martes, 17 de noviembre de 2020

La familia y otros líos

Keyes, Marian (2020)

La familia y otros líos (ebook)

Plaza & Janés Editores, Barcelona, 656 pp.

ISBN: 9788401023958



Los Casey son una familia glamurosa y feliz. Johnny Casey, sus hermanos Ed y Liam, sus preciosas e inteligentes mujeres y todos sus hijos pasan mucho tiempo juntos: fiestas de cumpleaños, aniversarios, fines de semana que comparten fuera... Jessie, la mujer de Johnny, se encarga de organizarlo todo porque no hay nada que desee más que crear recuerdos juntos.

Pero, ¿qué ocurre cuando esos recuerdos no son lo que esperas?

Todas las familias esconden secretos, y lo último que quieren es que salgan a la luz. Justo lo que ocurrirá cuando Cara, la mujer de Ed, se dé un golpe en la cabeza y empiece a desvelar la pequeña red de mentiras en la que se sustenta su aparente perfección familiar.

 

Cuando éramos niños pensábamos que cuando fuéramos mayores dejaríamos de ser vulnerables. Pero hacerse mayor es aceptar la vulnerabilidad… Estar vivo es ser vulnerable.

 

Desde que hace 20 años leyera “Sushi para principiantes”, Marian Keyes se convirtió en una de mis escritoras favoritas  para lo que yo llamo "desengrasar". Y no lo expreso en sentido peyorativo, ni hacia sus novelas, ni hacia su forma de escribir, más bien, todo lo contrario. Las historias de esta autora son de esas que me permiten desconectar, que leo con la seguridad de que voy a disfrutarlas sin más expectativa que el propio placer de la lectura y a las que necesito acercarme después de haber estado inmersa en demasiadas lecturas "negras" seguidas.

La autora ha conseguido siempre que me identifique con uno o varios de sus personajes, desde aquellas treintañeras llenas de conflictos profesionales y personales que me acompañaron a esa edad hasta esta novela, en la que sus personajes ya no son “alocadas jovencitas”, sino mujeres maduras con un presente más o menos estable, con las que, de nuevo, de una u otra forma encuentro lugares comunes. Y es que, si hay algo indiscutible es que las verdaderas protagonistas de las novelas de Marian Keyes son las mujeres, de las que los hombres son “acompañantes necesarios” y en muchos casos, la fuente de los conflictos; cada una de ellas dotada de una personalidad determinada, a veces de forma caricaturizada, que le permite a la autora exponer las fortalezas y debilidades de cada una de ellas.

 

No a todo el mundo le gustan las mujeres “ambiciosas”. Cuando se dice eso de un hombre, siempre es en un sentido positivo. Pero ¿de una mujer? No tanto. Si hubiese fracasado, la humillación me habría dolido tanto como la pérdida económica.»

 

Estos personajes y las tramas en las que se ven envueltas consiguen que la sonrisa aflore con frecuencia a lo largo de las páginas. Y, a pesar del tono ligero de la novela y como una seña de identidad más de sus historias, la autora, no duda en poner sobre la mesa asuntos tremendamente preocupantes de nuestra sociedad, como los trastornos de alimentación o las crisis de los refugiados. 

Por todo lo escrito anteriormente he disfrutado tremendamente esta historia, tal y como he disfrutado todas las anteriores y voy a intentar contaros porqué.  

Hay ciertos momentos en la vida, en los que la sociedad se empeña en que nuestra vida debe estar

asentada, en que nos empeñamos, en que en eso que llamamos mediana edad, entre los 45 y los 50 años, nuestro mundo  debe ser un mar en calma y nuestra existencia un barco, en el que si tenemos todos los cabos atados,  debemos navegar con absoluta tranquilidad. Es una edad a la que pensamos que todo está  ya asentado y en la que solo debemos dejarnos llevar. Y eso es lo que le ocurre a Jessie, mujer, esposa, madre y profesional exitosa que se empeña en que todo en su vida funcione como el mecanismo de un reloj suizo, y que con su afán controlador y su altísimo poder adquisitivo se empeña en “comprar” una familia ideal con la que “crear recuerdos”, celebrando, por todo lo alto, todo lo celebrable con la familia de su marido, sus mujeres y sus múltiples hijos, viviendo experiencias comunes, y durante días bajo el mismo techo.

 

Le era imposible delegar porque creía que ella podía hacerlo todo mejor y más rápido que los demás.

 

Pero esa imagen idealizada de familia unida y feliz puede saltar por los aires en cualquier momento. ¿Porqué?, pues por nada  o por todo. Porque cada uno tenemos nuestra propia familia, nuestra forma de ser, nuestra vida, nuestros secretos y nuestros muertos en el armario, y en esta familia no podría ser de otro modo.

De entrada Johnny, Ed y Liam, son hermanos, pero como en todas las familias, cada uno "hijo de su padre y de su madre", vamos que no tienen  nada en común, como tampoco lo tienen sus mujeres: Jessie, Cara y Nell. Cada uno de ellos carga con su propio estigma, el seductor, el soso, el vividor, la exitosa, la insegura y la comprometida.

Es difícil que tan variados perfiles encajen de forma efectiva, mucho menos cuando son lazos obligados y además estas relaciones están acompañadas de niños de distintas edades, de alguna ex mujer, de las familias políticas de alguno de ellos y de compañeros de trabajo. Y claro, tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, y después de varios acontecimientos familiares y un golpe en la cabeza que elimina todos los filtros, Cara, destapa algunos secretos que pondrán esa felicidad en jaque y que amenazarán con derrumbar los cimientos de esa relación ideal que Jessie necesita como el respirar.

