jueves, 5 de noviembre de 2020

Las Jaurías

Gil, Alberto (5.11.2020)

Las Jaurías

Novela ganadora del Premio L`H  Confidencial de Novela Negra 2020

Roca Editorial, Barcelona, 208 pp.

ISBN: 9788417968199

En abril de 1965, en un pueblo extremeño fronterizo con Portugal aparecieron los cadáveres del general Humberto Delgado y de su secretaria. Los asesinatos fueron obra de la policía política portuguesa, por encargo del dictador Oliveira Salazar y con la colaboración de Franco. Muchos años después, para Abel Castro, un viejo periodista en paro que trabajó en el caso, se trata de un asunto olvidado. Pero deja de serlo al recibir la visita de Catarina, una joven fotógrafa portuguesa que tiene el encargo de recorrer los escenarios de los crímenes y quiere aclarar un misterio que la atormenta. Coincidiendo con el asesinato de Humberto Delgado, el único hermano del padre de Catarina desapareció para siempre y ese hecho, como un veneno de efecto retardado, destruyó a toda su familia. Abel acabará acompañándola en un viaje fronterizo en el que descubrirán que aquel pasado inquietante y lejano aún está lleno de amenazas.

 

Al mirarlos siempre le ha asaltado la misma impresión de malestar: que tras ese muro impenetrable de actas, providencias, diligencias y peritajes, se dibujaban unos hechos brutales. Y que las parrafadas del sumario hacían aun más indigesto un crimen de Estado perpetrado por un hatajo de matones que cumplían órdenes como empleados competentes. En sus despachos de la PIDE, los autores intelectuales pusieron un nombre poético a aquella ceremonia sangrienta, Operación Otoño, y mientras se cometía el doble crimen seguramente asistían a solemnes actos públicos como hombres ejemplares. Gente por encima de toda sospecha. Al regresar a Lisboa, también los asesinos entrarían en sus casas, besarían a sus mujeres y abrazarían a sus hijos con la satisfacción del trabajo bien hecho.

 

La novela que hoy comento es una de esas historias que se deslizan entre los dedos y ante tus ojos sin apenas ser consciente. Y no solo porque sea una novela relativamente corta, de poco más de 200 páginas, sino porque avanza frenéticamente en una narración que no te suelta, que te arrastra, en la que el autor es conciso y concreto, en la que la historia huye de descripciones innecesarias, de detalles superfluos, de distracciones en detalle alguno que no sea vital y necesario para la historia.

El autor ofrece una prosa nítida, compaginando el narrador omnisciente ajeno al relato que nos lo
transmite desde fuera ofreciéndonos una visión general de la trama y que lo sabe todo, con el narrador subjetivo en el personaje de Abel, cuya voz, a través de pequeños extractos nos transmiten una visión más personal, más humana, más sentimental de la historia que se narra.

Tomando como base un hecho histórico real, el asesinato de estado del General portugués Humberto Delgado y su secretaria, en tierras extremeñas, Alberto construye una novela negra que gira en torno a la desaparición de otro ciudadano portugués en el mismo lugar y alrededor de las mismas fechas en que se produjo el asesinato.

Con estas premisas el autor elabora una dura crítica a las dictaduras española y portuguesa que dominaron la segunda mitad del siglo XX, a sus métodos y a una colaboración sin escrúpulos con el objetivo análogo de mantenerse en el poder ganado por la fuerza y el miedo a costa de silenciar aquello y a aquellos que no les fueran afines, de mantener a raya a todo aquel que supusiera, aun remotamente una amenaza para la estabilidad de estos “gobiernos”. Una colaboración que se dio especialmente en las fronteras que separan ambos países y especialmente en la Raya, una frontera sinuosa y difusa que sirvió, además de para la colaboración entre las fuerzas de los estados, para el contrabando entre los dos países. No solo de alimentos y medicamentos, sino incluso de personas que de una u otra forma pretendían escapar de aquellos regímenes en los que valían más vivos que muertos.

En busca de respuestas emprenden el viaje nuestros protagonistas, una pareja tremendamente desigual. Ella, Catarina, movida por él desea y la necesidad de desvelar el oscuro pasado de sus pérdidas familiares, él, Abel, treinta años mayor que ella, movido por la curiosidad, por una investigación inacabada, por el aburrimiento  o por una especie de obligación paternal hacia el hijo que se aleja de su vida y que es su nexo de unión con la joven.

En este viaje, que es mucho más que un recorrido físico, ambos realizan un recorrido vital en pos de la


verdad, sea esta la que sea. Y es que si la verdad es dolorosa, más lo es aun, descubrir que la verdad que te muestran sigue siendo una mentira dentro de otra mayor.

 

-              Cuando supieron que trabajaba para nosotros, decidieron extender el bulo de que era un chivato para ir preparando las represalias. Incluso dijeron que participaba en las cacerías. Imagino que ustedes ya saben cómo funcionan los rumores en las ciudades pequeñas. Solo faltaba encontrar un verdugo sin escrúpulos.

 

Es esta una novela llena de supervivientes, muchos de los cuales lo fueron a base de mentiras, sobornos y traiciones a los suyos, a los que como ellos, solo buscaban la forma de salir adelante, en un tiempo en el que, como dice uno de los personajes más crueles de la historia “algo había que hacer para vivir”.

Es una novela llena de muertes sin sentido y torturas innecesarias. Y es, sobre todo, una novela llena de silencios y de miedos, porque a pesar del tiempo que transcurra hay historias que algunos prefieren no remover, los que las vivieron, a menudo por su sentimiento de culpa y los que, aunque ni las recuerden, aunque ni siquiera estuvieran en este mundo cuando sucedieron por miedo a que lo que les contaron no fuera una verdad tan absoluta como les hicieron creer, a que quienes se lo contaron no fueran tan honestos como les hicieron creer. En ambos, en unos y en otros, existe un miedo visceral a  perder un estatus, un respeto ganado sobre las miserias de otros, ganado en el seno de esas jaurías que lanzan dentelladas a cualquier atisbo de amenaza. Un miedo irracional a que todos puedan ver la realidad que se esconde tras esa capa de respetabilidad que exhiben con orgullo.

