otros libros de la serie.

También demuestra que no hay límites para la imaginación, ni para las formas de escritura, qué ambas son infinitas y que por muy enrevesado o raro que parezca hacen que la historia sea única.

También me gusta porque con el lenguaje con el que está escrito parece que mientras leemos estamos viendo todas las etapas de la vida hasta llegar a la muerte, los lugares donde se desarrolla la historia, por el modo de escribir, te sientes familiarizado con ellos; al leerlo te sientes tan dentro del libro y las emociones son tan potentes que sientes como si fuesen una parte de ti que descubres en el momento en el que abres el libro.

Los personajes son particulares y diferentes y vas viendo cómo van variando  a lo largo del libro, según la escena.

viernes, 21 de diciembre de 2018

La Villa de las Telas.- Las hijas de la Villa de la Telas


JACOBS, Anne
La Villa de las Telas
Plaza & Janés Editores, Barcelona, 624 pp
ISBN: 9788401020520

Una mansión.
Una poderosa familia.
Un oscuro secreto.

El destino de una familia en tiempos convulsos y un amor que todo lo vence.

Augsburgo, 1913. La joven Marie entra a trabajar en la cocina de la impresionante villa de los Melzer, una rica familia dedicada a la industria textil. Mientras Marie, una pobre chica proveniente de un orfanato, lucha por abrirse paso entre los criados, los Melzer esperan con ansia el comienzo de la nueva temporada invernal de baile, momento en el que se presentará en sociedad la bella Katharina. Solo Paul, el heredero, permanece ajeno al bullicio, pues prefiere su vida de estudiante en Múnich. Hasta que conoce a Marie...


JACOBS, Anne
Las hijas de la Villa de las Telas
Plaza & Janés Editores, Barcelona, 624 pp
ISBN: 9788401021688

Una poderosa familia.
Una guerra terrible.
Una mansión que esconde más de un secreto...

El destino de una familia en tiempos convulsos y un amor que todo lo vence.

Augsburgo, 1916. La mansión de la familia Melzer pasa a ser, por necesidad, un hospital militar. Las hijas de la casa, ayudadas por el servicio, se convierten en enfermeras que curan, cuidan y escuchan a los heridos en combate.

Entretanto, Marie, la joven esposa de Paul Melzer, se hace cargo de la fábrica de telas en ausencia de su marido. Sin embargo, recibe una terrible noticia: su cuñado ha caído en el frente y Paul es ahora un prisionero de guerra.

Marie se niega a que las circunstancias la venzan y lucha con todas sus fuerzas por preservar el patrimonio familiar. Pero, mientras no pierde la esperanza de volver a ver a Paul con vida y se deja la piel en la fábrica, el elegante Ernst von Klippstein aparece en la puerta de la mansión, empeñado en no perder de vista a la joven y bella mujer que tiene entre sus capaces manos el destino de la familia Melzer.


Cuando a principios de año se publicó La Villa de las Telas, lo anoté en la parte alta de mi lista de pendientes.

Una novela que me llamó la atención con esa sugerente portada y sobre todo por la época y el escenario en que se desarrollaba la trama.

Desgraciadamente el tiempo es finito y los libros que deseo leer casi infinitos y esa fue la razón de que la lectura fue quedando relegada en favor de otros autores, otras novelas y otras temáticas.

Sin embrago, cuando en el mes de Noviembre me encontré con una portada similar y un titulo más que parecido ya no quise postergarlo más y decidí leer ambas novelas y por esta lectura de ambas he decidido también dar en un solo post mi opinión sobre las dos.

Marie bajo tres escalones que conducían a un  pasillo estrecho. Era raro. Aunque aquella mansión de ladrillo rojo tenía numerosas ventanas, tanto altas como bajas, en el ala del servicio todo estaba a oscuras y apenas veía donde ponía los pies. Pero quizá fuese porque aun estaba deslumbrada por la luz del sol de la mañana.

