martes, 15 de diciembre de 2020

Crónica/Entrevista Pilar Ruiz.- El jardín de los espejos

Conocimos a Pilar Ruiz allá por Octubre del 2014 en el café de Oriente, a propósito de la publicación de su primera novela “El corazón del Caimán”.

Los tiempos han cambiado y el pasado día 4 de diciembre transformamos el encuentro en el centro de Madrid por un encuentro en el que nos vimos y nos oímos  a través de una pantalla, pero cada una en nuestro sitio. Es lo que tiene esta pandemia que nos obliga a cambiar las formas pero no va a conseguir que renunciemos a la afición que nos une, leer y hablar de libros.

Durante la hora larga que duró nuestro encuentro tuvimos tiempo de charlar del pasado, de esos libros de la autora que tan bien conocemos y de los secretos que guardan y hablamos, sobre todo, del momento actual, de la situación que estamos viviendo y de la posición en la que se encuentran los autores, las editoriales y las librerías en estos difíciles tiempos que corren.

En realidad hablamos de la cultura en términos mucho más amplios, no solo de la literatura, sino del ámbito cultural en tiempos de pandemia, un entorno que Pilar conoce sobradamente ya que a su faceta de escritora hemos de añadir la de guionista y directora de cine, y si hay algo indudable es que Pilar tiene oficio en esto de las letras, porque, como ella dice “escribe todo el día” y de su oficio hablamos, y mucho, en nuestra charla.

La circunscripción de las novelas en géneros ocupó gran parte de nuestro debate, en el que en el fondo todas estamos de acuerdo. En la mayoría de las ocasiones el género sirve, no solo para etiquetar las novelas, sino para etiquetarnos a nosotros mismos, para cerrarnos el camino en función de la etiqueta que ostentemos, para explicarnos las cosas como si fuéramos incapaces de decidir por nosotros mismos y todo nos debiera ser dado.

Este es un tema escabroso y que da lugar a miles de subtemas, uno de los cuales y que no podía faltar en este encuentro es la denominada “literatura de mujeres” termino que, personalmente, me chirría…

Os aseguro que lo hablado dió para mucho más de lo que soy capaz de transcribir en este espacio demostrando de nuevo que lo mejor de estos encuentros es poder hablar libremente de lo “humano y lo divino” y comprobar que los lectores no estamos tan lejos del autor que nos cautiva con sus historias.

Lo cierto es que entre ideas, reflexiones y risas, el tiempo se nos pasó volando, aunque aún tuvimos algo de tiempo para centrarnos en “El jardín de los Espejos”, sobre la complejidad de esta historia y sobre la complejidad que supuso para la autora escribirla y cuyos secretos de creación nos permitió conocer, una verdadera obra de arquitectura, si se me permite el símil.

Si no habéis leído esta novela os estáis perdiendo una magnifica historia, nuestras opiniones tras su lectura podéis leerlas  los Blogs  Negro sobre blanco, La coleccionista de libros y otras cosas y Leyendo bajo la luz de la Luna,  y a continuación encontrareis las preguntas y respuestas que nos quedaron en el tintero y que Pilar ha tenido a bien contestarnos a través de correo electrónico, porque pasa con el tiempo, que es limitado y se nos quedo corto en el encuentro para todo lo que queríamos saber.

 

1.-         ¿De dónde nace la inspiración para escribir esta novela?

El origen, el momento en que decides escribir sobre una cosa y no otra resulta la parte más misteriosa de inventar historias. En este caso, puede que haya dos líneas que se cruzan y prenden una chispa: por una lado las pinturas rupestres de las cuevas de El Castillo en Puente Viesgo y por otro, las investigaciones relacionadas con las artes plásticas que desde hace unos años se están llevando a cabo para recuperar a las mujeres artistas “perdidas”, borradas de la Historia del Arte. De pronto, surge algo que te empuja a empezar a contar.

 

2.-          ¿Tienen tus protagonistas femeninas algún referente real?

Sí, claro, pero no de un personaje en concreto sino de muchos. Inés se parece a alguien que conocí y Amalia tiene rasgos de muchas de las pintoras de esa época como Ángeles Santos, Remedios Varo y Leonora Carrington, que también inspira la peripecia final de Elisa. Entre los masculinos también hay mucho trabajo de “Dr. Frankestein” que es lo que solemos hacer para crear personajes: coger partes de aquí y de allá, a veces sin ser muy conscientes, y coserlas para dar forma a la criatura. Por ejemplo: el personaje de Angelín se inspira en un guerrillero cántabro muy famoso, Juanín, pero por supuesto no es él del todo, tiene otra dimensión. 


3.-          Los paisajes supongo que los conoces pero, ¿existen el balneario y la Casa del Alemán? Me refiero a  si hay edificios reales que te hayan servido como base de estos edificios. El balneario de Puente Viesgo, claro que sí, es un centro turístico importante. Está muy cambiado y modernizado y se parece poco a lo que fue en el siglo XIX,  así que me fui al de Las caldas del Besaya, que parece detenido en una foto de época. La casa del alemán, sin embargo, es pura invención: no existe una casa así. Como era un personaje importantísimo en la novela tuve que “construir” yo misma, según lo que necesitaba la historia.

 http://www.balneariolascaldasdebesaya.com/

https://balneariodepuenteviesgo.com/

 

4.-          La documentación que manejas referida a las tradiciones, ¿te ha llegado por vía oral o has utilizado documentación escrita?.

