miércoles, 16 de diciembre de 2020

Durante la nevada

Roso, Luis (2020)

Durante la nevada

Alrevés, Barcelona, 392 pp.

ISBN: 978-84-17847-59-3

 

En las Navidades del año 1968, el cuerpo de la joven Rebeca Sanromán fue hallado en una laguna helada en las inmediaciones de un pequeño pueblo de montaña al norte de Burgos, sin que se hallara nunca al responsable de su asesinato.

Diez años después, dos reporteros de un diario provincial viajan hasta el lugar para escribir un artículo sobre el crimen: Miguel, un periodista de raza, formado en los años más oscuros del franquismo, y Esmeralda, una joven idealista criada a la sombra de su estricto padre.

La investigación periodística, que se preveía anodina, pronto se convertirá en una compleja trama en la que Miguel y Esmeralda verán peligrar sus carreras profesionales y hasta sus propias vidas, mientras que el país entero bulle por los vertiginosos cambios políticos y la violencia desatada en los primeros años de la Transición democrática.

 

Ética o estética, esa es la eterna lucha. Con los años te irás dando cuenta de que esto del periodismo siempre funciona así. Una cosa es lo que averigües, y otra lo que cuentes y cómo lo cuentes. Es como sintonizar la radio: a veces hay que ajustar mucho con la rueda para encontrar el canal que buscas. Pero con paciencia y práctica todo se puede conseguir. Esta es una de las pocas consecuencias positivas que tuvo la dictadura para nuestro oficio: nos enseñó a decir mucho sin decir nada. Y lo que es aún más complicado: a no decir nada aun diciendo mucho.

¿Eso qué significa? —Que hay que confiar en la inteligencia y la complicidad del lector para que entienda lo que tú quieres que entienda, ni más ni menos

Algo así como lo que decía Machado, «Da doble luz a tu verso, para leído de frente y al sesgo».

 

Luis Roso es uno de esos autores que tenía pendientes desde hace años, pero cuyas historias habían ido quedando relegadas por otras lecturas. Por eso, cuando en #SoyYincanera se propuso la lectura conjunta de su última novela no pude, ni quise resistirme y la verdad es que ha sido un verdadero acierto.

Durante la nevada es una novela negra que se sitúa, además, en una de mis épocas históricas favoritas, la transición española. El autor ha llevado a cabo, sin duda, un gran trabajo de documentación que se filtra a través de las páginas, sin dogmatismos y, lo más importante, sin que Luis se empeñe en darnos una lección de historia, sin que se empeñe en demostrarnos todo lo que sabe de una época convulsa de nuestra historia. Una etapa determinada por el ambiente político que el autor nos muestra, pero en la que desliza además el cine, la televisión, la literatura y la prensa, para situarnos en un contexto definido por un cambio político, pero también, o tal vez debido a esto, por el inicio de los cambios sociales que esta nueva etapa suponía.

 

Después de las casi cuatro décadas con los medios del régimen trasladando a la población una sensación de apatía generalizada, de certidumbre y estabilidad, la democracia había supuesto una ruptura perceptible, más que en ningún otro ámbito, en el periodismo.

 

La novela está llena de personajes potentes y perfectamente definidos.

La pareja protagonista, Miguel y Esmeralda, se encuentra fuera de los cánones habituales. Tienen edades distintas, pasados distintos y vivencias distintas, pero tienen  en común un rasgo más que importante: su profesión y su incansable búsqueda de la verdad y diría, más aún, de la justicia, tenga esta búsqueda las consecuencias que tenga.

 

Yo leía mucho, y tenía el convencimiento de que la apariencia era algo secundario. Que la revolución

no se hacía dejándose crecer la barba.

 

Dentro del elenco de secundarios que les acompañan en esta aventura, debo comenzar hablando de Beatriz, una mujer independiente adelantada a su época, una compañera para Miguel, más que una “mujer” de la época acostumbrada a vivir para y en pos de su marido.