 

Hay una especie de conjura universal a favor del olvido. Una tenaz vocación de destruir todo aquello que ofrezca amarres a nuestra memoria, hasta dejarla como una balsa a la deriva. Un afán de borrar indicios, anegar recuerdos, arrasar territorios y condenar edificios a la ruina. Un propósito más o menos deliberado de que todos caigamos en una forma de amnesia y un estado de desamparo del que no somos conscientes. Y a veces también hay una voluntad de intimidar, como la de esos malnacidos que nos han dejado su firma en el camino de Los Malos Pasos.

 

Ha sido, desde luego, una novela que me ha hecho disfrutar y que me ha dado la oportunidad de conocer la forma de vida de unos personajes, los contrabandistas, cuya realidad queda muy lejos de esa idea romántica que, a menudo, la literatura, el cine y la televisión nos han querido transmitir.

 

-              A los contrabandistas que no querían pasar por el aro. Con el apoyo de los peces gordos, el contrabando llegó a ser muy lucrativo, Comprando ciertas voluntades, se podía pasar de todo: medicinas, divisas, personas… Pero esto convertía a los contrabandistas en siervos, se llevaban una miseria, y algunos decidían ir por libre. A esos les mandaban la Patrulla Negra.

martes, 3 de noviembre de 2020

Todos estábamos vivos

 Llamas, Enrique (2020)

Todos estábamos vivos

AdN, Madrid, 288 pp.

ISBN: 978-84-9181-821-2

 

Madrid, 9 febrero de 1980. Los más modernos de la capital se acicalan para asistir a un concierto en la Escuela de Caminos de la Universidad Politécnica, que con el tiempo se convertirá en un hito al ser considerado como el comienzo de la Movida Madrileña. Nadie quiere perdérselo: allí estará la joven Adela, hija de una actriz retirada y un marqués; Diana, que tiene oscuros tratos con siniestros personajes que la buscan por toda la ciudad; Teo, el novio de ésta, que aspira a consagrarse como el cantante de moda y Ric, novio de Aldo, el chico para todo que arregla tuberías atascadas. Al concierto también acudirá Siberia; esa diosa punk que brilla con luz propia y parece atraer a todos y todas. La mañana del día siguiente ya nada será igual: uno de ellos aparecerá muerto en un portal del barrio de Malasaña y todos, de alguna manera, habrán perdido parte de su inocencia.

 

El “Concierto Homenaje a Canito” ya era considerado el inicio de la llamada Movida Madrileña, un movimiento cultural que chocó de lleno con la España del momento y que ha sido contado, únicamente, por aquellos que lograron sobrevivirla.


Yo era aún una niña cuando comenzó lo que se dado en llamar "la Movida Madrileña", pero mi adolescencia que coincidió  con el final de aquella década de los  80  estuvo acompañada por la banda sonora de Los  Secretos, de Mama, de Nacha Pop, de Alaska y de tantos otros grupos de nacieron al calor de aquella etapa.


La ciudad donde crecí, tan cerca geográficamente a la capital pero a años luz de su movimiento "contracultural" , me hicieron ver siempre con envidia y cierto halo de romanticismo aquellas imágenes que en la televisión reflejaban la vida "alegre" que se vivía en las calles de Madrid.

Ya dice Sabina que "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" y creo que eso es lo que a mí me movía de esa época y lo que me llevó, cuando me vine a vivir a Madrid muchos años después a  no perdonar una noche en el Penta y muchas noches de callejeo por una Malasaña mucho menos sórdida de lo que lo fue entonces.

Esa distancia  temporal y espacial es sin duda la que creó, al menos en mi caso, una imagen bucólica e idealizada de lo que ocurrió entonces, y es esa imagen y esa idea romántica  de la que hablaba al principio la que Enrique desmonta en cada línea de Todos estábamos vivos.

El autor desnuda la Movida ante nuestros ojos para mostrarnos una realidad cruda y oscura, en la que la entidad se desgaja en los individuos que la conforman. Esos individuos viviendo una libertad recién estrenada, una libertad que les llevaba a beberse la vida a "tragos largos", tan largos que a algunos, a demasiados, se les atragantaron y les impidieron seguir respirando.

Una libertad que mermó a toda una generación, que se llevo por delante a pobres  y a  ricos, a personas


anónimas y a personajes conocidos, a cultos y a ignorantes... una libertad que muchos pagaron cara, que dejó plagadas  las calles de jeringuillas y los portales de cuerpos destartalados de jóvenes recién estrenados que nunca dejarían de serlo.

Todo eso nos cuenta el autor en la novela, con una forma de narrar que te arrastra a los locales de ensayo, a las casas de puertas siempre abiertas, a los sueños de ser famoso, a las amistades que todo lo comparten, hasta una jeringuilla pasada solo por el agua, que te hunde en el infierno del "mono", en las consecuencias de un "mal viaje" y en la incertidumbre de aquellas escapadas a Londres que muchas jóvenes españolas no  tuvieron más remedio que realizar para seguir viviendo sin ataduras esa  vida que deseaban seguir exprimiendo en libertad.

 

La música que sonaba, tétrica y eléctrica, repetía en bucle los mismos compases. Comprendió entonces Teo que él era un cachivache lleno de polvo en aquella fiesta que, le habían dicho, iba a ser la de verdad. De verdad siempre y cuando, pensaba, pudiera ir con ellos, volar a su nivel. Sin embargo, desde fuera, desde el patetismo con el que los observaba, entendió que lo necesario era descender de nuevo, quizá un tiro más, para entender por qué aquellos acordes eran la mejor manera de empezar el año.


Si los escenarios que nos describe en esas traseras de la Gran vía y en esas casas destartaladas son veraces y crueles no lo son menos los personajes que los ocupan. Desde los soñadores a los que ya no tienen nada que perder, desde las grandes damas del teatro a las viejas glorias que se niegan a serlo, desde los íntimos amigos forjados en el ansia de vivir hasta los amigos de siempre que no lo son tanto, todos son personajes de verdad, los que vivieron ese tiempo y los que, a pesar de haber nacido de su imaginación es más que posible que hubieran poblado aquellas calles en aquellos momentos. Nada desentona ni en los unos ni en otros, nada es incoherente ni siquiera en su interacción, en esos escenarios en que las fronteras entre “clases” estaban poco o nada definidas, en los que convivían los habitantes de Vallecas y del barrio de Salamanca. En todas y cada una de las páginas esta historia está llena de verdad, de una verdad no siempre cómoda de descubrir, pero al fin y al cabo, lo que fue es lo que es.