Sobre todo parten de mis recuerdos infantiles y de las tradiciones populares de Cantabria que si son de origen oral. También de conversaciones con amigos mucho más versados que yo en estas cosas como Marcos Pereda, escritor cántabro.

 

5.-          En la novela hay un claro guiño a la “Rebeca” de Alfred Hitchcok, ¿algún guiño más que nos hayamos perdido?

Hay muchos guiños para los cinéfilos: muy claramente, Star Wars, Jules y Jim de Truffaut, La mujer del teniente francés de Karel Reisz y Ojos negros de Mijalkov,pero también cine español como Cielo negro de Manuel Mur Oti y Arrebato de Iván Zulueta. Y una película que me gusta muchísimo y es poco conocida: Fotografiando hadas de Nick Willing. El cine siempre está presente en todo lo que escribo, también por deformación profesional, las imágenes me persiguen…

 

6.-          ¿Cuánto tiempo te ha llevado la escritura del libro?

Año y medio, pero porque sufrió un parón de unos cuatro meses por culpa mía -no de la novela-y otros compromisos laborales. De todas maneras, salimos en la fecha prevista.

 

7.-          En la construcción de la novela, ¿conocías el final cuando comenzaste a escribir la historia?

Sí, lo cierto es que tenía clara la trama principal, la intención y el objetivo final, incluso la imagen que cierra la novela. No tanto las subtramas o los personajes, esos fueron desarrollándose, creciendo a lo largo del proceso. Siempre trabajo así, si no, me perdería. Soy muy ordenada y estructurada por deformación profesional: cosas de guionista de cine, supongo.

 

8.-          El jardín de los espejos es un título sugerente y que le va muy bien a la novela, ¿lo elegiste tú? ¿Qué significado tiene para ti?

Sí, lo propuse yo, aunque suelo dar a elegir entre varios a la editorial. A mi editora, Carol París, era el que más le gustaba. Creo que refleja -nunca mejor dicho- el tema principal de la novela, que no es otro que el poder de la imagen y su capacidad para atrapar el tiempo, detenerlo y mostrarlo de una manera renovada, obligando a mirar la realidad con ojos nuevos. En El jardín de los espejos el tiempo es una capa transparente y delicada que no nos separa sino que nos une.

 

9.-          Sabiendo que es un tema escabroso del que charlamos en nuestro encuentro. Si tuvieras que colocar tu novela dentro de un género, en cuál lo harías.

¡Esa sí que es una buen pregunta! Supongo que podría tener la etiqueta de novela gótica con suspense como las de Daphne du Maurier… También de relato histórico-fantástico, si es que eso existe. Para mí es un cuento de hadas con niñas perdidas, madrastras, brujas y ogros: en esa forma narrativa he crecido y estoy muy cómoda. Pero creo que es mejor que lo decidáis vosotras, las lectoras.

 

10.-        Para finalizar, ¿qué tipo de literatura consumes habitualmente, qué te gusta leer?

Leo de todo pero sobre todo ensayo sobre historia, cine, política, arte…Cada vez menos ficción casi por saturación: es difícil concentrarse en escribir historias propias mientras estás leyendo las de otros. Sin embargo acabo de terminar Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez: una espléndida novela de terror que ha ganado el premio Herralde y que recomiendo a todas tus lectores y lectoras. 

lunes, 14 de diciembre de 2020

75 consejos para sobrevivir en el colegio

Frisa, María (2012)
75 consejos para sobrevivir en el colegio
Alfaguara, Madrid, 240 pp.
ISBN: 9788420410999

¡¡LA VIDA A LOS 12 AÑOS PUEDE SER BASTANTE DIFÍCIL!! Tu madre te castiga sin razón, tu mejor amiga se enfada contigo, te enamoras de un chico que no te conviene, metes la pata con las populares... Por eso he patentado este manual, que te ayudará a sobrevivir en los malos momentos. ¡Ah! Y mira al final del libro. Allí he puesto lo mejor: unos consejillos para aprender a dibujar chibis y unas divertidas pegatinas. ¡Y HE CREADO MI PROPIO BLOG!!www.consejosparasobrevivirenelcolegio.blogspot.com


Las preguntas trampas son esas preguntas que hacen los padres a las que, contestes lo que contestes, siempre estará mal. Esas para las que no hay respuestas buenas, ya sabes

Conocí a María Frisa con motivo de la publicación de su novela “Cuídate de mi”, una historia que me encantó y cuya reseña podéis leer aquí.

En aquel encuentro tuvimos la oportunidad de conocer a María, de hablar largo y tendido de la historia que nos llevó a aquella cafetería, y también charlamos sobre una faceta literaria de la autora que yo desconocía, su serie de los 75 consejos. Una serie de novelas infanto-juveniles que le han dado y le siguen dando a la autora muchas alegrías y algún que otro disgusto.

Así que me pudo la curiosidad,  y aquí estoy  preparada para contaros lo mucho que he disfrutado leyendo de nuevo a María Frisa, aunque esta vez no haya sido novela negra.

Os comentaba un poco más arriba que este libro ha dado algún que otro disgusto, por decirlo finamente, a su autora y es que las redes y el ciberespacio, que a menudo ofrece tanto, tiene la cruz de servir de campo de batalla, de lugar de acoso y derribo desde la impunidad que nos ofrece, más a menudo de lo deseable, el anonimato y la coraza de la pantalla a través de la que nos comunicamos.