Cara y Jessie se erigen como las protagonistas fundamentales de la historia,  ambas son polos opuestos en carácter y en forma de vida, pero en el fondo, las dos son mujeres inseguras que se empeñan en ocultar sus inseguridades ante el resto, pero nada puede esconderse para siempre y los problemas no pueden solucionarse si no somos capaces de enfrentarnos a ellos.

Con saltos temporales y con capítulos que se van centrando en la historia de cada uno de los personajes, la autora construye un tapiz lleno de malos entendidos, verdades a medias, situaciones surrealistas y grandes dosis de humor, pero también una historia llena de aspectos que nos obligan a reflexionar y a enfrentarnos, junto a los personajes, a las que deben ser las prioridades de nuestra vida.

 

Tenía que parar: no le haría bien a nadie si se le iba la olla. Aunque, por lo que parecía, eso no lo decidía uno: la crisis de la mediana edad escapaba por completo a tu propio control.

 

No quiero contaros mucho más, porque a pesar de que podría explayarme en los aspectos más

controvertidos de la novela, estoy segura de que será mucho mejor que los descubráis vosotros mismos y que disfrutéis de esta novela que entretiene y que, además, hace pensar. Por mi parte, afianzo con esta novela mi preferencia por las historias que salen de la imaginación de Marian Keyes y a las que sin duda volveré a acercarme más pronto que tarde.

 

Aquello la había sacudido con fuerza: lo sabía porque se sentía como si estuviera soñando. A través de las experiencias del pasado, había descubierto que así era como se soportaba lo insoportable: su solícito cerebro atenuaba sus percepciones para que la horrible realidad solo le impactara en gotas manejables.

martes, 10 de noviembre de 2020

Las hogueras del cielo

Fidalgo, Yolanda (2020)

Las hogueras del cielo

Roca Editorial, Barcelona, 352 pp.

ISBN: 9788417968960

 

¿Qué sacrificarías para conseguir lo que deseas?

¿Cuánto podrías mentir?

Una extraordinaria novela histórica sobre la creación del observatorio más grande del mundo y sobre los grandes descubrimientos astronómicos de la primera mitad del siglo XX.

Los Ángeles, mayo de 1910.

La misma noche en que la Tierra atraviesa la cola del cometa Halley, llamado "El Destructor", en la casa de los mellizos Henry y Ellie Blur sucede algo terrible que los obliga a huir. Se dirigen hacia el monte Wilson, donde se ubica el observatorio astronómico más grande del mundo. Bajo ese cielo transparente encontrarán su propio destino, incluido el amor.

Hasta que uno de los dos desaparece.

 

Si, la vida es un sendero de un solo sentido, y nunca, nunca, podemos volver atrás y cambiar lo que ya ha sucedido, por mucho que duela, que desgarre, que raje.

 

Las hogueras del cielo es la segunda novela de Yolanda Fidalgo que con su primera obra, Mas allá de los volcanes, se alzó con el IV Premio Internacional de narrativa Marta de Mont Marçal. No tuve ocasión de leer aquella historia, pero no descarto hacerlo después del gran sabor de boca que me ha dejado la lectura de la novela cuya opinión comparto hoy.


Las hogueras del cielo puede considerarse una novela histórica, por lo que se refiere a la construcción del observatorio astronómico más grande del mundo y al trabajo que los astrónomos y demás personal llevaban a cabo, no solo en este, sino en los observatorios de la época.  Pero es, sobre todo, una novela intimista, centrada, sobretodo, aunque no de forma única, en los sentimientos y las emociones más íntimas de Ellie, la gran protagonista de esta historia.

 

- Abra su corazón, porque si no, hará de todo menos vivir

- Tampoco sufriré.

- La carencia también puede ser un sufrimiento. Es necesario un equilibrio.

 

Las hogueras el cielo es una novela que se centra en los férreos estereotipos sexuales y de género de principios del siglo XX y en el afán de superación de quienes se vieron constreñidos por ellos. Una novela en la que podemos identificar los primeros pasos de la revolución sexual, y el principio del empoderamiento femenino, aunque ni lo uno ni lo otro pudieran darse abiertamente sino tras un disfraz que muchas veces, más que una armadura constituían una jaula.

 

-              A la mayoría de  nosotras nos cortan las alas al nacer.

-              No solo a vosotras

-              A nosotras más

A ellas y a cualquiera que se sintiera diferente, que pensara que podía volar. Todos debían crecer con la mirada fija en el suelo, con la cabeza baja

 

Es una novela de perdidas vitales, de la inocencia, de la identidad e incluso, en ocasiones de la propia

vida, una novela sombría, en la que la oscuridad de la noche que se contempla desde el monte Wilson se confunde con la oscuridad con que la protagonista, en realidad prácticamente todos los protagonistas de esta novela, cubren su propio pasado, una oscuridad que trasciende de su interior, lleno de momentos difíciles, de tragedias que no son capaces de superar y que llevan a rastras para continuar una existencia que a menudo no se puede llamar vida.

 

En realidad no estaba vivo. Todo era un engaño. Uno no está vivo si no vive como desea. Se le puede llamar otra cosa, pero no vida.

 

Con una prosa cuidada y con capítulos cortos que enhebran en sí mismos el pasado y el  presente de forma continua, con una maestría que no conoce de bruscos cortes innecesarios, ni de la alternancia de los tiempos en capítulos separados, la autora nos ofrece una historia lóbrega, cruda, oscura y llena de secretos inconfesables pero iluminada siempre por un halo de esperanza.

La documentación manejada por la autora traspasa las páginas y tal y como enhebra presente y pasado, así enhebra los estudios astrológicos y las historia que hay detrás de las constelaciones, su conexión con la mitología, sin que en ningún momento esta información desentone ni resulte pesada, haciéndola parte de la trama casi como si de un personaje más se tratara.

 

Así vivía ella, oculta como esa pobre estrella, sin fuerzas para hacer otra cosa que quedarse allí, fija y escondida en la negrura de la noche.