En la Villa de las telas se recrea la autora en los paisajes cotidianos, en los escenarios de esta familia de industriales, en su día a día, en su presente y su pasado, construyendo una novela costumbrista llena de luz y fiestas en el salón rojo y de miserias y envidias en la cocina donde se reúne el servicio.

Es esta una novela que requiere una lectura pausada, pues en ella se sientan las bases de la historia y, lo que es aun más importante de cara a una saga, se presentan los personajes, que no son pocos, para ponernos en situación.

En esta novela la autora nos enfrenta a dos mundos, dos mundos que conviven pero no se mezclan, como el agua y el aceite. 

Dos mundos que nos enfrentan a la vida de la alta sociedad de principios del siglo veinte: el servicio, tan jerarquizado como la propia sociedad trabajando en el sótano de sol a sol, siendo leales a “la casa” hasta el final de sus días. En las buhardillas, aprovechando el escaso descanso. Y en las plantas intermedias la vida de una familia afortunada por partida doble, mitad nobleza, mitad industria, una vida regalada para esas mujeres, porque esta novela retrata sobre todo a las mujeres,  que se mueven entre manjares, sedas y caprichos.

Y en estos dos mundos observamos la vida de estas mujeres; de Marie, su protagonista absoluta; una mujer que no ha tenido una vida fácil, pero que no se deja arrendar por los avatares de la vida y que, de ninguna de las maneras, se deja arrebatar la dignidad.
Es una mujer inteligente, fuerte y decidida, una mujer con ambiciones, pero absolutamente consciente del tiempo y el lugar en el que le ha tocado vivir y de las cartas con las que tiene que jugar. Una mujer consciente de quien es y de cual es su sitio, pero con una ductilidad absoluta para pasar de uno a otro estrato social, cuando es necesario, y a pesar de sus propias reticencias por romper las convenciones sociales.

Ahí estaba: Marie Hofgartner. Dieciocho años. Huérfana. Posiblemente hija ilegitima, criada hasta los dos años por su madre y, tras la muerte de esta, acogida en el orfanato de las Siete Mártires. A los trece años entró como criada en una casa de la ciudad baja de Augsburgo de la que se escapo a las cuatro semanas. Otros dos intentos como criada fallida. Había trabajado para una costurera durante un año y luego, otro medio año, en la fábrica de Paños Steyermann. Había sufrido una hemorragia hacía tres semanas.

De las hermanas Melzer, dos mujeres opuestas, una luchando por escapar de la realidad encorsetada de las “niñas bien” de principio de siglo y la otra luchando por permanecer en ese lugar que entiende debe ocupar para llegar a ser lo que cree que debe ser: una mujer completa, esposa abnegada y madre amorosa.

Son dos personajes que representan la cara y la cruz, la noche y el día. Elisabeth juiciosa, autocontrolada e introvertida. Katharina  irreflexiva, pasional, extrovertida…. Una mujer que pone sus sentimientos y deseos por encima de lo que se considera sagrado en la época, el honor, la familia…. las convenciones sociales de las que solo desea escapar y que le permite a la autora explorar y mostrarnos el Paris bohemio tan diferente en su forma de vivir al rígido Augsburgo.

A la señorita Katharina le aburrían mucho las charlas en las que se hablaba de moda, de hombres y de otras señoritas. Ella prefería conversar sobre la vida y el arte. Marie creía que las ideas desacostumbradas de la señorita hacían de ella una incomprendida.

Y junto a estas tres mujeres encontramos todo un elenco de magníficos secundarios que la autora forja con igual maestría. Alicia, Johan y Paul Melzer, Alfons Brauer, el Teniente Von Hagemann, Dupcham, la señorita Schmalzler, Maria Jordan, Robert, Auguste, Hanna…


-¡Morir por la patria es un honor! […]
-Mi querido Cristian, estoy seguir de que todas las personas sentadas a esta mesa defienden nuestra patria. Pero, teniendo en cuenta el desarrollo de esta guerra, no puedo darte la razón. Lo que sucede en los campos de batalla y las trincheras no tiene nada que ver, nada en absoluto, con el honor o con una muerte heroica.