Cuando María escribió su primera novela, la que tengo entre manos, se le echaron, literalmente encima. La acusaron de machista, instigadora del bulling… un despropósito todo… Creo que quien lo hizo no era consciente de que esta historia es una historia de humor, tal como lo son las historias de Manolito Gafotas, los Diarios de Greg y tantos otros que hemos leído, de niños y de no tan niños y que, no han suscitado ni la centésima parte de las críticas que ha despertado Sara, la protagonista de los 75 consejos.
Es posible que quien lo hiciera haya olvidado cómo era a los 12 años, o tal vez a los 14, porque yo con doce aun  jugaba con muñecas y no me preocupaban ni los novios, ni el acné… a mis 14 era mucho más parecida a nuestra protagonista.

Y eso es lo que ha conseguido María, que volviera a vivir el principio de mi adolescencia, que recordara lo injustos que me parecían mis padres, lo arbitrarios que me parecían sus castigos y esa matraca del  “cuando seas mayor”, la tortura que me suponía aguantar durante un curso completo a algunos profesores, la enemistad manifiesta con mis hermanos…

Los padres creen que no hay nada que nosotros sepamos y ellos no. Como si fueran ellos los que están ocho horas al día en el colegio

Alguien no se ha dado cuenta de que esta es una novela de humor, con muchísimo sarcasmo, pero sobretodo con muchísima verdad, porque aunque cuando crecemos se nos olvida,  todos hemos tenido 12 años, todos hemos querido gustar y ser populares, todos  nos hemos peleado con nuestros mejores amigos y todos hemos tenido “archienemigos”, aunque a veces la enemistad no duraba mas allá del final del recreo.

Lo peooooooor que puedes hacer es demostrar que algo te ha enfadado, porque, a partir de ese momento, van a tratarte mal. Y más si la que lo descubre es una arpía como Rebeca. Sonríe y piensa que pronto encontraran a otra con el que meterse si creen que a ti no te afecta

Me ha resultado una lectura deliciosa desde mi posición actual al otro lado, y me he visto reflejada en muchas de las frases y actitudes que Sara no soporta de su madre, igual que en su momento yo no soportaba de la mía.

Las madres saben mentir muy bien. Mucho mejor que nosotros. Llevan muchos más años de práctica

Y esta es la historia, que es un libro que entretiene, que no tiene pretensión alguna de convertirse en guía de actuación para adolescentes, que plantea, sin más el día a día de una niña de 12 años, con sus alegrías y sus tristezas, con sus angustias que son inmensas aunque desde nuestros …. años a nosotros nos parezcan nimiedades.

¿Cree que soy tonta?, ¿Qué tengo cinco años? Además, ¿Qué sabrá mi madre que nunca ha tenido granos?

María refleja como nadie el universo adolescente y no solo aconsejo la lectura a los niños y a los
jóvenes, sino que me atrevería a decir que debería ser lectura obligada para los padres, para entender y sobre todo para recordar, para ser capaces de ponernos, al menos un poco, en los zapatos de nuestros hijos.

¿Por qué hay que concienciar a los niños?, me pregunto. Este consejo va dirigido a los padres. Consejo 70.- ¡Padres y políticos, concienciaos porque sois los que tomáis las decisiones!

viernes, 11 de diciembre de 2020

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Neruda, Pablo (1924)

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Ediciones Orbis (1997), 179 pp.

ISBN: 8440221754

 

No soy una gran lectora de poesía y mucho menos una experta en valorar la calidad literaria de un poema. En cuanto a este tema soy muy básica, o me gusta o no me gusta, y gustar se traduce en que el poema de turno me haga sentir algo, me remueva, sea capaz de mover alguna fibra de mi interior.

Son pocos los poetas que pueda decir que he leído: Benedetti, José Ángel Buesa, Bécquer, Lorca, Miguel Hernández y por supuesto Neruda, un autor al que conocí  en mis tiempos escolares a través, precisamente de uno de los poemas que se recogen en este volumen que hoy comento, el poema número 20, aquel que dice:

 

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.”

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.”


El gusto por ese primer poema y mis posteriores conexiones con Chile donde pude visitar sus distintas residencias, me llevaron a leer más, mucho más de este autor, pero nada comparable a la sensación que estos versos en concreto me produjeron la primera vez.

Estamos ante un volumen corto, en el que, tal y como indica el titulo encontraremos 21 poemas. Un libro que se lee en un suspiro a poco que te pongas, pero al que es fácil volver una y otra vez sobre cada uno de los poemas, de forma independiente o de forma consecutiva según su numeración, porque estos 21 poemas son como una historia. Los 19 primeros nos cuentan el amor,  nos hablan del amor, de quien lo provoca y de cómo se siente quien lo vive, el 20 habla del final del amor y la canción desesperada habla del desamor en ese ¡Oh! Abandonado…

En esta obra Neruda trata uno de los  temas recurrentes de su literatura, posiblemente el más recurrente y el que se considera eje central de su obra, el amor. Hablamos en este caso del amor  romántico, de la relación hombre-mujer, aunque el autor, a lo largo de su obra amplía estas relaciones de amor a los amigos, a los compañeros, al mar y en definitiva, a la propia existencia.

En estos poemas  el autor expone la grandeza del amor correspondido, la nostalgia de la perdida y la frustración por no conseguir de ellas lo que en ellas busca, expone al fin la alegría del amor, pero también la tristeza del final del amor. Estos cantos al amor no dejan, sin embargo, de lado otros temas que serán desarrollados posteriormente en el resto de su obra, el dolor existencial, el sufrimiento y la soledad en la que vive el ser humano aún inmerso en ese sentimiento que le engrandece, en el amor.