 

En la historia encontramos personajes tiernos y personajes abominables. Personajes que son capaces de despertar nuestra empatía y nuestra solidaridad, como Ellie y Henry  esos gemelos que se erigen en el centro de la trama, como Oliver y Gant como Paul, personajes empeñados en comportarse como lo que no son, sin darse cuenta de que nadie puede, por mucho tiempo, luchar contra lo que somos, por mucho que nos empeñemos en escondernos, en ser otro. Una lección que Ellie aprende de Ckumu, un personaje que me ha parecido maravilloso, un indio sabio que es como el pepito grillo de la protagonista y que encuentra en ese ser la conciencia, en ese afán de protegerla, incluso de ella misma, la razón para vivir que creía perdida. Las conversaciones entre estos dos personajes me han parecido deliciosas, adelantadas al tiempo y el lugar en el que ambos viven y de lo más cabal.

 

A veces hay que mirar a la cara a nuestros propios demonios, sin miedo, aunque sea bajo la tormenta. Si no, nunca podremos aceptarlos.

 

Y junto a ellos, personajes odiosos, como ese padre, cuyo nombre no llegamos a conocer, o esos otros padres, que si identificamos y que se convierten en villanos buscando, según ellos, el bien de sus hijos aunque en realidad, solo pretendan salvaguardar su “respetabilidad”,  o el señor Jonhson, al que no sabría muy bien si definir como malo o simplemente como una marioneta cuyos movimientos están amarrados a las “veleidades” de su esposa o Hazel, esa mujer de su tiempo, a la que le han inculcado que llegar a ser una buena mujer pasa por ser una buena esposa y cuyo deseo, el de casarse al precio que sea, se convierte en el único objetivo de su vida.

 

Una mujer debe ser limpia. Esa es su principal virtud. Mira la casa de una mujer y podrás ver su alma. Casa pura, mujer pura. Casa sucia, mujer sucia.


Estamos, sin duda, ante una novela de grandísimos personajes que se mueven en una trama consistente. Una novela que nos habla de la igualdad y de la lucha por conseguirla, en todos los ámbitos, una novela que he disfrutado de la primera a la última página y a la que no puedo ponerle ni un pero. Una novela que me ha permitido conocer a una nueva autora, a la que, desde luego voy a seguir de cerca y disfrutar de una historia magnifica, llena de luchas, de incertidumbre, de secretos y, sobretodo, de la lucha por vivir de la forma en que nos dicta nuestro corazón, sin limitaciones sin sentido impuestas por la sociedad.   

 

La noche hay que sentirla, hay que dejarse abrazar por ella. Solo así podremos llegar a descifrar todos sus secretos. 

jueves, 5 de noviembre de 2020

Las Jaurías

Gil, Alberto (5.11.2020)

Las Jaurías

Novela ganadora del Premio L`H  Confidencial de Novela Negra 2020

Roca Editorial, Barcelona, 208 pp.

ISBN: 9788417968199

En abril de 1965, en un pueblo extremeño fronterizo con Portugal aparecieron los cadáveres del general Humberto Delgado y de su secretaria. Los asesinatos fueron obra de la policía política portuguesa, por encargo del dictador Oliveira Salazar y con la colaboración de Franco. Muchos años después, para Abel Castro, un viejo periodista en paro que trabajó en el caso, se trata de un asunto olvidado. Pero deja de serlo al recibir la visita de Catarina, una joven fotógrafa portuguesa que tiene el encargo de recorrer los escenarios de los crímenes y quiere aclarar un misterio que la atormenta. Coincidiendo con el asesinato de Humberto Delgado, el único hermano del padre de Catarina desapareció para siempre y ese hecho, como un veneno de efecto retardado, destruyó a toda su familia. Abel acabará acompañándola en un viaje fronterizo en el que descubrirán que aquel pasado inquietante y lejano aún está lleno de amenazas.

 

Al mirarlos siempre le ha asaltado la misma impresión de malestar: que tras ese muro impenetrable de actas, providencias, diligencias y peritajes, se dibujaban unos hechos brutales. Y que las parrafadas del sumario hacían aun más indigesto un crimen de Estado perpetrado por un hatajo de matones que cumplían órdenes como empleados competentes. En sus despachos de la PIDE, los autores intelectuales pusieron un nombre poético a aquella ceremonia sangrienta, Operación Otoño, y mientras se cometía el doble crimen seguramente asistían a solemnes actos públicos como hombres ejemplares. Gente por encima de toda sospecha. Al regresar a Lisboa, también los asesinos entrarían en sus casas, besarían a sus mujeres y abrazarían a sus hijos con la satisfacción del trabajo bien hecho.

 

La novela que hoy comento es una de esas historias que se deslizan entre los dedos y ante tus ojos sin apenas ser consciente. Y no solo porque sea una novela relativamente corta, de poco más de 200 páginas, sino porque avanza frenéticamente en una narración que no te suelta, que te arrastra, en la que el autor es conciso y concreto, en la que la historia huye de descripciones innecesarias, de detalles superfluos, de distracciones en detalle alguno que no sea vital y necesario para la historia.

El autor ofrece una prosa nítida, compaginando el narrador omnisciente ajeno al relato que nos lo
transmite desde fuera ofreciéndonos una visión general de la trama y que lo sabe todo, con el narrador subjetivo en el personaje de Abel, cuya voz, a través de pequeños extractos nos transmiten una visión más personal, más humana, más sentimental de la historia que se narra.

Tomando como base un hecho histórico real, el asesinato de estado del General portugués Humberto Delgado y su secretaria, en tierras extremeñas, Alberto construye una novela negra que gira en torno a la desaparición de otro ciudadano portugués en el mismo lugar y alrededor de las mismas fechas en que se produjo el asesinato.