En la segunda parte, Las hijas de la Villa de las Telas, esta novela se convierte en una crónica de la
guerra y de los efectos que tiene en todas las capas de la sociedad, las fiestas desparecen y el ambiente invernal se vuelve gris, desaparecen las fiestas y las luces, desparecen la opulencia y los ricos tejidos y quedan solo los efectos devastadores de una contienda que los alemanes pensaron iba a ser un camino de rosas y que se alarga dejando los escenarios despoblados de jóvenes que saquen adelante las fabricas y los negocios.

En tiempos de paz, jamás habrían imaginado que el hambre llegaría no solo a los barrios pobres, sino también a las casas de la gente acomodada. El otoño había sido muy húmedo y las patatas se pudrían en los campos, la mitad de la cosecha anual se había echado a perder, precisamente en estos tiempos. En vez de patatas se repartían nabos, que era lo que antes comía el ganado y ahora se había convertido en el último recurso para los hambrientos. […]. A los que mejor les iba era a los campesinos.

Esta parte permite a la autora ahondar en la psicología de los personajes y en sus reacciones ante una de las situaciones más adversas que se pueden vivir.
Avanzamos en la lectura a la par que evolucionan los personajes, somos capaces de descubrir detalles de la personalidad de alguno de ellos que habría sido impensable por su papel en la villa de las telas. En este punto he de destacar el personaje de Elisabeth Melzer, que si despertó en mi cierta animadversión en la Villa de las telas consigue redimirse con mayúsculas en esta segunda entrega haciéndome sentir pena por ella, empatía e incluso cierto grado de admiración.

Es de destacar la versatilidad de la autora a la hora de aunar en una sola la novela costumbrista y la novela bélica en el más amplio sentido de la palabra, no sólo contando lo que pasa en las trincheras, lo que ocurre en el campo de batalla, sino ahondando en los efectos de una guerra, como todas absurda, en la población civil. No sólo en la clase baja, sino también  en las clases altas donde en tiempos de guerra el dinero no vale nada.

En esta novela recibimos una extensa lección de historia de ese episodio aparentemente tan lejano que fue la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, la primera guerra de trincheras. 
Las batallas, las deserciones, la vida en las trincheras, el intercambio de prisioneros, los hospitales en que reconvirtieron muchas de las casas principales y en el papel de enfermeras que muchas damas, sin ningún tipo de formación tuvieron que enfrentar y, sobre todo, las secuelas que la guerra deja en aquellos que la viven en primera línea.

Sin embargo, seguía teniendo esos extraños “ataques”, una especie de alucinaciones que lo asaltaban en cualquier momento del día y de la noche. Luego empezaba a temblarle todo el cuerpo, se quedaba hecho un ovillo y se escondía.


Estoy deseando tener ya entre las manos El legado de la villa de las telas, para poder conocer el devenir de estos personajes con los que me he encariñado a pesar de sus errores o tal vez debido a  estos errores que los hace tremendamente creíbles, sólidos y coherentes. Personajes buenos, malos y malísimos y personajes intermedios, cuyos prototipos, salvando las distancias de espacio y tiempo podemos encontrar en nuestro día a día.

Estoy deseando volver a encontrar esa radiografía social y descarnada que presenta la autora, entristecerme con la vida de los niños en esos horribles orfanatos, indignarme por el papel al que la mujer quedaba relegada en una sociedad totalmente patriarcal.

Y estoy deseando, sobretodo, volver a disfrutar de la prosa limpia, de una magnifica historia y de una saga familiar de la que se que me costará despedirme. 

Mientras nazcan y crezcan niños, el mundo no estará del todo desquiciado, ¿verdad?.