 

Un animal inmenso, una bestia ansiosa se movía dentro de cada uno de nosotros y clamaba por salir, creciendo hasta reventarnos la piel desde dentro.

 

Esta novela ha supuesto para mí un viaje emocional extenuante por lo que para mí ha supuesto quitar el velo que llevo años manteniendo, pero os aseguro que ha sido una de las novelas que más me ha emocionado de las que este año he leído.

No es una historia bonita como no puede serlo ninguna que ahonde en las "cloacas" de la movida, es un


disparo a la línea de flotación de lo que creíamos saber de lo que fue aquel movimiento, pero es una historia tan "de verdad" que al finalizarla, ese romanticismo del que hablaba al principio, se ha convertido en una tremenda tristeza.

Volver a leer a Enrique ha sido un verdadero placer, leer su prosa sin artificios, directa y sincera en lo que nos quiere contar, en lo que nos cuenta, en lo que, estoy segura contarían los que aún siguen vivos.

 

-              Ha aguantado un par de días en el hospital. Se me queda el cuerpo frío cuando lo pienso. No puedo creer que alguien de nuestra edad pueda morir. De repente.

 

Os aconsejo que le deis una oportunidad a esta lectura, a los que como yo no la vivierais de primera mano para tener una idea más acertada de lo que supuso la movida más allá de aquella "revolución musical" y a los que la vivisteis porque seguro que podéis identificar muchas de las escenas y de los personajes que desfilan por estas páginas. Y  a todos, en general, si queréis disfrutar de una historia tremendamente adictiva y atractiva tanto en su fondo como  en su forma.


Alternábamos los funerales de nuestros abuelos con los de nuestros amigos. Cuando nuestro país parecía empezar a arder en el fuego de una pasión nueva, recién estrenada, nosotros nos congelábamos. Cuando los que íbamos  quedando nos juntábamos, no nos atrevíamos a preguntar quien había sido el último muerto, y a pesar del miedo, del abismo por el que habían caído muchos y que nos arrastraban que tiraba de nuestra piel como si los huesos se desprendieran de ella, seguíamos

jugando un día tras otro, incapaces de renunciar a una partida hecha por la adicción y el azar. A veces hacíamos línea y sabíamos que, en cuestión de tiempo, haríamos el cartón entero. Tacharíamos todos los números. Cada cartón era para nosotros el último, como una amenaza o como una promesa, y éramos incapaces de detener esa espiral que nos liberaba del dolor físico, de unas articulaciones que sudaban, que nos hacían tiritar. Del dolor de la muerte del amigo. Del cuerpo que amanecía frio, a medianoche, en el banco de enfrente o de al lado. Hacía poco, muy poco, todos estábamos vivos y en nuestras caras se reflejaban nuestras infancias. Habíamos recibido un regalo inmenso, no un regalo cualquiera, un regalo para una fecha señalada que, cuando se repitiera, no iba a tener más entidad que la del aniversario. Un regalo envuelto en un celofán brillante, demasiado aparatoso para el tamaño de su contenido. Pero no de su valor.


lunes, 26 de octubre de 2020

Hilatura

Andrés Ramos, Alicia (2020)
Hilatura
Editorial Niña Loba, Sevilla, 528 pp.
ISBN: 978-84-122262-3-2


Hilatura gira en torno a una bobina de hilo que entrama tiempos, orillas y personajes. Dos hermanos, Aurelia y Valentín, unidos por un cordel que ella le ata a la muñeca antes de que emigre a América en un mercante, son el eje de una narración coral que abarca medio siglo de intrahistorias en una aldea sin nombre ni ubicación, un punto aislado en el mapa cuya memoria agoniza.

Esta novela da cuenta de un mundo a punto de desaparecer: el territorio de la fábula, el origen del mito. En sus páginas se devanan las miserias y hallazgos de un pueblo que es una herida abierta al mar, a la intemperie de los días.

Participaremos de un realismo asombrado cuyo hilo enhebra sirenas, nostálgicos envenenados, playas de corales blancos, negras vírgenes. Mujeres y hombres sepultados bajo la fina arena de un reloj que avanza a cada página.

 

Cuando un hombre olvida como se llama, decía su madre acariciándole una mejilla, ha perdido para siempre el hilo de su vida.

 

Hilatura es la novela que recibí a través de la iniciativa Masa crítica de Babelio.

Cuando leí la sinopsis comprendí que era un libro que se salía de la “norma” y cuando lo recibí pude comprobar el mimo y el cuidado con que la editorial había tratado la novela. En su aspecto material, es un libro con una cubierta preciosa y un gramaje grueso tanto de esta como de las páginas, con el tamaño justo y la maquetación perfecta, un libro que por sí solo ya apetece hojear. Pero es que además la editorial añadió a este envío una serie de detalles que sin salirse de lo que toca, la lectura, hacen esta aún más especial, invitándote a acompañarla con una taza de té y a marcar tu avance con el marcapáginas, imagen del propio libro. Vaya, que la cosa no podía empezar mejor.


Y con estas premisas, comencé la lectura de una historia que estoy segura que voy a tardar en olvidar.

Hilatura es una historia referida por un narrador omnisciente que relata la vida de una aldea, una aldea de nombre desconocido, en un tiempo desconocido que intuimos por ciertos acontecimientos y que vive de cara al mar y de espaldas a la montaña, quedando aislada geográficamente y casi suspendida temporalmente entre esas dos fronteras naturales.

El narrador expone el día a día de la vida de la aldea, una aldea que vive de cara al mar del que les llega la vida y también la muerte. Y nos cuenta, sobretodo, la historia de Aurelia, a la que conocemos siendo niña, un personaje que, al contrario que el resto de los aldeanos se empeña en vivir de espaldas al mar y de cara a una tierra a la que se siente atada desde su más tierna infancia.