Con estas premisas el autor elabora una dura crítica a las dictaduras española y portuguesa que dominaron la segunda mitad del siglo XX, a sus métodos y a una colaboración sin escrúpulos con el objetivo análogo de mantenerse en el poder ganado por la fuerza y el miedo a costa de silenciar aquello y a aquellos que no les fueran afines, de mantener a raya a todo aquel que supusiera, aun remotamente una amenaza para la estabilidad de estos “gobiernos”. Una colaboración que se dio especialmente en las fronteras que separan ambos países y especialmente en la Raya, una frontera sinuosa y difusa que sirvió, además de para la colaboración entre las fuerzas de los estados, para el contrabando entre los dos países. No solo de alimentos y medicamentos, sino incluso de personas que de una u otra forma pretendían escapar de aquellos regímenes en los que valían más vivos que muertos.

En busca de respuestas emprenden el viaje nuestros protagonistas, una pareja tremendamente desigual. Ella, Catarina, movida por él desea y la necesidad de desvelar el oscuro pasado de sus pérdidas familiares, él, Abel, treinta años mayor que ella, movido por la curiosidad, por una investigación inacabada, por el aburrimiento  o por una especie de obligación paternal hacia el hijo que se aleja de su vida y que es su nexo de unión con la joven.

En este viaje, que es mucho más que un recorrido físico, ambos realizan un recorrido vital en pos de la


verdad, sea esta la que sea. Y es que si la verdad es dolorosa, más lo es aun, descubrir que la verdad que te muestran sigue siendo una mentira dentro de otra mayor.

 

-              Cuando supieron que trabajaba para nosotros, decidieron extender el bulo de que era un chivato para ir preparando las represalias. Incluso dijeron que participaba en las cacerías. Imagino que ustedes ya saben cómo funcionan los rumores en las ciudades pequeñas. Solo faltaba encontrar un verdugo sin escrúpulos.

 

Es esta una novela llena de supervivientes, muchos de los cuales lo fueron a base de mentiras, sobornos y traiciones a los suyos, a los que como ellos, solo buscaban la forma de salir adelante, en un tiempo en el que, como dice uno de los personajes más crueles de la historia “algo había que hacer para vivir”.

Es una novela llena de muertes sin sentido y torturas innecesarias. Y es, sobre todo, una novela llena de silencios y de miedos, porque a pesar del tiempo que transcurra hay historias que algunos prefieren no remover, los que las vivieron, a menudo por su sentimiento de culpa y los que, aunque ni las recuerden, aunque ni siquiera estuvieran en este mundo cuando sucedieron por miedo a que lo que les contaron no fuera una verdad tan absoluta como les hicieron creer, a que quienes se lo contaron no fueran tan honestos como les hicieron creer. En ambos, en unos y en otros, existe un miedo visceral a  perder un estatus, un respeto ganado sobre las miserias de otros, ganado en el seno de esas jaurías que lanzan dentelladas a cualquier atisbo de amenaza. Un miedo irracional a que todos puedan ver la realidad que se esconde tras esa capa de respetabilidad que exhiben con orgullo.

 

Hay una especie de conjura universal a favor del olvido. Una tenaz vocación de destruir todo aquello que ofrezca amarres a nuestra memoria, hasta dejarla como una balsa a la deriva. Un afán de borrar indicios, anegar recuerdos, arrasar territorios y condenar edificios a la ruina. Un propósito más o menos deliberado de que todos caigamos en una forma de amnesia y un estado de desamparo del que no somos conscientes. Y a veces también hay una voluntad de intimidar, como la de esos malnacidos que nos han dejado su firma en el camino de Los Malos Pasos.

 

Ha sido, desde luego, una novela que me ha hecho disfrutar y que me ha dado la oportunidad de conocer la forma de vida de unos personajes, los contrabandistas, cuya realidad queda muy lejos de esa idea romántica que, a menudo, la literatura, el cine y la televisión nos han querido transmitir.

 

-              A los contrabandistas que no querían pasar por el aro. Con el apoyo de los peces gordos, el contrabando llegó a ser muy lucrativo, Comprando ciertas voluntades, se podía pasar de todo: medicinas, divisas, personas… Pero esto convertía a los contrabandistas en siervos, se llevaban una miseria, y algunos decidían ir por libre. A esos les mandaban la Patrulla Negra.

martes, 3 de noviembre de 2020

Todos estábamos vivos

 Llamas, Enrique (2020)

Todos estábamos vivos

AdN, Madrid, 288 pp.

ISBN: 978-84-9181-821-2

 

Madrid, 9 febrero de 1980. Los más modernos de la capital se acicalan para asistir a un concierto en la Escuela de Caminos de la Universidad Politécnica, que con el tiempo se convertirá en un hito al ser considerado como el comienzo de la Movida Madrileña. Nadie quiere perdérselo: allí estará la joven Adela, hija de una actriz retirada y un marqués; Diana, que tiene oscuros tratos con siniestros personajes que la buscan por toda la ciudad; Teo, el novio de ésta, que aspira a consagrarse como el cantante de moda y Ric, novio de Aldo, el chico para todo que arregla tuberías atascadas. Al concierto también acudirá Siberia; esa diosa punk que brilla con luz propia y parece atraer a todos y todas. La mañana del día siguiente ya nada será igual: uno de ellos aparecerá muerto en un portal del barrio de Malasaña y todos, de alguna manera, habrán perdido parte de su inocencia.

 

El “Concierto Homenaje a Canito” ya era considerado el inicio de la llamada Movida Madrileña, un movimiento cultural que chocó de lleno con la España del momento y que ha sido contado, únicamente, por aquellos que lograron sobrevivirla.


