jueves, 31 de enero de 2019

RETO LECTOR 2019.- ENERO,. Un libro de menos de 100 páginas


Este es el primero de los retos del 2019 que lanzó la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba y que conocí en Facebook a través de la escritora y amiga María José Moreno.

El reto de Enero consistía en leer un libro de menos de 100 páginas y os aseguro que me ha costado encontrarlo.

Buscando y buscando, recordé de un libro que hace unos años me regalo un amigo, con una preciosa dedicatoria que me vinculaba con el título, un libro al que no había conseguido encontrarle el momento y que ha conseguido encontrarme a mí a través de esta iniciativa:  Sueño de Huruki Murakami.


MURAKAMI, Haruki
Ilus.: Kat Menschik (2013)
Sueño
Libros del zorro rojo, Barcelona,  84 pp
ISBN: 978-84-941619-4-0

“Me pregunte cuantos días llevaba sin dormir.
El primer día en que no había podido conciliar el dueño había sido un martes, dos semanas atrás. Es decir que hacía diecisiete días y diecisiete noches.
Un tiempo muy largo.
Ya casi no recordaba en qué consistía dormir”

Este es el párrafo que aparece en la contraportada del libro.

Si buscáis en cualquier página de internet de compra de libros, incluida la de la propia editorial, encontrareis que la sinopsis es bastante más extensa, pero debido a la longitud de este relato no he considerado oportuno reflejarla en este comentario.

Este es el segundo “cuento” que leo del autor, en breve compartiré la opinión que me produjo la primera vez que me acerqué a su literatura. Ya decidí entonces que debo acercarme a sus novelas y este relato ha hecho que me reafirmé en ello.

En esta obra, el autor, convierte una vida ordinaria, rutinaria y predecible;  la de un ama de casa de clase media en una ciudad portuaria  de Japón, en una vida a la que la protagonista dota de tiempo extra en detrimento del descanso necesario que el sueño no le proporciona.
Y no porque ella no quiera, no por un insomnio pasajero cuyos efectos ya conoce.

“Me adormilaba un poco. Pero en la habitación contigua, al oro lado de una fina pared, mi conciencia permanecía viva, alerta, vigilándome. Mientras mi cuerpo vagaba titubeante por la penumbra, no dejaba de sentir, allí, justo al lado, el aliento y la mirada de mi propia mente. Yo era el cuerpo que va a sucumbir a la modorra y, al mismo tiempo, la conciencia dispuesta a permanecer despierta.

No es esta la situación que afecta al relato, sino el hecho de la falta de sueño, así sin más y de la falta de efectos sobre una protagonista de la que no llegamos a conocer el nombre.


Sin embargo, cuando ahora digo que no puedo dormir me refiero a algo completamente distinto. Distinto de principio a fin. Simplemente no puedo dormir. Ni siquiera me entra sopor. Pero aparte del hecho de que soy incapaz de conciliar el sueño, mi estado físico es excelente. No estoy adormilada, mi mente se mantiene muy clara. Incluso diría que mas despejada que de costumbre. Tampoco mi cuerpo muestra anomalía alguna. Tengo apetito. No siento cansancio. Hablando desde un punto de vista práctico, no tengo ningún problema. Simplemente no puedo dormir.

Esta situación la lleva a recuperar hábitos perdidos para aprovechar esas horas “extra”,  principalmente la lectura, sobretodo de los clásicos Rusos, lo que permite al autor hacer su particular homenaje a una de sus obras cumbres “Anna Karenina” que la protagonista lee y relee como si le fuera la vida en ello.

“Todas las familias felices se parecen, pero cada familia infeliz lo es de un modo distinto”

Y a este sano hábito, esos sí, llevado al extremo, le acompañan otros abandonados en la juventud, y también la adquisición de algunos nuevos que rozan los límites de la cordura. Porque la protagonista va ganando cosas en este tiempo regalado, pero también va perdiendo muchas otras y va perdiendo, o eso me parece, parte de su propia humanidad.

Desde que no podía dormir, me asombraba lo simple que era la realidad. Desenvolverse en la vida era muy sencillo. […] Era igual que manejar una maquina muy sencilla: una vez que aprendías el  modo de empleo, se trataba solo de ir repitiéndolo.

Murakami nos hace transitar por territorios  más o menos conocidos: el  insomnio, los sueños, las pesadillas, las parálisis del sueño… Pero también nos lleva de la mano por terrenos inexplorados, porque no se vosotros, pero yo no conozco a nadie que sea capaz de aguantar 17 días, ni 7 siquiera,  despierto y en plenas facultades. Y lo hace de una forma tan detallada, tan coherente que llegamos a pensar que no dormir es lo más normal del mundo.
Y de repente, cuando estamos instalados en esa normalidad, da una vuelta de tuerca y  nos  coloca en la tesitura de no saber, cual es la parte  normal en esta historia, si es que, en realidad, hay alguna.

Y lo hace a través de imágenes cotidianas, y a través de una prosa clara, sin circunloquios, una escritura perfectamente cuidada y justamente adjetivada.

Y más allá de las bondades técnicas, la historia en general y su final, en particular me han llevado a un desazón que aún permanecen y me ha instalado en la duda continua de si habré sido capaz de entender, en realidad, el alcance de este relato, si habré sido capaz de desvelar, en fin, lo que hay tras este Sueño. Y eso es lo que le pido a una historia, que para bien o para mal, me remueva, me haga sentir y reflexionar y no os quepa duda que en las escasas 84 páginas, que se quedan en apenas 60,  si obviamos las ilustraciones, el autor lo ha conseguido.

Así que dejó de asustarme el hecho de no poder dormir. No había razón alguna para tener miedo. “¿Y porque no me lo tomo de un modo más positivo?, pensé. “Porque estoy ampliando mi vida”. “Las horas que iban de las diez a las seis de la mañana eran solo mías. Hasta entonces, el sueño- aquello que llamaban:” acto de subsanación para el enfriamiento”- me había ocupado la tercera parte del día. Pero ahora ese tiempo era mío. De nadie más. Solo mío. Y  yo podía utilizarlo a mi antojo. Sin que nadie me molestase, sin que nadie me pidiese nada. Si. Mi vida se había ampliado. Yo estaba ampliando mi vida en una tercera parte.


2 comentarios:

  1. Con este autor aún no me he animado. Podría ser este libro un buen principio para tomar contacto con la prosa del autor. Buena reseña!
    Besotes!!!

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  2. Qué curioso me resulta que cada lector tenga su propia percepción, y que a veces unas estén tan alejadas de otras. Porque hace mucho tiempo que me estrené con Murakami y la verdad es que, al contrario que a ti, no me quedaron ganas de volver a leer nada suyo; qué cosas...

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