Es, sin duda, una obra a la que merece la pena acercarse, para disfrutar de los versos, para revivir esos sentimientos que, de una u otra forma, seguro que todos hemos vivido alguna vez. Y es una ocasión única para conocer a uno de los 33 poetas que ha recibido el Premio Nobel de Literatura a lo largo de sus 113 años de historia. Para mí, desde luego, una obra imprescindible de este autor.

jueves, 10 de diciembre de 2020

El príncipe destronado

Delibes, Miguel (1973)

El príncipe destronado

Espasa Libros (2007), Madrid, 266 pp.

ISBN: 9788467024753

 


A través de la mirada de un niño de tres años, desplazado de su condición de benjamín por el nacimiento de su hermana, y a lo largo de doce horas, el novelista nos describe la vida y afanes de una familia de la alta burguesía española de los años sesenta: el autoritarismo de un padre vencedor de la guerra, la inseguridad y fustración de una madre cargada de hijos, el enfrentamiento generacional, la crisis de la familia, las inquietudes y terrores del alma infantil, y todo un cúmulo de sugerencias y circunstancias vistas siempre con humor, ternura y a veces también con desgarro.

 

-              Le contemplas demasiado.

-              ¡Oh, no, no digas eso! Este niño necesita un cariño especial, Merche. No olvides que hasta hace un año era el rey de la casa. Es el príncipe destronado, ¿oyes? Ayer todo para él; hoy, nada. Es muy duro, mujer.

 

Para celebrar el centenario del nacimiento de Delibes este año me había propuesto acercarme de nuevo a sus novelas y releer, al menos una de ellas. A las alturas del año en que estamos casi no soy capaz de cumplir este reto, pero lo he conseguido.

En principio me plantee leer “La sombra del ciprés es alargada”, una novela a la que tengo cierto apego por desarrollarse la primera parte entre las calles de la ciudad que me vió nacer. Era una buena opción, pero entonces encontré entre los libros de una de mis estanterías un ejemplar de El Príncipe destronado, una tiernísima novela en la que el autor da voz a Quico, un niño de tres años (casi cuatro) que  en mi memoria siempre tendrá el rostro y el gesto de Lolo García, el pequeño actor que le dió vida en “La guerra de papa”, la película que Antonio Mercero dirigió en el año 1977 basándose en la obra que nos ocupa.

Esta película es una maravilla de adaptación y os aconsejo verla, no solo por la ternura que transmite su pequeño protagonista, sino también por el papelón de Verónica Forqué como Vitora. Pero vamos a lo que nos ocupa, el libro, porque, por muy buena que sea la cinematografía, la novela es aún mejor.

Estamos ante una novela corta, en la que se narra un día corriente de la vida de Quico, el quinto hijo de una familia acomodada, en diciembre de 1963. La novela transcurre desde que despierta, a las 10 de la mañana, hasta que se acuesta, a las 9 de la noche. Un día que en sí podría resultar simple, un día que podría resultar pobre literariamente, pero en la que el autor, a través de la mirada del niño y de sus vivencias cotidianas nos adentra en los mundos de la psicología, la sociología, la política e incluso la historia.

Los aspectos psicológicos son evidentes, quedando ya de entrada patentes incluso en  el título de la novela “El príncipe destronado” que responde a un síndrome del mismo nombre que se refiere, básicamente a los celos que la llegada de un nuevo hermano generan en el hermano anterior y que se caracteriza por ciertos comportamientos tipo como la desobediencia, que en Quico coincide además con la desobediencia típica de los niños a la edad de nuestro protagonista. El regreso a una etapa de desarrollo anterior patente y reiterativa en la vuelta a la falta de control de esfínteres de nuestro protagonista por la noche (hacerse pis en la cama) e incluso durante el día ("repasarse", haciéndose pis sin darse cuenta) y que a la edad que tiene, tres años llegando a cuatro, ya debería estar controlado. Cambios en el sueño, que se traducen en la última y magnífica escena final,  y en la alimentación, ese "hacerse bola" de la comida en la boca de Quico y el tener que darle de comer por su desgana. Sus continuas llamadas de atención, caracterizadas por esa necesidad de hacer a todos los mayores con los que se relaciona partícipes de todo lo que le ocurre y de implicar a sus hermanos en su vida para sentirse, de nuevo,  el centro de atención. Y, por último,  la tristeza, esa tristeza que el autor coloca siempre en su mirada.


Quico asentía maquinalmente y le miraba sin pestañear con sus ojos azules, infinitamente tristes.


Y si la personalidad de nuestro pequeño protagonista queda descrita de forma precisa, no queda menos patente la personalidad del resto de los personajes a los que conocemos más por sus acciones que por la descripción que el autor hace de los mismos:

Papa: un hombre ausente de la vida diaria, pero autoritario, intransigente y machista como el común de los hombres de la época.

 

-              El día que te cases, Quico, lo único que has de mirar es que tu mujer no tenga la pretensión de que piensa.

 

Mama: una mujer que mantiene la distancia con sus hijos.

Vito: la mujer servil y la que ejerce, en la práctica,  de madre para este pequeño.

Domi: la niñera desmotivada, más preocupada del cotilleo y de quedar por encima de “su señora” que de ejercer las labores por las que recibe su salario.