Yo era aún una niña cuando comenzó lo que se dado en llamar "la Movida Madrileña", pero mi adolescencia que coincidió  con el final de aquella década de los  80  estuvo acompañada por la banda sonora de Los  Secretos, de Mama, de Nacha Pop, de Alaska y de tantos otros grupos de nacieron al calor de aquella etapa.


La ciudad donde crecí, tan cerca geográficamente a la capital pero a años luz de su movimiento "contracultural" , me hicieron ver siempre con envidia y cierto halo de romanticismo aquellas imágenes que en la televisión reflejaban la vida "alegre" que se vivía en las calles de Madrid.

Ya dice Sabina que "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" y creo que eso es lo que a mí me movía de esa época y lo que me llevó, cuando me vine a vivir a Madrid muchos años después a  no perdonar una noche en el Penta y muchas noches de callejeo por una Malasaña mucho menos sórdida de lo que lo fue entonces.

Esa distancia  temporal y espacial es sin duda la que creó, al menos en mi caso, una imagen bucólica e idealizada de lo que ocurrió entonces, y es esa imagen y esa idea romántica  de la que hablaba al principio la que Enrique desmonta en cada línea de Todos estábamos vivos.

El autor desnuda la Movida ante nuestros ojos para mostrarnos una realidad cruda y oscura, en la que la entidad se desgaja en los individuos que la conforman. Esos individuos viviendo una libertad recién estrenada, una libertad que les llevaba a beberse la vida a "tragos largos", tan largos que a algunos, a demasiados, se les atragantaron y les impidieron seguir respirando.

Una libertad que mermó a toda una generación, que se llevo por delante a pobres  y a  ricos, a personas


anónimas y a personajes conocidos, a cultos y a ignorantes... una libertad que muchos pagaron cara, que dejó plagadas  las calles de jeringuillas y los portales de cuerpos destartalados de jóvenes recién estrenados que nunca dejarían de serlo.

Todo eso nos cuenta el autor en la novela, con una forma de narrar que te arrastra a los locales de ensayo, a las casas de puertas siempre abiertas, a los sueños de ser famoso, a las amistades que todo lo comparten, hasta una jeringuilla pasada solo por el agua, que te hunde en el infierno del "mono", en las consecuencias de un "mal viaje" y en la incertidumbre de aquellas escapadas a Londres que muchas jóvenes españolas no  tuvieron más remedio que realizar para seguir viviendo sin ataduras esa  vida que deseaban seguir exprimiendo en libertad.

 

La música que sonaba, tétrica y eléctrica, repetía en bucle los mismos compases. Comprendió entonces Teo que él era un cachivache lleno de polvo en aquella fiesta que, le habían dicho, iba a ser la de verdad. De verdad siempre y cuando, pensaba, pudiera ir con ellos, volar a su nivel. Sin embargo, desde fuera, desde el patetismo con el que los observaba, entendió que lo necesario era descender de nuevo, quizá un tiro más, para entender por qué aquellos acordes eran la mejor manera de empezar el año.


Si los escenarios que nos describe en esas traseras de la Gran vía y en esas casas destartaladas son veraces y crueles no lo son menos los personajes que los ocupan. Desde los soñadores a los que ya no tienen nada que perder, desde las grandes damas del teatro a las viejas glorias que se niegan a serlo, desde los íntimos amigos forjados en el ansia de vivir hasta los amigos de siempre que no lo son tanto, todos son personajes de verdad, los que vivieron ese tiempo y los que, a pesar de haber nacido de su imaginación es más que posible que hubieran poblado aquellas calles en aquellos momentos. Nada desentona ni en los unos ni en otros, nada es incoherente ni siquiera en su interacción, en esos escenarios en que las fronteras entre “clases” estaban poco o nada definidas, en los que convivían los habitantes de Vallecas y del barrio de Salamanca. En todas y cada una de las páginas esta historia está llena de verdad, de una verdad no siempre cómoda de descubrir, pero al fin y al cabo, lo que fue es lo que es.

 

Un animal inmenso, una bestia ansiosa se movía dentro de cada uno de nosotros y clamaba por salir, creciendo hasta reventarnos la piel desde dentro.

 

Esta novela ha supuesto para mí un viaje emocional extenuante por lo que para mí ha supuesto quitar el velo que llevo años manteniendo, pero os aseguro que ha sido una de las novelas que más me ha emocionado de las que este año he leído.

No es una historia bonita como no puede serlo ninguna que ahonde en las "cloacas" de la movida, es un


disparo a la línea de flotación de lo que creíamos saber de lo que fue aquel movimiento, pero es una historia tan "de verdad" que al finalizarla, ese romanticismo del que hablaba al principio, se ha convertido en una tremenda tristeza.

Volver a leer a Enrique ha sido un verdadero placer, leer su prosa sin artificios, directa y sincera en lo que nos quiere contar, en lo que nos cuenta, en lo que, estoy segura contarían los que aún siguen vivos.

 

-              Ha aguantado un par de días en el hospital. Se me queda el cuerpo frío cuando lo pienso. No puedo creer que alguien de nuestra edad pueda morir. De repente.

 

Os aconsejo que le deis una oportunidad a esta lectura, a los que como yo no la vivierais de primera mano para tener una idea más acertada de lo que supuso la movida más allá de aquella "revolución musical" y a los que la vivisteis porque seguro que podéis identificar muchas de las escenas y de los personajes que desfilan por estas páginas. Y  a todos, en general, si queréis disfrutar de una historia tremendamente adictiva y atractiva tanto en su fondo como  en su forma.