 

La vida la expulsaba a patadas de la infancia y ese exilio aumentaba su desconcierto. ¿Cuál era su territorio?¿Donde se hallaba el primer metro de tierra firme?.

 

La historia está narrada en cuatro tiempos que se centran en los cuatro tiempos de Aurelia, tiempos que siempre son convulsos para esta protagonista que conocemos siendo apenas una  niña obligada a convertirse en adulta en las peores circunstancias. Un personaje peculiar por sus circunstancias, fuerte a base de necesidad, solitaria por obligación, extraña a los ojos de todos, no por su deseo de ser extraña, sino por la misma vida extraña que le toca vivir.

En cada una de las partes un mal se yergue sobre la aldea, el abuso, la venganza, la envidia, la codicia,


la ira…. de la mano de personajes que aparecen para cambiar el paisaje de la aldea, para acompañar o hacer sentir aún mas ajena de los suyos a Aurelia, en ese duro camino que es su supervivencia en una aldea en la que la solidaridad brilla por su ausencia, en la que cada cual busca solo su provecho sin importarle el de los demás. Algunos personajes llegan y se hacen fuertes en la aldea habitándola para siempre, otros llegan y desaparecen para no volver, algunos vuelven y se van sin pausa, unos acaban regresando a sus raíces y otros, los menos, desaparecen con una promesa de regreso dejando tras de sí una estela de espera sin descanso.

 

No lo había acogido por lastima; su cuerpo desplomado a la intemperie le había rozado el alma como una bala de hielo, pero su propia soledad la había inmunizado contra los males del mundo y sufrimiento ajeno pasaba ante sus ojos sin dejar excesiva huella.

 

Cada una de las partes finaliza con una muerte que parece cerrar el ciclo de existencia de los pecados que asolan cada etapa y abrir la puerta a pecados nuevos que se harán fuertes en el ciclo siguiente. Pero no creáis que la muerte es justa, en esta historia la muerte no se lleva a los malos, porque las consecuencias de esos pecados no distinguen entre culpables e inocentes y a veces, muy a menudo, son los menos responsables los que pagan los “platos rotos”.

A través de este narrador la autora nos arrastra lentamente al corazón de la historia, línea a línea, página
a página, hasta hacernos parte de esos aldeanos que esconden tesoros y miserias, de esas calles por las que transitan los personajes más indiferentes y ruines, mientras, desde lo alto, ajena a todo lo que ocurre en esas calles, a aquellas gentes y de aquella línea que separa tierra y mar, Aurelia teje en el altillo y extiende su hilo desde el granero para seguir los avatares de un hermano que se alejó joven y al que ella espera tejiendo como Penélope espero el regreso de Ulises. Una vida rendida a esa espera, sin sueños, sin motivación, sin deseos, sin amor, tan solo ese ver pasar un día tras otro suspendido el tiempo y lo que este significa en la esperanza de que el mar le devuelva a quien le robó.

Estamos frente a una novela profunda, llena de aristas, una novela compleja escrita con la maestría del relojero que ensambla la más mínima pieza de forma precisa para que la maquinaria funcione. Y así, Alicia hace de esta una novela tremenda en su crudeza y coherente en las miserias que enlaza una tras otra dando solidez a un relato que nos hace temblar de miedo al fanatismo y a la ignorancia, de pena ante la ceguera auto impuesta y la falta de empatía hacia el sufrimiento y la soledad del otro… una novela de oscura desesperanza que a veces se alumbra: en esa sororidad extraña que se teje sin palabras entre Aurelia y Selva,  en esa complicidad extraña entre Valentín y Heliófilo, ese maestro más apegado al cielo que a la tierra, en el sentimiento de culpa de Don Paco y de la Generala, en el amor de Tomás Golondrina, de Teresa Valero, en la piedad de Paris. Esos personajes que nos llevan a creer que, dentro de esa falta de humanidad de los aldeanos, aun queda algo que rescatar.


Eres muy afortunada, pero será mejor que nadie se entere, le advirtió sin apartar la vista del recién nacido. En esta aldea la felicidad dura menos que un suspiro. 


La aldea evoluciona y cambia ante nuestros ojos, sin embargo Aurelia se mantiene imperturbablemente inmóvil, ajena a los avances que para los demás suponen la propia vida, anclada a esa tierra como los están las plantas, obsesionada con la única idea que le hace despertar cada mañana.

Estamos ante una novela lírica y onírica, escrita con un lenguaje cuidado y cuidadoso, una novela que es necesario leer despacio para paladear su prosa, y que, además, hay que leer despacio, porque desprende, en ocasiones, tanto dolor que la angustia te aplasta el pecho.

Por si no ha quedado clara mi experiencia con esta lectura, resumo: si queréis disfrutar de una novela que se sale de lo habitual no podéis dejar pasar esta lectura, si además  apreciáis una narración exquisita no puedo más que recomendaros encarecidamente la novela y a su autora a la que, estoy segura, le quedan muchas historias que contar.

Por aquella fisura no solo se coló el viento del sur sino un caudal de acontecimientos que sacudieron la anquilosada civilización de los hombres del mar y de la tierra, derribando a su paso los últimos parapetos que los habían protegido del paso del tiempo. Fue así como en apenas cinco años transcurrieron varias décadas. 

jueves, 22 de octubre de 2020

Tierra del Fuego

Engman, Pascal (22.10.2020)
Tierra del Fuego
Roca Editorial, Barcelona, 480 pp.
ISBN: 9788417805883

En Estocolmo empresarios millonarios están siendo secuestrados y sus familiares extorsionados para poder recuperarlos. Además de por su riqueza, la policía no es capaz de encontrar más conexiones entre las víctimas, y las que han sido liberadas no quieren decir ni una sola palabra.
Dos amigos de la infancia se convierten en gánsteres esperando encontrar la vida que creen merecer, pero pronto se encontrarán atrapados en un peligroso juego que escapa a su control.
En Chile, un mercado de tráfico de órganos muy bien organizado lucha por mantener el delicado equilibrio entre la oferta y la demanda. Pero, para encontrar nuevos cuerpos, necesitarán mirar más allá de la sombra de los Andes y de las antiguas colonias nazis, donde todo comenzó una vez.
La detective Vanessa Frank se implicará de nuevo en un caso que se terminará convirtiendo en el más importante de su carrera profesional.