Los cuerpos de seguridad,  tanto la Policía Nacional, personificada en el Inspector Velasco, como la guardia civil, en los personajes del Teniente Zaballos y el Teniente Coronel José Cerdá, a los que la pareja protagonista se encuentra a veces de frente y a veces en contra, unos cuerpos que arrastran, tanto en el ámbito urbano, como en el ámbito rural reminiscencias del régimen anterior provocando más de un problema en la investigación y en la propia vida de los protagonistas.

 

Además, si hubiera sido él, el teniente se lo habría sacado en el tiempo que lo tuvo detenido. Que ya saben ustedes cómo son esos interrogatorios de la Guardia Civil.

 

Las fuerzas vivas de los pueblos del interior de la península, en este caso Sancho Guijarro, el alcalde de Zarza de Loberos, que lo fueron perpetuándose a sí mismos por años y años debido, obviamente, no a la elección de sus vecinos, sino al “enchufismo”, a ese estar en el bando correcto que les imprimía de una capa de seguridad para mantenerse en la “cumbre” y que sus vecinos aceptaban más por miedo que por cualquier otra razón. Y que vieron tambalearse esa seguridad con el nuevo régimen que se avecinaba.

 

Es un parásito que lleva media vida viviendo de no hacer nada, gracias a su amistad con el antiguo gobernador civil de la provincia, que era familia suya. Ahora quiere subirse al carro de la democracia y además seguir llevando las riendas. Pero no. Esto no funciona así. Ahora nos toca mandar a los otros, a los que hasta ahora nos ha tocado bajar las orejas y tener la boca cerrada.

 

Los descendientes de estas fuerzas vivas, como nuestro Leandro Guijarro,  que se acomodaron a vivir en el poder y que a base de dinero e influencias construyeron sus imperios, aún en los contextos más peligrosos.

 

Era miembro de Fuerza Nueva y uno de los baluartes de la organización ultraderechista en el País

Vasco, aunque a la vez mantenía contactos poco o nada discretos con distintas organizaciones y asociaciones del entorno abertzale a las que no tenía reparos en apoyar económicamente bajo cuerda. Parecía haber sido capaz de ubicarse en una suerte de limbo, una situación de equidistancia perfecta, que le permitía moverse con libertad en el turbulento panorama político, social y económico de la región.

 

Rebeca Sanromán, un personaje que, a pesar de no estar presente “físicamente” en la trama, es el punto común alrededor del cual se estructura toda la historia, convirtiéndose en el elemento principal que permite al autor realizar un análisis de las relaciones familiares y vecinales y una crítica explícita a la posición de la mujer en la década de los años 70 del siglo pasado, esa posición en la que la etiqueta que te colocaban era la que te determinaba y en la que, poner etiquetas, era para los otros  el deporte nacional. Por desgracia, esa mala costumbre de etiquetar a las mujeres, aún sin prueba alguna, no ha quedado relegada al pasado como el régimen anterior, sino que, para nuestra desgracia sigue muy viva en nuestra sociedad.

 

Pues, a ver, en general era una chica muy normal. Alegre, simpática, cumplidora… Pero también tenía lo suyo. Como cualquiera. —¿Qué era lo suyo? —preguntó Esmeralda. —Pues lo que tenemos todos, nuestra cara oculta. Ella, digamos que podía ser un poco descarada a veces. Un poco atrevida. No sé si me explico.

[…]

 

Es solo que tenía diecinueve años, y que hacía lo que le parecía con quien le parecía, sin importarle lo que pudiera pensar usted o cualquier otro.

 

Junto a estos personajes, se alza, como un personaje más el terrorismo de ETA, especialmente virulento en esta época. Sus acciones y las consecuencias que tuvieron para quienes las sufrieron en sus carnes, para quienes tuvieron que vivir bajo su amenaza durante toda su vida.

 

En los tiempos que corren, para alguien como yo lo más prudente es suponer que cualquier extraño que se te acerque lo hace con intención de pegarte dos tiros. Desconfiar de todos es la única forma de seguir vivo.