Juan: ese hermano que en su momento también fue "destronado" y cuya mayor afición es hacer rabiar al pequeño.

Estos personajes, junto al resto de secundarios, los hermanos, Femio, la Loren... conforman un microcosmos que es el reflejo de una sociedad que el autor refleja en su novela de manera magistral.  Estableciendo en primer lugar una clara frontera entre clases que se da ya, en el mismo domicilio, donde existe una clara distinción entre la zona noble por donde se mueven la familia y la niñera y la zona de servicio, reino indiscutible de Vito,  y a la que la madre se acerca esporádicamente y casi, exclusivamente, para poner orden cuando ve que al servicio se le va de las manos la "educación" de los niños.


Plasma además el autor con verdadera maestría la diferencia de roles de género, el hombre trabaja fuera
para llevar el dinero y la mujer se ocupa de la casa y de los niños. Y en esta separación de géneros el autor plasma implícita y explícitamente la relación de un matrimonio que hace aguas, poniendo ante nuestros ojos el enojo contenido y las discusiones educadas que no suben de tono para no dar “oídos al pregonero”,  pero cuyas palabras envenenadas duelen más que la mayor de las bofetadas.

 

Papá prosiguió-: Bueno, esto es así y no hay quien lo mueva, ¿verdad?. Entonces tu estás en la verdad, pero llega un pazguato o una pazguata, que para el caso es lo mismo, y trata de desmontar tu verdad con cuatro vulgaridades que le han grabado a fuego cuando niño. Y ahí está lo grave; a ese pazguato o a esa pazguata difícilmente podrás convencerles de que no tienen ideas, de que lo único que tienen es aserrín dentro de la cabeza, ¿me has comprendido?.

 

Papá pertenece al bando de los vencedores de una guerra que, a pesar de los años transcurridos sigue muy presente en la vida de esta familia. Esa victoria es, posiblemente el origen, o al menos uno de los factores que le permite llevar una vida desahogada, manteniendo dos casas,  6 hijos, el servicio de la casa y el chofer y las vacaciones anuales en San Sebastián. Y le supone además esgrimir ante sus hijos y su mujer una  "superioridad moral" que le hace creerse poseedor de la verdad ideológica absoluta y garante de transmitir esa verdad a sus hijos, de imponerles esa idea de que ellos, su bando, son los buenos y los vencidos, los que tienen enfrente son los malos.  Y de esa forma el padre sigue confirmando  una historia que ganaron ellos, los vencedores de "la guerra de Papa".

 

-              El domingo te imponen las insignias- dijo-. A las once en el estadio, no lo olvides. Va a ser un acto magnífico.

Pablo se sofocó todo y se encogió de hombros. Añadió papa:

-              ¿Parece como que te contrariara?

Pablo tornó a levantar los hombros, resignado. Intervino Mamá:

-              ¿No se te ha ocurrido preguntarle si quiere hacerlo? ¿Si sus ideas coinciden con las tuyas? Pablo ha cumplido ya 16 años.

Pablo tenía el rostro arrebatado. Los ojos de Papá revelaban un creciente desconcierto.

-              ¿Ideas?- dijo-: sus ideas serán las mías, creo yo, además, esto no es tanto cuestión de ideas como de intereses.

No quitaba la mirada de su primogénito, pero Pablo no despegaba los labios. Encareció Marcos extemporáneamente:

-              Cuéntanos cosas de la guerra, papá.

-              ¿Ves?- dijo papá-, estos son otra cosa. ¿Y que quieres que te diga de la guerra? Fue una causa santa. – Miró profunda, inquisitivamente a Mamá y agregó-: ¿O no?.

-              Tú sabrás- respondió mamá-. Esas cosas suelen ser lo que nosotros queramos que sean.

[…]

-              ¿Tu ibas con los buenos? – apuntó

-              Naturalmente. ¿Es que yo soy malo acaso?

Juan sonrió, como relamiéndose. Dijo:

Yo quiero ir a la guerra.

 

La novela está escrita de forma aparentemente simple, y sin embargo tremendamente compleja. Una novela en cuyo lenguaje el autor desliza, en su justa medida, expresiones propias del lenguaje infantil y del lenguaje “vulgar” propio de las “clases bajas”. El paisaje se reduce a las estancias de la casa y las páginas están repletas de diálogos que dotan de verdadera agilidad a la historia, predominando en esta novela más el arte de mostrar que el de contar.

Una lectura deliciosa  que apenas dura una tarde, pero a la que no le falta nada para ser una novela redonda.  Una lectura que nos muestra una época que quizá nos resulte ajena, con sus casas señoriales, con sus telenovelas en la radio, con sus coplas, con el servicio militar que a muchos les llevaba a tierras africanas, con los niños entretenidos con TBOS y con chapas de refresco, con la presencia continua del cielo y el infierno en la educación de los pequeños… una época que pasó, pero que fue así, al menos para algunos. Una novela en la que la inocencia de un niño y la literalidad de las palabras que escucha y que interpreta sin sarcasmos e ironías, pondrán, en más de una ocasión la sonrisa en nuestros labios. Una novela que, estoy segura que disfrutareis si la leéis sin más pretensiones que disfrutar de una gran historia y una magnífica novela.

 

-              ¿Qué quería el niño, señora?

-              Mi mano- dijo Mamá

-              ¿Su mano?

-              Tenía miedo

-              ¡Ah!

La Domi relajó su expresión y en sus ojos brillo una chispa de ternura:

-              A saber que tendrá la mano de una madre- dijo.