¿Hay algo que le pese mas a una persona que ir arrastrando secretos?

El pasado verano volvimos a Chile, después de siete años, ha pasado poco tiempo desde ese mes de Agosto, pero han sucedido tantas cosas y la situación de hemos vivido ha sido tan extraña, que a veces me da la impresión de que ha sucedido en otra vida.
En esos días decidimos visitar el Museo de la Memoria, era algo pendiente desde que en mi primera
visita me empeñara en visitar la Moneda y la estatua de Allende. No era un mal día, por la tarde íbamos a hacer una barbacoa, asique la mañana la utilizamos para acercarnos al museo.
Cuando acabamos la visita, las ganas de fiesta se quedaron perdidas entre los testimonios que desde los monitores me hacían temblar de miedo, de ira y de tristeza, testimonios de niños robados, de supervivientes de la tortura, de hijos y nietos de los que no superaron el dolor…
Colonia Dignidad, escuchar el nombre hace que las lagrimas afloren de nuevo, colonia dignidad hace que me plantee si el instinto de supervivencia es capaz de superar la maldad de los que se empeñan en doblegar la vida de otros, en destruirlos sin matarlos, en convertirlos en despojos humanos que ya no volverán a vivir, aunque sus corazones  sigan latiendo.
El libro de Pascal Engman me ha traído esos recuerdos a la memoria, ¿como es posible conectar Suecia con la Colonia Rhein?, no es fácil, eso es evidente, pero así como la maldad humana no tiene límites, parece que tampoco tiene fronteras y es capaz de manifestarse en un lugar y tener su eco en la otra punta del mundo, en la tierra del fuego.
Y es que hay cosas que no cambian y aunque no lo creamos, o no lo queramos creer, por desgracia, siguen existiendo en el mundo lugares, que disfrazados de legalidad, siguen siendo escenarios de iguales atrocidades, búnkeres subterráneos escondidos en paisajes idílicos de bosques y lagos, en comunidades en las que todos intuyen, pero todos callan, porque los brazos del poder llegan muy lejos y no se sabe muy bien en quien se puede confiar, pues  hasta aquellos cuyo deber es servir y
proteger a veces se olvidan de que se deben a los demás y se cuidan solo de sí mismos, a costa de lo
que sea y de quien sea.

Ya antes del golpe militar de 1973, los inmigrantes habían sido recibidos con ilusión y habían sido protegidos por los políticos locales, los altos mandos policiales, la iglesia católica y el tejido industrial chileno. Pero a partir de la llegada al poder del general Pinochet el flujo de alemanes fue en aumento. Colonia Rhein y Colonia Dignidad se convirtieron en centros de tortura y fabricas de armas, financiados y protegidos por la dictadura. En los laboratorios se experimentaba con armas químicas: en Colonia Rhein todavía había contenedores enterrados llenos de gas sarín.
Mientras que el otro enclave alemán, Colonia Dignidad, había implosionado desde que su gobernador había sido condenado por abusos a menores chilenos, Colonia Rhein había sobrevivido y se había adaptado a los nuevos tiempos.
[…]
Los alemanes generaron miles de puestos de empleo. Y por esa razón los políticos dejaron que hiciera la suya, siempre y cuando pagaran sus impuestos y contribuyeran a mantener el empleo.

El autor conecta magistralmente dos escenarios, Suecia y Chile, y lo hace a través de una serie de personajes enormes, unos personajes sin fisuras.
La vida hace extraños compañeros de viaje.
Una mujer policía,  que no lo es por vocación,  ni por convicción, ni siquiera por necesidad, sino por rebeldía y que, sin embargo, es una grandísima policía, intuitiva, perspicaz y que cuenta, además, y aunque a ella misma le cueste reconocerlo con el don de la empatía y un instinto más que desarrollado para saber con quién serlo.
Un delincuente con principios, un delincuente con un pasado de honor manchado, un delincuente intentando hacer el bien a través de los medios equivocados, un delincuente que busca a través de mal bien superior, para él y para los suyos.
Una pareja extraña, que funciona, que se complementa, que se alía para llevar a cabo una misión que parece desde el principio abocada al fracaso, una misión solo apta para valientes o para suicidas.

Estaba convencido de que, quitando algunas vidas, había salvado muchas otras.

Un amigo que le debe todo a los principios del anterior, un amigo que es capaz de vender al único referente de su vida a cambio de dinero, mujeres y un lugar en el mundo, un amigo, al que el resentimiento, la desconfiada y su propia inseguridad transforman en un ser irracional y como tal, en un peligroso enemigo.

Eso Nicolas no lo entendía. El siempre lo había tenido fácil,. Con las chicas, los amigos, el deporte, la escuela. Nicolas había sido la razón por la que Iván había sido aceptado. Su salvoconducto para acceder al mundo.

Un líder que disfruta siendo líder, un líder del mal a quien no le importa el delito, ni lo que implica si supone prestigio y sobretodo dinero, a montones, para él.

Con estos personajes y los de allende los mares que se creen por encima del bien y del mal, que  bofetadas de realidad y rompe esa coraza que la distancia crea en nosotros, porque su novela hace esas imágenes reales, cercanas, VERDAD.
suponen que los tentáculos de su poder pueden llegar a cualquier parte sin sufrir consecuencias y que manejan con mano de hierro sus “inversiones”, el autor se empeña en ponernos delante todas las miserias humanas, hasta las que, a fuerza de imágenes mil veces repetidas, parecen no hacer mella en nuestro espíritu, la corrupción, el tráfico de personas, los niños de la calle, el acoso, la violencia contra mujeres, niños y discapacitados, la drogadicción, la tragedia de los refugiados… el autor nos da una tras otra cientos de
Vanessa recordaba las imágenes de las largas colas de gente que en verano y otoño de 2015 habían caminado hacia el norte por las autovías de Europa cargando sus pertenencias a la espalda. Había sentido compasión por ellos, pero al mismo tiempo le había resultado irreal. Eran tantos que al final las caras se fundían en una amalgama gris. Pero en algún punto de esa masa había estado caminando la chica que ahora tenía enfrente. Sola.