 

Y si los personajes son potentes, no me lo han parecido menos los paisajes en los que el autor desarrolla la trama. Paisajes descritos de forma certera, que transmiten, no solo la imagen de los mismos, sino las sensaciones que en ellos se viven, sobre todo cuando se refiere a Las Sabinas, esa pedanía en la que te ves inmerso en la soledad, el aislamiento, el frio y un punto cercano a la locura que se intuye en quienes poblaron y pueblan esas tierras.

La llamada “España profunda” se retrata desde quienes la habitan y también desde aquellos que comenzaron a abandonarla ya en los 70 buscando un futuro urbanita que les alejara de la esclavitud del campo, que les proporcionara un futuro más cómodo y mejor remunerado. Una generación que inicio los pasos de lo que hoy llamamos la España vaciada, pues buscando su propio futuro, legítimamente, no digo lo contrario, acabaron con el propio futuro de esos pueblos. Esta España profunda, con su propia idiosincrasia, con las enrevesadas relaciones de sus habitantes, con los secretos y verdades que cada uno de ellos conoce y calla, se erige, durante la novela en otro protagonista más, para mí, el más importante de todos ellos. Y si borda la descripción de la España rural no lo hace menos en el retrato de la vida en las ciudades de provincias, ciudades en las que pesa tanto lo que los demás piensen de nosotros que acaba determinando nuestra propia forma de vida. Frente a la libertad que supone la vida en Madrid, esa capital que muchos, en aquella época y en esta, identificaban con la tierra de la libertad, un territorio de excarcelación de los estereotipos que se cargan como losas en el lugar en que a cada uno le toca nacer.  Madrid con sus bares,  sus cines y teatros, sus luces y su vida… pero también con esa oscuridad de las calles donde de madrugada puede atacarte un malnacido…

 

Aquí no hay turismo, ni industria, ni minería. Antes había algo de cereal en el llano, y frutales, y hasta panales de miel, pero ya no quedan jóvenes que quieran trabajar y vivir de eso. Solo hay viejos que viven de sus cuatro vacas, sus cuatro gallinas y su huerto. Que el campo es muy cansado y no da dinero, dicen los jóvenes. Tenemos un par de bares, un par de tiendas, y con eso nos las tenemos que apañar los que no tenemos edad o fuerzas para irnos. Este pueblo, se lo digo yo, no es más que un cementerio. Por estas calles solo caminan ya almas en pena.

 

El paseo fue corto y tuvo algo de espectral a causa de la oscuridad, el silencio roto únicamente por los ruidos del interior de las viviendas —platos, televisores, llantos de niños— y la sensación de tiempo detenido tan típica en las noches del invierno en las ciudades de provincias.

 

Lo que Madrid le ofrecía no podía ofrecérselo Burgos ni ninguna otra ciudad de provincias. El anonimato, la libertad, eran bienes preciados de los que ella no había podido disfrutar a lo largo de su vida.

 

La novela es, sin duda, la resolución de un asesinato que 10 años atrás quedó impune, pero es también una fotografía de la sociedad de finales de los 70, cuando el mundo conocido hasta ese momento en nuestro país comenzaba a desmoronarse, cuando el futuro era incierto, cuando cada cual debía reinventarse para encajar en la que se avecinaba, cuando los impunes pretendían seguir manteniéndose impunes y cuando los que habían estado escondidos o temerosos de expresar sus ideas comenzaban a ver resquicios de luz al final del oscuro túnel de represión y de censura. Y en esta ansia de libertad el periodismo, que tan bien retrata el autor, era un medio privilegiado y los periodistas de raza, como Miguel y Esmeralda eran la punta de lanza para abrir un nuevo camino. Y ambas partes, la trama negra y la trama histórica me han absorbido de la misma forma llevándome a considerar esta novela y a este autor como uno de mis grandes descubrimientos de este extrañísimo año que nos ha tocado vivir.