Mamá adoptó un gesto duro para replicar:

-              Lo malo es luego- dijo-, el día que falta mama o se dan cuenta de que Mamá siente los mismos temores que sienten ellos. Y lo peor es que eso ya no tiene remedio. 

viernes, 4 de diciembre de 2020

El Club del Crimen de los Jueves

Osman, Richard (2020)

El Club del Crimen de los Jueves

Espasa Libros, Barcelona, 464 pp.

ISBN: 9788467060225

 

No subestimes el talento de un grupo de abuelos.

En un pacífico complejo privado para jubilados, cuatro improbables amigos se reúnen una vez a la semana para revisar antiguos casos de asesinatos locales que quedaron sin resolver. Ellos son Ron, un exactivista socialista lleno de tatuajes y revolución; la dulce Joyce, una viuda que no es tan ingenua como aparenta; Ibrahim, un antiguo psiquiatra con una increíble capacidad de análisis, y la tremenda y enigmática Elizabeth, que, a sus 81 años, lidera el grupo de investigadores aficionados… o no tanto.

Cuando un promotor inmobiliario de la zona es hallado muerto con una misteriosa fotografía junto al cuerpo, El Club del Crimen de los Jueves se encuentra en medio de su primer caso real. Aunque sean octogenarios, los cuatro amigos guardan algunos trucos en la manga.

¿Podrá este grupo poco ortodoxo pero brillante atrapar al asesino?

 

A todo el mundo le encanta un buen asesinato, aunque nadie lo reconozca en público.

 

Hace más de treinta años, mis padres, junto a un grupo de amigos de los de toda la vida, comenzaron a acariciar un proyecto. Un proyecto innovador para aquellos momentos que consistía, básicamente, en comprar unos terrenos y sobre ellos construir una serie de apartamentos independientes pero ubicados bajo el paraguas de una serie de zonas y servicios comunes que les dieran cobertura, seguridad e independencia cuando, años más tarde se encontraran en el momento de su jubilación.

Este proyecto nunca llegó a llevarse a cabo y muchos de los ideólogos del mismo ya no están entre nosotros, pero estoy segura de que de haberlo hecho realidad, su “comunidad” tendría bastante que ver con la que me he encontrado al leer El club del crimen de los jueves, incluso me atrevería a decir que alguno de estos maravillosos ancianos podría haber sido cualquiera de las personas reales de la que os hablaba más arriba. Pero bueno, que me voy del tema y hoy  lo que toca es hablar de una novela que me ha divertido y entretenido a partes iguales.

 

Coopers Chase es una comunidad y, en opinión de Ibrahim, los seres humanos están hechos para vivir en sitios como ése. Allí, cada vez que quieres estar solo, puedes cerrar simplemente la puerta de casa, y cuando quieres compañía, puedes volver a abrirla.

 

Para comenzar voy a centrarme en el escenario en que se desarrolla la novela. Un paisaje bucólico situado en la campiña del condado de Kent, un paisaje verde que yo he imaginado extrañamente soleado. Un paisaje descrito de forma exquisita, detallada sin ser excesiva, un paisaje que a lo largo de la novela te lleva por suaves colinas, por granjas apartadas, por lujosas construcciones, por calles pintorescas llenas de cuidados negocios e incluso por un antiguo cementerio cuyos huesos corren el riesgo de ser expulsados de “su descanso eterno” debido a la desmedida ambición inmobiliaria.

 

Vuestro cuerpo reposaría entonces en otro lecho individual, bajo una sencilla lápida, junto a las hermanas Margaret y las hermanas Mary de generaciones anteriores. Si alguna vez habíais tenido sueños, podrían desplegarse ahora sobre las verdes colinas, y si habíais tenido secretos, quedarían a salvo para siempre entre las cuatro paredes del convento.

 

Y si el paisaje es una maravilla no lo son menos los personajes que se pasean por él. Estamos ante una novela coral, en la que los cuatro protagonistas principales rivalizan en importancia:  Ron es un exactivista socialista lleno de tatuajes y revolución que aprovecha cualquier ocasión para revivir sus tiempos de agitación de las masas, aunque sus oportunidades son cada vez menos.

 

Ron ha demostrado que la lectura de los atestados policiales con el convencimiento de que la policía te está mintiendo es una técnica asombrosamente eficaz.

 

Ibrahim es un psiquiatra jubilado que, aun conserva en su poder muchos de los expedientes de sus antiguos pacientes a los que sigue aplicando su tremenda capacidad analítica.

 

A Ibrahim le gusta la idea de quedarse conversando hasta tarde. Cuando Ron se vaya, solamente le quedará leer, hacer más listas y meterse por obligación en la cama, a esperar un sueño que cada vez le cuesta más conciliar.

 

Elizabeth, el alma del club del crimen de los jueves, es la única protagonista de la que desconocemos su profesión, aunque a través de las pistas que el autor va deslizando a lo largo de la novela podemos llegar a imaginar. Es una mujer decidida y cabezota, una mujer que ha perdido el miedo a las consecuencias cuando se trata de hacer lo que considera correcto, o es que, tal vez no tuvo ese miedo nunca.

 

Aun así, imagino que debe de estar apenada, porque su amiga le ocultó ese secreto. Elizabeth y Penny estaban muy unidas. Las dos tenían sus secretos, pero el de Penny era el más grande. Eso tiene que dolerle a Elizabeth.