Alternábamos los funerales de nuestros abuelos con los de nuestros amigos. Cuando nuestro país parecía empezar a arder en el fuego de una pasión nueva, recién estrenada, nosotros nos congelábamos. Cuando los que íbamos  quedando nos juntábamos, no nos atrevíamos a preguntar quien había sido el último muerto, y a pesar del miedo, del abismo por el que habían caído muchos y que nos arrastraban que tiraba de nuestra piel como si los huesos se desprendieran de ella, seguíamos

jugando un día tras otro, incapaces de renunciar a una partida hecha por la adicción y el azar. A veces hacíamos línea y sabíamos que, en cuestión de tiempo, haríamos el cartón entero. Tacharíamos todos los números. Cada cartón era para nosotros el último, como una amenaza o como una promesa, y éramos incapaces de detener esa espiral que nos liberaba del dolor físico, de unas articulaciones que sudaban, que nos hacían tiritar. Del dolor de la muerte del amigo. Del cuerpo que amanecía frio, a medianoche, en el banco de enfrente o de al lado. Hacía poco, muy poco, todos estábamos vivos y en nuestras caras se reflejaban nuestras infancias. Habíamos recibido un regalo inmenso, no un regalo cualquiera, un regalo para una fecha señalada que, cuando se repitiera, no iba a tener más entidad que la del aniversario. Un regalo envuelto en un celofán brillante, demasiado aparatoso para el tamaño de su contenido. Pero no de su valor.


lunes, 26 de octubre de 2020

Hilatura

Andrés Ramos, Alicia (2020)
Hilatura
Editorial Niña Loba, Sevilla, 528 pp.
ISBN: 978-84-122262-3-2


Hilatura gira en torno a una bobina de hilo que entrama tiempos, orillas y personajes. Dos hermanos, Aurelia y Valentín, unidos por un cordel que ella le ata a la muñeca antes de que emigre a América en un mercante, son el eje de una narración coral que abarca medio siglo de intrahistorias en una aldea sin nombre ni ubicación, un punto aislado en el mapa cuya memoria agoniza.

Esta novela da cuenta de un mundo a punto de desaparecer: el territorio de la fábula, el origen del mito. En sus páginas se devanan las miserias y hallazgos de un pueblo que es una herida abierta al mar, a la intemperie de los días.

Participaremos de un realismo asombrado cuyo hilo enhebra sirenas, nostálgicos envenenados, playas de corales blancos, negras vírgenes. Mujeres y hombres sepultados bajo la fina arena de un reloj que avanza a cada página.

 

Cuando un hombre olvida como se llama, decía su madre acariciándole una mejilla, ha perdido para siempre el hilo de su vida.

 

Hilatura es la novela que recibí a través de la iniciativa Masa crítica de Babelio.

Cuando leí la sinopsis comprendí que era un libro que se salía de la “norma” y cuando lo recibí pude comprobar el mimo y el cuidado con que la editorial había tratado la novela. En su aspecto material, es un libro con una cubierta preciosa y un gramaje grueso tanto de esta como de las páginas, con el tamaño justo y la maquetación perfecta, un libro que por sí solo ya apetece hojear. Pero es que además la editorial añadió a este envío una serie de detalles que sin salirse de lo que toca, la lectura, hacen esta aún más especial, invitándote a acompañarla con una taza de té y a marcar tu avance con el marcapáginas, imagen del propio libro. Vaya, que la cosa no podía empezar mejor.


Y con estas premisas, comencé la lectura de una historia que estoy segura que voy a tardar en olvidar.

Hilatura es una historia referida por un narrador omnisciente que relata la vida de una aldea, una aldea de nombre desconocido, en un tiempo desconocido que intuimos por ciertos acontecimientos y que vive de cara al mar y de espaldas a la montaña, quedando aislada geográficamente y casi suspendida temporalmente entre esas dos fronteras naturales.

El narrador expone el día a día de la vida de la aldea, una aldea que vive de cara al mar del que les llega la vida y también la muerte. Y nos cuenta, sobretodo, la historia de Aurelia, a la que conocemos siendo niña, un personaje que, al contrario que el resto de los aldeanos se empeña en vivir de espaldas al mar y de cara a una tierra a la que se siente atada desde su más tierna infancia.

 

La vida la expulsaba a patadas de la infancia y ese exilio aumentaba su desconcierto. ¿Cuál era su territorio?¿Donde se hallaba el primer metro de tierra firme?.

 

La historia está narrada en cuatro tiempos que se centran en los cuatro tiempos de Aurelia, tiempos que siempre son convulsos para esta protagonista que conocemos siendo apenas una  niña obligada a convertirse en adulta en las peores circunstancias. Un personaje peculiar por sus circunstancias, fuerte a base de necesidad, solitaria por obligación, extraña a los ojos de todos, no por su deseo de ser extraña, sino por la misma vida extraña que le toca vivir.

En cada una de las partes un mal se yergue sobre la aldea, el abuso, la venganza, la envidia, la codicia,


la ira…. de la mano de personajes que aparecen para cambiar el paisaje de la aldea, para acompañar o hacer sentir aún mas ajena de los suyos a Aurelia, en ese duro camino que es su supervivencia en una aldea en la que la solidaridad brilla por su ausencia, en la que cada cual busca solo su provecho sin importarle el de los demás. Algunos personajes llegan y se hacen fuertes en la aldea habitándola para siempre, otros llegan y desaparecen para no volver, algunos vuelven y se van sin pausa, unos acaban regresando a sus raíces y otros, los menos, desaparecen con una promesa de regreso dejando tras de sí una estela de espera sin descanso.

 

No lo había acogido por lastima; su cuerpo desplomado a la intemperie le había rozado el alma como una bala de hielo, pero su propia soledad la había inmunizado contra los males del mundo y sufrimiento ajeno pasaba ante sus ojos sin dejar excesiva huella.