Con un ritmo ágil que consiguen los capítulos cortos y la alternancia de los escenarios y las tramas, el autor consigue que la novela se pegue a nuestras manos y a nuestra mente, que no seamos capaces de parar, que necesitemos saber que ocurrirá después, que guardemos la esperanza de que los malos no ganen siempre, no lo ganen todo.
Ha sido una gran experiencia descubrir a este autor y ha sido una grandísima experiencia leer esta novela que, de ninguna manera, te deja indiferente.

Llorar seguro que es bueno y purificante. Supongo que la gente se sienta aquí y te llora todo lo que quiere, y seguro que eso les hace bien. Cuando tú vuelves a casa te imaginas que has conseguido penetrar en sus mentes. Que has hecho un buen trabajo. Que has salvado otra alma. Seguro que lo has hecho, pareces amable e inteligente y supongo que has ido a una buena universidad. Pero te aseguro una cosa. A mí no me veras nunca llorar, porque yo no lloro.

lunes, 19 de octubre de 2020

El nombre de Dios

Hernández,  José Zoilo (2020)

El nombre de dios

Ediciones B, Barcelona, 640 pp.

ISBN: 9788466668453


Cuenta la leyenda que el rey Salomón mandó construir un objeto en el que dejaría escrito todo el conocimiento del mundo: una mesa plagada de oro y joyas capaz de colmar con su poder la ambición de quien la poseyera.

Año 711 d. C.: las tropas musulmanas desembarcan por primera vez en el sur de la península Ibérica con un afán imparable de conquista que hasta el momento no ha conocido rival. Sorprendido mientras luchaba en el norte de su territorio, el rey visigodo Roderico debe partir para defender la provincia más meridional de un reino que se enfrenta ahora a demasiados enemigos.

A la vez que los ejércitos se preparan para la lucha y las viejas rencillas comienzan a aflorar entre los nobles godos, un religioso escoltado por una pequeña partida se dirige hacia el campo de batalla portando una reliquia que podría cambiar el curso de la contienda. Es el momento de comprobar si su poder sagrado será suficiente para hacerse con la victoria, o si, por el contrario, terminará convirtiéndose en la perdición del reino.

 

Durante aquellos días recordó a menudo a Oppas, el difunto obispo de Híspalis, al que en ocasiones había considerado su benefactor. El hermano de Witiza siempre pensó que los bereberes a los que el mismo había llamado regresarían a sus tierras cruzando el mar después de haber descalabrada a Roderico de su sitial. Entonces Oppas, o sus sobrinos habrían reinado. Sin embargo, los acontecimientos habían sido muy distintos, y en aquellos días del año 721 los extranjeros aún se encontraban allí, campando a sus anchas por los reductos más septentrionales del antiguo dominio godo.

 

Cuando era pequeña, mi madre, que también era maestra, para hacer valer la máxima de que “lo que bien se aprende nunca se olvida” recitaba como una letanía la lista de los Reyes Godos. Durante mi etapa escolar aprender aquella lista estaba eliminado de los planes de estudio y no tuve que aprender de memoria esos más de treinta nombre sin ton ni son, pero no eliminaron solo la lista, sino que parece que olvidaron totalmente esa etapa de la historia y a sus protagonistas, saltando del Imperio Romano al Reino Musulmán y pasando de puntillas por Roderico y compañía. En mi mente no queda recuerdo alguno de haber estudiado alguna vez la España Visigoda.

 

Un rey muda  por otro, pero el reino permanece.

 

Como época desconocida también me resultaba árida; una parte de la historia sin más atractivo que las batallas de las que nunca fui muy amiga y las enormes estatuas que jalonan los caminos de los Jardines de Oriente de Madrid. Digo que me resultaba árida… hasta hoy.

Conocer esta parte de nuestra historia a través de los ojos de José Zoilo ha sido una verdadera sorpresa, una muy agradable sorpresa.

Este autor tiene un don para describir la historia, para conseguir que se lean con gusto incluso las más
cruentas batallas, para definir las intrigas, las alianzas y las traiciones de la manera más sublime, para construir unos personajes que se vuelven de carne y hueso ante nuestros ojos, a los que comprendemos u odiamos, a los que, sin duda, no debemos cogerlos demasiado cariño, pues nunca sabemos lo que nos van a durar…

 

Sentía lastima por los centenares de hombres anónimos que se habían dejado la vida y las esperanzas en la batalla. Algunos lo merecían, cómo el maldito Roderico, pero no podía dejar de pensar en que también habrían muerto muchos inocentes en aquel nuevo lance del juego de poder en el que se encontraba inmerso el reino.

 

No se puede leer esta novela con los ojos del presente, no podemos leer desde nuestro hoy un momento en el que los señores eran educados para "poseer", un momento en el que cuando no vivían de las rentas, su único objetivo era mantener sus tierras y si era posible adicionar las del vecino, cuando esta ambición de poder les llevaba a forjar alianzas con los enemigos y a traicionar a los que eran amigos.

Un tiempo en el que los campesinos se convertían en peones de los juegos de poder q convertían las llanuras y los caminos en campos de batalla.

 

En cada conflicto, además de los cadáveres, se sepultan las esperanzas de un gran número de hombres, mientras que las de muchos otros comienzan a medrar, cómo plantas diabólicas alimentadas con sangre. No hay inocencia qué sobreviva  a esa experiencia.

 


En el que las mujeres podían ser sumisas compañeras o impías conspiradoras, porque las menos, las osadas que se salían del guión tenían poco que ganar y casi todo que perder.

 

Todos le habían dicho que no llegaría, augurando que terminaría sus días tirada al borde de cualquier camino después de haberse convertido en el juguete de algún salteador durante unas pocas horas. Elvia había seguido convencida de que prefería arriesgarse a unas horas de tortura que extender el tormento a lo largo de toda la vida. Llenándose de valor, había comenzado su peregrinar hacia el sur, lejos de aquella ciudad a la que odiaba y que parecía odiarla a su vez.