 

Y por último, tenemos a Joyce, una mujer aparentemente ingenua, una enfermera jubilada que por su carácter risueño y tranquilo, sereno y comprensivo acaba siendo la persona a la que todos consideran digna de dar consejo.

 

A mí no me importa escuchar argumentos grandilocuentes, ver cómo se desafían unos a otros, oír las iracundas amenazas de acciones judiciales y esperar a que se vayan serenando los ánimos. Entonces intervengo y sugiero que tal vez haya una manera de solucionarlo, o un arreglo que contente a todos, o la posibilidad de reconocer que los perros son perros y ésa es su naturaleza. Nadie de aquí se siente intimidado por mí, nadie me considera una rival. Soy simplemente Joyce, la amable y parlanchina Joyce, que siempre mete la nariz en todo.

 

Junto a todos ellos aparecen varios personajes secundarios, tan magníficamente perfilados como los


cuatro anteriores. Otros jubilados como Penny, John, Bernard o Stephen. El Inspector Jefe Crhis Hudson  y la agente Donna de Freitas, a quienes el club se empeña en ayudar cuando los casos hipotéticos que analizan en el club son sustituidos por un caso real que les toca de cerca. Gordon y Karen Playfair, últimos propietarios de las tierras colindantes a Coopers Chase. Los promotores de este complejo Tony Curran e Ian Ventham que priman, por encima de todo la rentabilidad del negocio. Y junto a ellos Bogdan, un constructor polaco, el padre Matthew Mackie  y Jason Rotchie y Joana, hijos respectivamente de Ron y de Joyce.

Todos estos personajes, entre los que encontraremos vivos y muertos, entretejen con sus relaciones, sus investigaciones y sus propias vidas presentes y pasadas, una trama atractiva que se bifurca en varias subtramas  lo que hace de esta una historia menos sencilla y mucho menos lineal de lo que en principio pudiera parecer.

Estamos ante una novela que se desliza a velocidad de vértigo ante nuestros ojos. En la que se suceden asesinatos rodeados de múltiples  misterios  que es necesario desentrañar para llegar al fondo del asunto.  Una novela compuesta por capítulos cortos en los que se alterna la narración de la trama a través de una voz externa, con el diario de Joyce  que el autor aprovecha para incluir las reflexiones, para aportar la perspectiva más psicológica de los personajes, pero también para incluir los “chascarrillos y chismorreos” esa parte de la novela que te obliga a sonreír entre tanta trama negra.

 

Recuerdo que me llevé la mano a la barbilla y me di un par de golpecitos en los labios con los dedos antes de responder, como hacen a veces en televisión los entrevistados. Es un gesto de persona lista.

 

Ha sido, sin duda, una novela que he disfrutado de principio a fin, una novela escrita con el ritmo justo y con la justa equidad entre la muerte, la vida y el humor. Una novela que ha sido mucho más de lo que mis, ya de por sí, altas expectativas esperaban de ella. Una novela que habla de la muerte, si, pero que habla sobre todo del amor por la vida, de la amistad, de la ilusión y de la motivación por seguir adelante sean cuales sean las circunstancias de la vida y sea cual sea nuestra edad. Es una novela que rinde un sentido homenaje a nuestros mayores y sobre todo al valor que pueden y deben de seguir aportando a nuestra sociedad.

Asique, si me preguntáis si recomiendo su lectura, mi repuesta es un rotundo SI, no vais a arrepentiros,
ya me lo contareis.

 

Hace años, todos los actuales vecinos de la comunidad tenían que madrugar porque había mucho que hacer y el día tenía un número limitado de horas. Ahora madrugan porque hay mucho que hacer y la vida tiene un número limitado de días.

jueves, 26 de noviembre de 2020

La puerta

Loureiro, Manel (2020)

La puerta (ebook)

Planeta, Barcelona, 352 pp.

ISBN: 9788408234876

 

Un crimen ritual. Una mujer desesperada por salvar a su hijo. Manel Loureiro sorprende con un thriller ambientado en la misteriosa y legendaria Galicia.

El hallazgo del cadáver de una joven, asesinada mediante una antigua forma ritual a los pies de la mítica Puerta de Alén, desconcierta a sus investigadores. La agente Raquel Colina es una recién llegada a ese rincón perdido de Galicia para tratar de salvar a su hijo, al que la medicina ya no puede curar. Sin otra alternativa, y llena de dudas, Raquel había recurrido a una menciñeira local, que prometía su sanación.

Sin embargo, la misteriosa desaparición de la curandera y el descubrimiento de la víctima de la Puerta hacen sospechar a Raquel que ambos casos pueden estar relacionados. Con la complicidad de su compañero, en un ambiente mágico y rural que no acaba de comprender y donde todo el mundo parece guardar un secreto, la agente comenzará una desesperada cuenta atrás para resolver el caso y así hallar la última tabla de salvación que le queda a su hijo.

 

 Lo que realmente me tenía angustiada era la sensación pegajosa de estar caminando todo el rato por el delgado filo que separa la realidad de la fantasía. Y eso no tenía fácil solución.

 

La puerta es una novela que, nada más arrancar, ya establece un claro posicionamiento en lo que te vas a encontrar después. Partiendo de una situación de lo mas cotidiana del mundo ya introduce esos elementos “misteriosos” que van a ser un continuo a lo largo de toda la trama, por lo que si en estas primeras páginas no te engancha, es difícil que lo haga a partir de aquí. A mí, os aseguro que, aparte de ponerme los pelos de punta, fue un acicate para sumergirme en la novela como el que se tira a una piscina de cabeza habiendo apenas probado con el pulgar del pie la temperatura del agua.