 

Cada una de las partes finaliza con una muerte que parece cerrar el ciclo de existencia de los pecados que asolan cada etapa y abrir la puerta a pecados nuevos que se harán fuertes en el ciclo siguiente. Pero no creáis que la muerte es justa, en esta historia la muerte no se lleva a los malos, porque las consecuencias de esos pecados no distinguen entre culpables e inocentes y a veces, muy a menudo, son los menos responsables los que pagan los “platos rotos”.

A través de este narrador la autora nos arrastra lentamente al corazón de la historia, línea a línea, página
a página, hasta hacernos parte de esos aldeanos que esconden tesoros y miserias, de esas calles por las que transitan los personajes más indiferentes y ruines, mientras, desde lo alto, ajena a todo lo que ocurre en esas calles, a aquellas gentes y de aquella línea que separa tierra y mar, Aurelia teje en el altillo y extiende su hilo desde el granero para seguir los avatares de un hermano que se alejó joven y al que ella espera tejiendo como Penélope espero el regreso de Ulises. Una vida rendida a esa espera, sin sueños, sin motivación, sin deseos, sin amor, tan solo ese ver pasar un día tras otro suspendido el tiempo y lo que este significa en la esperanza de que el mar le devuelva a quien le robó.

Estamos frente a una novela profunda, llena de aristas, una novela compleja escrita con la maestría del relojero que ensambla la más mínima pieza de forma precisa para que la maquinaria funcione. Y así, Alicia hace de esta una novela tremenda en su crudeza y coherente en las miserias que enlaza una tras otra dando solidez a un relato que nos hace temblar de miedo al fanatismo y a la ignorancia, de pena ante la ceguera auto impuesta y la falta de empatía hacia el sufrimiento y la soledad del otro… una novela de oscura desesperanza que a veces se alumbra: en esa sororidad extraña que se teje sin palabras entre Aurelia y Selva,  en esa complicidad extraña entre Valentín y Heliófilo, ese maestro más apegado al cielo que a la tierra, en el sentimiento de culpa de Don Paco y de la Generala, en el amor de Tomás Golondrina, de Teresa Valero, en la piedad de Paris. Esos personajes que nos llevan a creer que, dentro de esa falta de humanidad de los aldeanos, aun queda algo que rescatar.


Eres muy afortunada, pero será mejor que nadie se entere, le advirtió sin apartar la vista del recién nacido. En esta aldea la felicidad dura menos que un suspiro. 


La aldea evoluciona y cambia ante nuestros ojos, sin embargo Aurelia se mantiene imperturbablemente inmóvil, ajena a los avances que para los demás suponen la propia vida, anclada a esa tierra como los están las plantas, obsesionada con la única idea que le hace despertar cada mañana.

Estamos ante una novela lírica y onírica, escrita con un lenguaje cuidado y cuidadoso, una novela que es necesario leer despacio para paladear su prosa, y que, además, hay que leer despacio, porque desprende, en ocasiones, tanto dolor que la angustia te aplasta el pecho.

Por si no ha quedado clara mi experiencia con esta lectura, resumo: si queréis disfrutar de una novela que se sale de lo habitual no podéis dejar pasar esta lectura, si además  apreciáis una narración exquisita no puedo más que recomendaros encarecidamente la novela y a su autora a la que, estoy segura, le quedan muchas historias que contar.

Por aquella fisura no solo se coló el viento del sur sino un caudal de acontecimientos que sacudieron la anquilosada civilización de los hombres del mar y de la tierra, derribando a su paso los últimos parapetos que los habían protegido del paso del tiempo. Fue así como en apenas cinco años transcurrieron varias décadas. 

jueves, 22 de octubre de 2020

Tierra del Fuego

Engman, Pascal (22.10.2020)
Tierra del Fuego
Roca Editorial, Barcelona, 480 pp.
ISBN: 9788417805883

En Estocolmo empresarios millonarios están siendo secuestrados y sus familiares extorsionados para poder recuperarlos. Además de por su riqueza, la policía no es capaz de encontrar más conexiones entre las víctimas, y las que han sido liberadas no quieren decir ni una sola palabra.
Dos amigos de la infancia se convierten en gánsteres esperando encontrar la vida que creen merecer, pero pronto se encontrarán atrapados en un peligroso juego que escapa a su control.
En Chile, un mercado de tráfico de órganos muy bien organizado lucha por mantener el delicado equilibrio entre la oferta y la demanda. Pero, para encontrar nuevos cuerpos, necesitarán mirar más allá de la sombra de los Andes y de las antiguas colonias nazis, donde todo comenzó una vez.
La detective Vanessa Frank se implicará de nuevo en un caso que se terminará convirtiendo en el más importante de su carrera profesional.

¿Hay algo que le pese mas a una persona que ir arrastrando secretos?

El pasado verano volvimos a Chile, después de siete años, ha pasado poco tiempo desde ese mes de Agosto, pero han sucedido tantas cosas y la situación de hemos vivido ha sido tan extraña, que a veces me da la impresión de que ha sucedido en otra vida.
En esos días decidimos visitar el Museo de la Memoria, era algo pendiente desde que en mi primera
visita me empeñara en visitar la Moneda y la estatua de Allende. No era un mal día, por la tarde íbamos a hacer una barbacoa, asique la mañana la utilizamos para acercarnos al museo.
Cuando acabamos la visita, las ganas de fiesta se quedaron perdidas entre los testimonios que desde los monitores me hacían temblar de miedo, de ira y de tristeza, testimonios de niños robados, de supervivientes de la tortura, de hijos y nietos de los que no superaron el dolor…
Colonia Dignidad, escuchar el nombre hace que las lagrimas afloren de nuevo, colonia dignidad hace que me plantee si el instinto de supervivencia es capaz de superar la maldad de los que se empeñan en doblegar la vida de otros, en destruirlos sin matarlos, en convertirlos en despojos humanos que ya no volverán a vivir, aunque sus corazones  sigan latiendo.
El libro de Pascal Engman me ha traído esos recuerdos a la memoria, ¿como es posible conectar Suecia con la Colonia Rhein?, no es fácil, eso es evidente, pero así como la maldad humana no tiene límites, parece que tampoco tiene fronteras y es capaz de manifestarse en un lugar y tener su eco en la otra punta del mundo, en la tierra del fuego.
Y es que hay cosas que no cambian y aunque no lo creamos, o no lo queramos creer, por desgracia, siguen existiendo en el mundo lugares, que disfrazados de legalidad, siguen siendo escenarios de iguales atrocidades, búnkeres subterráneos escondidos en paisajes idílicos de bosques y lagos, en comunidades en las que todos intuyen, pero todos callan, porque los brazos del poder llegan muy lejos y no se sabe muy bien en quien se puede confiar, pues  hasta aquellos cuyo deber es servir y
proteger a veces se olvidan de que se deben a los demás y se cuidan solo de sí mismos, a costa de lo
que sea y de quien sea.