 

En el periodismo no pasa nada por dejar una historia a medias cuando no se tienen más datos. Pero en la literatura todo tiene que quedar cerrado. Hasta los finales abiertos son en el fondo finales cerrados, porque el lector normalmente intuye qué es lo que va a ocurrir a continuación.

martes, 15 de diciembre de 2020

Crónica/Entrevista Pilar Ruiz.- El jardín de los espejos

Conocimos a Pilar Ruiz allá por Octubre del 2014 en el café de Oriente, a propósito de la publicación de su primera novela “El corazón del Caimán”.

Los tiempos han cambiado y el pasado día 4 de diciembre transformamos el encuentro en el centro de Madrid por un encuentro en el que nos vimos y nos oímos  a través de una pantalla, pero cada una en nuestro sitio. Es lo que tiene esta pandemia que nos obliga a cambiar las formas pero no va a conseguir que renunciemos a la afición que nos une, leer y hablar de libros.

Durante la hora larga que duró nuestro encuentro tuvimos tiempo de charlar del pasado, de esos libros de la autora que tan bien conocemos y de los secretos que guardan y hablamos, sobre todo, del momento actual, de la situación que estamos viviendo y de la posición en la que se encuentran los autores, las editoriales y las librerías en estos difíciles tiempos que corren.

En realidad hablamos de la cultura en términos mucho más amplios, no solo de la literatura, sino del ámbito cultural en tiempos de pandemia, un entorno que Pilar conoce sobradamente ya que a su faceta de escritora hemos de añadir la de guionista y directora de cine, y si hay algo indudable es que Pilar tiene oficio en esto de las letras, porque, como ella dice “escribe todo el día” y de su oficio hablamos, y mucho, en nuestra charla.

La circunscripción de las novelas en géneros ocupó gran parte de nuestro debate, en el que en el fondo todas estamos de acuerdo. En la mayoría de las ocasiones el género sirve, no solo para etiquetar las novelas, sino para etiquetarnos a nosotros mismos, para cerrarnos el camino en función de la etiqueta que ostentemos, para explicarnos las cosas como si fuéramos incapaces de decidir por nosotros mismos y todo nos debiera ser dado.

Este es un tema escabroso y que da lugar a miles de subtemas, uno de los cuales y que no podía faltar en este encuentro es la denominada “literatura de mujeres” termino que, personalmente, me chirría…

Os aseguro que lo hablado dió para mucho más de lo que soy capaz de transcribir en este espacio demostrando de nuevo que lo mejor de estos encuentros es poder hablar libremente de lo “humano y lo divino” y comprobar que los lectores no estamos tan lejos del autor que nos cautiva con sus historias.

Lo cierto es que entre ideas, reflexiones y risas, el tiempo se nos pasó volando, aunque aún tuvimos algo de tiempo para centrarnos en “El jardín de los Espejos”, sobre la complejidad de esta historia y sobre la complejidad que supuso para la autora escribirla y cuyos secretos de creación nos permitió conocer, una verdadera obra de arquitectura, si se me permite el símil.

Si no habéis leído esta novela os estáis perdiendo una magnifica historia, nuestras opiniones tras su lectura podéis leerlas  los Blogs  Negro sobre blancoLa coleccionista de libros y otras cosas y Leyendo bajo la luz de la Luna,  y a continuación encontrareis las preguntas y respuestas que nos quedaron en el tintero y que Pilar ha tenido a bien contestarnos a través de correo electrónico, porque pasa con el tiempo, que es limitado y se nos quedo corto en el encuentro para todo lo que queríamos saber.

 

1.-         ¿De dónde nace la inspiración para escribir esta novela?

El origen, el momento en que decides escribir sobre una cosa y no otra resulta la parte más misteriosa de inventar historias. En este caso, puede que haya dos líneas que se cruzan y prenden una chispa: por una lado las pinturas rupestres de las cuevas de El Castillo en Puente Viesgo y por otro, las investigaciones relacionadas con las artes plásticas que desde hace unos años se están llevando a cabo para recuperar a las mujeres artistas “perdidas”, borradas de la Historia del Arte. De pronto, surge algo que te empuja a empezar a contar.