 

En el que los religiosos, lejos de ser piadosos se movían por motivos muy alejados de lo espiritual y demasiado cercanos  al mero poder terrenal, convirtiendo incluso a la ciudad eterna en un campo de batalla en el que no se blandían espadas y escudos, en los que la lucha  no era menos encarnizada por ser más sutil.

 

Roma le parecía un nido de ratas vestidas con hábito, y su espada haría falta en la Septimania, no a cientos de millas, en una ciudad donde los hombres se despellejaban sin necesidad de armas.

 

En esta historia los personajes se comportan como lo que son. Salvo raras excepciones se mueven por ambición, por venganza y por poder, por lo mismo que, nos guste o no, siempre ha movido y mueve el mundo. La única diferencia es que en la época que le ocupa a la novela no había porque disimular los “malos sentimientos”, no había necesidad de pasar por ser el más bueno, el más generoso, ni siquiera el más guapo o el más limpio, bastaba con ser lo suficientemente inteligente como para sobrevivir  en el nido de víboras en que se convertía, no solo cualquier corte, sino cualquier facción, cualquier grupo del que se formara parte, incluso y a menudo de forma mucho más cruenta, la propia familia. Es necesario entender que la conquista, ya fuera de godos o árabes, era una forma de vida y que la lucha no era una elección, sino una necesidad si se quería seguir con vida.

 

En las cercanías, sus guerreros de confianza; un poco más allá, la leva: campesinos y siervos
atemorizados y mal armados  arrancados de sus hogares pocas semanas atrás. Muy a su pesar,  componían la mayor parte de sus fuerzas. Confiaba más en su voluntad que en su valía, pero tendrían que bastar.

 

La novela, de más de 600 páginas se desliza sin apenas ser consciente ante nuestros ojos. Paginas salpicadas de leyendas, de batallas, de luchas de poder, pero sobretodo llenas de vidas corrientes, de personas corrientes a las que poco o nada importaba quien fuera el rey de quien, en  muchas ocasiones, ni siquiera sabían el nombre, y que sin embargo se veían obligadas a tomar partido por uno u otro con el único fin de garantizar su supervivencia.

En esta novela de personajes, los hay de todo tipo y condición. Los hay honestos e íntegros, como Ademar, los hay negros por dentro, portadores de los mas ruines deseos, como Ragnarico, los hay profundamente leales, como Hermigio y los hay traidores como Tariq. Están los que buscan medrar a cara descubierta, como Oppas y los que lo hacen a través de las mas sutiles técnicas de manipulación no exentas de violencia, pero dosificada, como Clodoveo. Y hay mujeres valientes, fieles, arrojadas, mujeres que no temen vivir, signifique eso lo que signifique. Hay un amplio catalogo de personajes  que  a pesar de sus diferencias tienen algo en común, ninguno de ellos deja indiferente.

 

Los hombres empuña sus armas y mueren en batalla como héroes, o al menos pensando que su sacrificio vale para algo. Nosotras esperamos y rezamos y nos desesperamos, y sabemos que si todo se tuerce seremos vejadas, torturadas y asesinadas, meros juguetes en manos del enemigo. Yo no  tengo hijos que proteger. Esta vez iré con vosotros.

 

A través de todos ellos el autor nos pasea por una época convulsa, llena de batallas y de huidas, de 
muerte y dificultades, de ignorancia y supercherías, una historia en fin, en que la muerte es la protagonista, pero en la que, inevitablemente la vida se abre camino. Y es que a pesar de la crudeza de la trama el autor, es capaz de dejar un resquicio para la esperanza.

 

Yo anhelo vivir. Anhelo vivir ahora que sé que vale la pena, cosa que hace muchos años no creía que fuera así. Haría cualquier cosa con tal de escapar de aquí, de tener una oportunidad de continuar mi vida con Witerico en otro lugar, aunque eso implicara traicionarme a mí misma o a la memoria de los míos. Vivir para seguir disfrutando de quienes queremos o para seguir honrando a quienes ya se han ido.

Ingunda se quedó meditabunda pero no respondió. Elvia hizo una larga pausa para ordenar sus ideas antes de continuar hablando.

 

A través de ellos el autor consigue que todo ese trabajo de documentación que sustenta el libro se convierta en algo real, en algo cercano, en un pedazo de la historia que disfrutar en cada una de las líneas de la novela, en cada una de sus páginas, en cada uno de los capítulos… porque si algo consigue esta novela es hacernos disfrutar incluso en los trances menos proclives a hacer disfrutar.


Si con su primera novela descubrí a un gran escritor con una gran historia, con esta he descubierto a un grandísimo autor que estoy segura seguirá dándome buenos motivos para acercarme a esos retazos de la historia que tan certeramente es capaz de narrar. Una novela a la que ha merecido la pena acercarse y a la que os recomiendo encarecidamente dar una oportunidad porque vais a descubrir una historia que cuenta más,  mucho más, de lo que he sido capaz de transmitir en estas líneas.

 

- Las cosas no son siempre o blancas o negras, Sisebuto. Es algo que, a tu edad, resulta difícil de comprender, pero con el tiempo deberás aprenderlo.

jueves, 15 de octubre de 2020

La noche de plata

Barceló, Elia (2020)
La noche de plata
Roca Editorial, Barcelona, 512 pp.
ISBN: 9788417968182

Viena 1993. Una niña desaparece en un mercadillo de Navidad
Viena 2020. La policía encuentra un esqueleto infantil en el jardín de una casa de las afueras.
Carola Rey Rojo, especialista en secuestros y homicidios infantiles, y madre de la niña desaparecida veintisiete años atrás, ahora en excedencia de la policía española, vuelve a Viena con el encargo amistoso de deshacer la biblioteca de un marchante de arte recientemente fallecido.
Junto con su amigo y colega, el inspector-jefe Wolf Almann, se verá envuelta en una trama que pondrá en evidencia que nadie es lo que parece y que uno nunca acaba de conocer a los demás, ni siquiera a sí mismo.
Lo que parecía un cold case se complica cuando, ahora que todo parecía casi definitivamente superado, otra niña desaparece en el mercadito de Navidad de la ciudad imperial de Viena, la esplendorosa ciudad de la música y el arte que oculta tras las fachadas de sus bellas casas los más oscuros secretos.