Ya antes del golpe militar de 1973, los inmigrantes habían sido recibidos con ilusión y habían sido protegidos por los políticos locales, los altos mandos policiales, la iglesia católica y el tejido industrial chileno. Pero a partir de la llegada al poder del general Pinochet el flujo de alemanes fue en aumento. Colonia Rhein y Colonia Dignidad se convirtieron en centros de tortura y fabricas de armas, financiados y protegidos por la dictadura. En los laboratorios se experimentaba con armas químicas: en Colonia Rhein todavía había contenedores enterrados llenos de gas sarín.
Mientras que el otro enclave alemán, Colonia Dignidad, había implosionado desde que su gobernador había sido condenado por abusos a menores chilenos, Colonia Rhein había sobrevivido y se había adaptado a los nuevos tiempos.
[…]
Los alemanes generaron miles de puestos de empleo. Y por esa razón los políticos dejaron que hiciera la suya, siempre y cuando pagaran sus impuestos y contribuyeran a mantener el empleo.

El autor conecta magistralmente dos escenarios, Suecia y Chile, y lo hace a través de una serie de personajes enormes, unos personajes sin fisuras.
La vida hace extraños compañeros de viaje.
Una mujer policía,  que no lo es por vocación,  ni por convicción, ni siquiera por necesidad, sino por rebeldía y que, sin embargo, es una grandísima policía, intuitiva, perspicaz y que cuenta, además, y aunque a ella misma le cueste reconocerlo con el don de la empatía y un instinto más que desarrollado para saber con quién serlo.
Un delincuente con principios, un delincuente con un pasado de honor manchado, un delincuente intentando hacer el bien a través de los medios equivocados, un delincuente que busca a través de mal bien superior, para él y para los suyos.
Una pareja extraña, que funciona, que se complementa, que se alía para llevar a cabo una misión que parece desde el principio abocada al fracaso, una misión solo apta para valientes o para suicidas.

Estaba convencido de que, quitando algunas vidas, había salvado muchas otras.

Un amigo que le debe todo a los principios del anterior, un amigo que es capaz de vender al único referente de su vida a cambio de dinero, mujeres y un lugar en el mundo, un amigo, al que el resentimiento, la desconfiada y su propia inseguridad transforman en un ser irracional y como tal, en un peligroso enemigo.

Eso Nicolas no lo entendía. El siempre lo había tenido fácil,. Con las chicas, los amigos, el deporte, la escuela. Nicolas había sido la razón por la que Iván había sido aceptado. Su salvoconducto para acceder al mundo.

Un líder que disfruta siendo líder, un líder del mal a quien no le importa el delito, ni lo que implica si supone prestigio y sobretodo dinero, a montones, para él.

Con estos personajes y los de allende los mares que se creen por encima del bien y del mal, que  bofetadas de realidad y rompe esa coraza que la distancia crea en nosotros, porque su novela hace esas imágenes reales, cercanas, VERDAD.
suponen que los tentáculos de su poder pueden llegar a cualquier parte sin sufrir consecuencias y que manejan con mano de hierro sus “inversiones”, el autor se empeña en ponernos delante todas las miserias humanas, hasta las que, a fuerza de imágenes mil veces repetidas, parecen no hacer mella en nuestro espíritu, la corrupción, el tráfico de personas, los niños de la calle, el acoso, la violencia contra mujeres, niños y discapacitados, la drogadicción, la tragedia de los refugiados… el autor nos da una tras otra cientos de
Vanessa recordaba las imágenes de las largas colas de gente que en verano y otoño de 2015 habían caminado hacia el norte por las autovías de Europa cargando sus pertenencias a la espalda. Había sentido compasión por ellos, pero al mismo tiempo le había resultado irreal. Eran tantos que al final las caras se fundían en una amalgama gris. Pero en algún punto de esa masa había estado caminando la chica que ahora tenía enfrente. Sola.

Con un ritmo ágil que consiguen los capítulos cortos y la alternancia de los escenarios y las tramas, el autor consigue que la novela se pegue a nuestras manos y a nuestra mente, que no seamos capaces de parar, que necesitemos saber que ocurrirá después, que guardemos la esperanza de que los malos no ganen siempre, no lo ganen todo.
Ha sido una gran experiencia descubrir a este autor y ha sido una grandísima experiencia leer esta novela que, de ninguna manera, te deja indiferente.

Llorar seguro que es bueno y purificante. Supongo que la gente se sienta aquí y te llora todo lo que quiere, y seguro que eso les hace bien. Cuando tú vuelves a casa te imaginas que has conseguido penetrar en sus mentes. Que has hecho un buen trabajo. Que has salvado otra alma. Seguro que lo has hecho, pareces amable e inteligente y supongo que has ido a una buena universidad. Pero te aseguro una cosa. A mí no me veras nunca llorar, porque yo no lloro.