 

2.-          ¿Tienen tus protagonistas femeninas algún referente real?

Sí, claro, pero no de un personaje en concreto sino de muchos. Inés se parece a alguien que conocí y Amalia tiene rasgos de muchas de las pintoras de esa época como Ángeles Santos, Remedios Varo y Leonora Carrington, que también inspira la peripecia final de Elisa. Entre los masculinos también hay mucho trabajo de “Dr. Frankestein” que es lo que solemos hacer para crear personajes: coger partes de aquí y de allá, a veces sin ser muy conscientes, y coserlas para dar forma a la criatura. Por ejemplo: el personaje de Angelín se inspira en un guerrillero cántabro muy famoso, Juanín, pero por supuesto no es él del todo, tiene otra dimensión. 


3.-          Los paisajes supongo que los conoces pero, ¿existen el balneario y la Casa del Alemán? Me refiero a  si hay edificios reales que te hayan servido como base de estos edificios. El balneario de Puente Viesgo, claro que sí, es un centro turístico importante. Está muy cambiado y modernizado y se parece poco a lo que fue en el siglo XIX,  así que me fui al de Las caldas del Besaya, que parece detenido en una foto de época. La casa del alemán, sin embargo, es pura invención: no existe una casa así. Como era un personaje importantísimo en la novela tuve que “construir” yo misma, según lo que necesitaba la historia.

 http://www.balneariolascaldasdebesaya.com/

https://balneariodepuenteviesgo.com/

 

4.-          La documentación que manejas referida a las tradiciones, ¿te ha llegado por vía oral o has utilizado documentación escrita?.

Sobre todo parten de mis recuerdos infantiles y de las tradiciones populares de Cantabria que si son de origen oral. También de conversaciones con amigos mucho más versados que yo en estas cosas como Marcos Pereda, escritor cántabro.

 

5.-          En la novela hay un claro guiño a la “Rebeca” de Alfred Hitchcok, ¿algún guiño más que nos hayamos perdido?

Hay muchos guiños para los cinéfilos: muy claramente, Star Wars, Jules y Jim de Truffaut, La mujer del teniente francés de Karel Reisz y Ojos negros de Mijalkov,pero también cine español como Cielo negro de Manuel Mur Oti y Arrebato de Iván Zulueta. Y una película que me gusta muchísimo y es poco conocida: Fotografiando hadas de Nick Willing. El cine siempre está presente en todo lo que escribo, también por deformación profesional, las imágenes me persiguen…

 

6.-          ¿Cuánto tiempo te ha llevado la escritura del libro?

Año y medio, pero porque sufrió un parón de unos cuatro meses por culpa mía -no de la novela-y otros compromisos laborales. De todas maneras, salimos en la fecha prevista.

 

7.-          En la construcción de la novela, ¿conocías el final cuando comenzaste a escribir la historia?

Sí, lo cierto es que tenía clara la trama principal, la intención y el objetivo final, incluso la imagen que cierra la novela. No tanto las subtramas o los personajes, esos fueron desarrollándose, creciendo a lo largo del proceso. Siempre trabajo así, si no, me perdería. Soy muy ordenada y estructurada por deformación profesional: cosas de guionista de cine, supongo.

 

8.-          El jardín de los espejos es un título sugerente y que le va muy bien a la novela, ¿lo elegiste tú? ¿Qué significado tiene para ti?

Sí, lo propuse yo, aunque suelo dar a elegir entre varios a la editorial. A mi editora, Carol París, era el que más le gustaba. Creo que refleja -nunca mejor dicho- el tema principal de la novela, que no es otro que el poder de la imagen y su capacidad para atrapar el tiempo, detenerlo y mostrarlo de una manera renovada, obligando a mirar la realidad con ojos nuevos. En El jardín de los espejos el tiempo es una capa transparente y delicada que no nos separa sino que nos une.