Hay cosas que no se superan. Se tira adelante sin lo que te han quitado, pero la mutilación sigue ahí para siempre, aunque aprendes a apañártelas sin ella. ¿A ti no te pasa?

Elia es una de esas escritoras todo terreno, una de esas autoras que envuelven en magia cualquier historia que cuenta.
Si con el eco de la piel consiguió enamorarme de sus personajes, de sus luces y de sus muchas y oscurísimas sombras, con esta novela ha conseguido que caiga rendida a sus pies.
Elia construye una novela tremendamente negra pero desde la elegancia y la sensibilidad que caracteriza su literatura. Si ha demostrado a lo largo de sus historias que es capaz de regalarnos una radiografía exacta de cada uno de sus personajes, en esta profundiza aún más, si es posible en el alma y la mente de los mismos.

Su vanidad y su arrogancia eran una forma de defenderse de los demás, de lo que él pensaba que los otros pensarían de él si los dejaba acercarse demasiado. Ella lo había querido mucho treinta años atrás y lo conocía bien.

De entrada sorprende que para su protagonista haya elegido una mujer alejadísima de lo que es el arquetipo habitual en este tipo de novelas.
Carola es una mujer más cerca del cenit que del inicio de su carrera, una mujer policía que, arrastrada por el cansancio y por el "error" cometido en su último caso decide tomarse un descanso en la que para ella es la ciudad más dolorosa del planeta, una ciudad en la que casi 30 años antes perdió lo que más quería y en la que la espera, o eso cree, un trabajo distinto, un trabajo relajado, un trabajo que le haga disfrutar de una formación casi olvidada.
Pero en la huida, a menudo, nos acompañan nuestros fantasmas, aquellos de los que precisamente nos empeñamos en huir y nos toca lidiar, queramos o no, con lo que dejamos o creímos dejar atrás. Y a Carola no le queda otra que volver a “enfundarse” su traje de policía, aunque sea extraoficialmente, y descubrir el lobo que se esconde bajo algunas pieles de cordero.

Hay cosas que te dan mala espina sin que sepas por qué y, si haces caso a esa intuición y la sigues, la mayor parte de las veces encuentras cosas que también satisfacen a tu cerebro.

Carola es una mujer herida, como lo somos todos, de una forma u otra. Una mujer que ha perdido más de una vez las ganas de vivir y que, no obstante, ha decidido seguir viviendo; por su hijo, que tampoco resulta ser lo que ella pensaba, por sus amigos, que son pocos y reducidos al círculo profesional y por ella misma, porque es una mujer que no puede rendirse sin conocer la verdad, por dura que esta sea.
Dentro del reducido grupo de Carola se encuentra Wolf, a quien la une la pesadilla vivida 27 años atrás. Un personaje del que me he enamorado. Un hombre cabal y respetuoso y un policía preclaro, cuyo único objetivo es limpiar las calles, renunciando a la vida tranquila que su edad y su desarrollo profesional le habrían permitido disfrutar.

No pudo evitar sonreírle. Era la única persona que conseguía salvar una situación insalvable cambiando de tema sin más, con garbo de torero. Por eso era un interrogador temible. Pero eran amigos, no estaba tratando de sonsacarle nada.

Ambos conforman una gran pareja investigadora que se completa con el equipo austriaco, donde destaca Gabriela, que a diferencia de Carola y Wolf está más cerca del principio que del final de su carrera.
Y estos personajes atípicos se ven envueltos en una trama que por desgracia no nos es ajena. Una trama que se acerca a demasiadas noticias demasiado frecuentes...

Sus familias se habrían tenido que acostumbrar a su ausencia, pero nunca habrían podido terminar del todo, dar por definitivamente perdido a su hija o hijo desaparecido. Si no habían recuperado su cadáver, si no lo habían visto muerto, no conseguían quitarse de encima esa ridícula chispa de esperanza de que aún estuviera vivo en algún lugar.

Elia es capaz de describir preciosas escenas llenas de luz, música, arte y literatura y  de repente darle la vuelta  y transformar esa misma escena en caos, oscuridad y lo más horrendo del ser humano plasmado en el lujo y en esa misma música, ese mismo arte y esa literatura que segundos atrás parecían hermosas.
Es una historia dura la que cuenta la novela y, aunque sea ficción, por desgracia, son historias las de los secuestros y asesinatos de niños que se repiten con demasiada frecuencia, llevando a menudo parejas, intenciones ocultas y retorcidas fruto de mentes enfermas, que a ningún ser humano, en su sano juicio se le ocurriría siquiera imaginar. Y, a pesar de su crudeza, no he encontrado ni una escena explícitamente morbosa en toda la novela aunque confieso que, en más de una ocasión, me he sorprendido cerrando los ojos por el dolor que me producían los actos imaginados a través de unas pocas frases.

Un monstruo es una persona que ha dejado de fingir”-  tradujo ella–. Eso significaría que todos somos monstruos, que lo único que hacemos es seguir fingiendo día tras día que somos personas decentes. –Sacudió la cabeza y se sirvió más vino–. No me lo creo. Me niego a que nadie me reduzca a la categoría de monstruo solo porque la frase suena bien.

Me ha encantado encontrarme con Elia en este género en el que, a pesar de embarcarse por primera
vez, parece toda una experta, aunque es cierto que las dosis de misterios por desvelar y las pesquisas para conseguirlo no están ausentes en ninguna de sus anteriores novela que, como esta, os recomiendo leer.

Cada ser humano tiene derecho a sus secretos, pensó Carola, siempre que no dañen a otros, o al menos no demasiado. Y cada persona tiene también derecho a su propia puesta en escena, a mostrarse a los demás como quiere que la vean. Por eso ella se replegaba y se ocultaba en su casa cuando estaba mal, mientras que otras preferían mostrarse y pedir ayuda, escenificándose como víctimas.