Lo que te encuentras a partir de aquí es una novela negra, por más que los protagonistas pertenezcan a los cuerpos de seguridad. ¿Que hay una investigación sobre una muerte? Obviamente, no hay más que leer la sinopsis, pero la novela no se queda ahí, sino que ubica la trama dentro de un lugar lleno de misterios, secretos y medias verdades. Dentro de un paisaje que el autor describe de una forma sublime para hacernos dudar y de una atmosfera que nos lleva a empaparnos con la persistente lluvia, a sentir horadados los oídos por el fuerte viento,  a sentir perdida toda percepción espacial entre la densa niebla, a sentirnos pequeños ante construcciones magnificas cuya existencia se pierde en el principio de los tiempos. Consiguiendo, al fin, que toda nuestra parte racional se tambalee y comencemos  a creer que lo que cuenta, a pesar de ser ficción podría ser real, porque como se dice en aquellas tierras: «eu non creo nas meigas, mais habelas hainas» («yo no creo en las brujas, pero haberlas, las hay»).

 

Pero, cuando no te queda otra alternativa, acudes incluso a aquello que jamás te habrías tomado en serio, por si acaso hubiese el más mínimo resquicio de esperanza. Los seres humanos somos así.

 

Y frente a esta atmósfera incierta, Manel coloca tres protagonistas rotundamente reales.

Raquel es una Guardia Civil, si, pero ante todo es una madre que lucha por la supervivencia de su hijo.


Una madre sola ante la situación más angustiosa de su hijo, una mujer sin familia que la apoye, sin redes sociales en las que apoyarse, una mujer que, a pesar de su racionalidad, se aferra a un clavo ardiendo si esto le da la mínima oportunidad de cambiar el curso de un futuro escrito. Una mujer valiente a la que el tiempo apremia, a la que las circunstancias que nunca le han sido favorables, se le vuelven aun más adversas en esta tierra que le resulta tan extraña y tan incontrolable, una mujer a la que la desesperación, a veces, no le permite ser racional, porque el corazón, en este caso pesa mucho más que lo que su profesión le haya podido enseñar.

 

Había ido allí en busca de respuestas y salía con muchas más dudas que las que tenía antes. Necesitaba probar otro enfoque.

 

Julián es ese niño desahuciado al que su madre está empeñada en arrancar de la muerte, un niño de apenas 9 años, al que su madre solo quiere proporcionar una oportunidad de seguir viviendo, de seguir siendo un niño y de ser feliz. Un niño que, a lo largo de la novela, nos demuestra que  es mucho más consciente de lo que le ocurre de lo que su madre cree y a la que no le cuenta lo que vive y lo que siente en su afán de protegerla.

 

Julián tenía tan solo nueve años y con esa edad el mundo es un lugar bastante mágico en el que no te molestas demasiado en buscar explicaciones lógicas para hechos aberrantes.

 


Y por último tenemos a Juan, el compañero de Raquel, un personaje del que me he enamorado desde el primer momento. Un personaje en el que el autor derrumba muchos de los tópicos que rodean a los “gorditos”, un personaje que es el COMPAÑERO con el que todos desearíamos contar en lo profesional y el amigo fiel al que todos querríamos tener en lo personal.

 

Le envidié profundamente y al mismo tiempo sentí una inmensa gratitud al destino por tenerlo de compañero. Gente como él es la que hace que el mundo no se vaya al garete, incluso con un aspecto tan desastrado y torpe como el suyo.

 

Junto a estos tres pilares encontramos un puñado de secundarios que serán claves para el desarrollo de la novela, porque si hay algo destacable es que en esta historia no hay personajes de relleno, no hay trama de relleno, no hay descripciones de relleno… está lo que tiene que estar y en su justa medida.

Raquel nos cuenta la historia en primera persona en los capítulos que llevan su nombre, lo que nos permite meternos en su cabeza y sufrir en nuestras carnes la desesperación de una investigación en la que las puertas tras las que se esconden las respuestas se cierran una a una ante sus narices.  Conocemos hasta el último de sus pensamientos y sus sentimientos y junto a ella somos capaces de vivir la desesperación, la ira, la incertidumbre y el terror…

 

No había querido pensar en esa posibilidad, pero evitar la realidad no impide que esta salte del suelo y te muerda en el cuello.

 

El resto de los capítulos los narra un narrador omnisciente que permite que situemos a esa Raquel en relación con los demás, que seamos capaces, aun parcialmente, de construir a su alrededor un puzle en el que vayan encajando las piezas que se nos ocultan.

De esta forma, alternando puntos de vista en capítulos breves, el autor consigue que el interés no decaiga, que la tensión de lo vivido por los protagonistas vaya aumentando y te inunde hasta llegar a un punto de no retorno, a un final frenético y sorprendente.

Una novela de la que he disfrutado, en la que he encontrado una trama distinta y original y en la que he podido acercarme por primera vez a un autor al que nunca había tenido la oportunidad de leer.

Una novela que puede ser tan real o tan ficticia como cada uno de nosotros queramos interpretar.

 

Las leyendas no son más que retazos de hechos auténticos que se han ido transformando con el paso de los siglos y de distintos narradores, Raquel. Detrás de cada leyenda, por muy disparatada que parezca, siempre se esconde un trozo de verdad.