 

9.-          Sabiendo que es un tema escabroso del que charlamos en nuestro encuentro. Si tuvieras que colocar tu novela dentro de un género, en cuál lo harías.

¡Esa sí que es una buen pregunta! Supongo que podría tener la etiqueta de novela gótica con suspense como las de Daphne du Maurier… También de relato histórico-fantástico, si es que eso existe. Para mí es un cuento de hadas con niñas perdidas, madrastras, brujas y ogros: en esa forma narrativa he crecido y estoy muy cómoda. Pero creo que es mejor que lo decidáis vosotras, las lectoras.

 

10.-        Para finalizar, ¿qué tipo de literatura consumes habitualmente, qué te gusta leer?

Leo de todo pero sobre todo ensayo sobre historia, cine, política, arte…Cada vez menos ficción casi por saturación: es difícil concentrarse en escribir historias propias mientras estás leyendo las de otros. Sin embargo acabo de terminar Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez: una espléndida novela de terror que ha ganado el premio Herralde y que recomiendo a todas tus lectores y lectoras. 

lunes, 14 de diciembre de 2020

75 consejos para sobrevivir en el colegio

Frisa, María (2012)
75 consejos para sobrevivir en el colegio
Alfaguara, Madrid, 240 pp.
ISBN: 9788420410999

¡¡LA VIDA A LOS 12 AÑOS PUEDE SER BASTANTE DIFÍCIL!! Tu madre te castiga sin razón, tu mejor amiga se enfada contigo, te enamoras de un chico que no te conviene, metes la pata con las populares... Por eso he patentado este manual, que te ayudará a sobrevivir en los malos momentos. ¡Ah! Y mira al final del libro. Allí he puesto lo mejor: unos consejillos para aprender a dibujar chibis y unas divertidas pegatinas. ¡Y HE CREADO MI PROPIO BLOG!!www.consejosparasobrevivirenelcolegio.blogspot.com


Las preguntas trampas son esas preguntas que hacen los padres a las que, contestes lo que contestes, siempre estará mal. Esas para las que no hay respuestas buenas, ya sabes

Conocí a María Frisa con motivo de la publicación de su novela “Cuídate de mi”, una historia que me encantó y cuya reseña podéis leer aquí.

En aquel encuentro tuvimos la oportunidad de conocer a María, de hablar largo y tendido de la historia que nos llevó a aquella cafetería, y también charlamos sobre una faceta literaria de la autora que yo desconocía, su serie de los 75 consejos. Una serie de novelas infanto-juveniles que le han dado y le siguen dando a la autora muchas alegrías y algún que otro disgusto.

Así que me pudo la curiosidad,  y aquí estoy  preparada para contaros lo mucho que he disfrutado leyendo de nuevo a María Frisa, aunque esta vez no haya sido novela negra.

Os comentaba un poco más arriba que este libro ha dado algún que otro disgusto, por decirlo finamente, a su autora y es que las redes y el ciberespacio, que a menudo ofrece tanto, tiene la cruz de servir de campo de batalla, de lugar de acoso y derribo desde la impunidad que nos ofrece, más a menudo de lo deseable, el anonimato y la coraza de la pantalla a través de la que nos comunicamos.

Cuando María escribió su primera novela, la que tengo entre manos, se le echaron, literalmente encima. La acusaron de machista, instigadora del bulling… un despropósito todo… Creo que quien lo hizo no era consciente de que esta historia es una historia de humor, tal como lo son las historias de Manolito Gafotas, los Diarios de Greg y tantos otros que hemos leído, de niños y de no tan niños y que, no han suscitado ni la centésima parte de las críticas que ha despertado Sara, la protagonista de los 75 consejos.
Es posible que quien lo hiciera haya olvidado cómo era a los 12 años, o tal vez a los 14, porque yo con doce aun  jugaba con muñecas y no me preocupaban ni los novios, ni el acné… a mis 14 era mucho más parecida a nuestra protagonista.

Y eso es lo que ha conseguido María, que volviera a vivir el principio de mi adolescencia, que recordara lo injustos que me parecían mis padres, lo arbitrarios que me parecían sus castigos y esa matraca del  “cuando seas mayor”, la tortura que me suponía aguantar durante un curso completo a algunos profesores, la enemistad manifiesta con mis hermanos…

Los padres creen que no hay nada que nosotros sepamos y ellos no. Como si fueran ellos los que están ocho horas al día en el colegio

Alguien no se ha dado cuenta de que esta es una novela de humor, con muchísimo sarcasmo, pero sobretodo con muchísima verdad, porque aunque cuando crecemos se nos olvida,  todos hemos tenido 12 años, todos hemos querido gustar y ser populares, todos  nos hemos peleado con nuestros mejores amigos y todos hemos tenido “archienemigos”, aunque a veces la enemistad no duraba mas allá del final del recreo.

Lo peooooooor que puedes hacer es demostrar que algo te ha enfadado, porque, a partir de ese momento, van a tratarte mal. Y más si la que lo descubre es una arpía como Rebeca. Sonríe y piensa que pronto encontraran a otra con el que meterse si creen que a ti no te afecta

Me ha resultado una lectura deliciosa desde mi posición actual al otro lado, y me he visto reflejada en muchas de las frases y actitudes que Sara no soporta de su madre, igual que en su momento yo no soportaba de la mía.

Las madres saben mentir muy bien. Mucho mejor que nosotros. Llevan muchos más años de práctica

Y esta es la historia, que es un libro que entretiene, que no tiene pretensión alguna de convertirse en guía de actuación para adolescentes, que plantea, sin más el día a día de una niña de 12 años, con sus alegrías y sus tristezas, con sus angustias que son inmensas aunque desde nuestros …. años a nosotros nos parezcan nimiedades.

¿Cree que soy tonta?, ¿Qué tengo cinco años? Además, ¿Qué sabrá mi madre que nunca ha tenido granos?

María refleja como nadie el universo adolescente y no solo aconsejo la lectura a los niños y a los
jóvenes, sino que me atrevería a decir que debería ser lectura obligada para los padres, para entender y sobre todo para recordar, para ser capaces de ponernos, al menos un poco, en los zapatos de nuestros hijos.

¿Por qué hay que concienciar a los niños?, me pregunto. Este consejo va dirigido a los padres. Consejo 70.- ¡Padres y políticos, concienciaos porque sois los que tomáis las decisiones!

viernes, 11 de diciembre de 2020

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Neruda, Pablo (1924)

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Ediciones Orbis (1997), 179 pp.

ISBN: 8440221754

 

No soy una gran lectora de poesía y mucho menos una experta en valorar la calidad literaria de un poema. En cuanto a este tema soy muy básica, o me gusta o no me gusta, y gustar se traduce en que el poema de turno me haga sentir algo, me remueva, sea capaz de mover alguna fibra de mi interior.

Son pocos los poetas que pueda decir que he leído: Benedetti, José Ángel Buesa, Bécquer, Lorca, Miguel Hernández y por supuesto Neruda, un autor al que conocí  en mis tiempos escolares a través, precisamente de uno de los poemas que se recogen en este volumen que hoy comento, el poema número 20, aquel que dice:

 

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.”

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.”


El gusto por ese primer poema y mis posteriores conexiones con Chile donde pude visitar sus distintas residencias, me llevaron a leer más, mucho más de este autor, pero nada comparable a la sensación que estos versos en concreto me produjeron la primera vez.

Estamos ante un volumen corto, en el que, tal y como indica el titulo encontraremos 21 poemas. Un libro que se lee en un suspiro a poco que te pongas, pero al que es fácil volver una y otra vez sobre cada uno de los poemas, de forma independiente o de forma consecutiva según su numeración, porque estos 21 poemas son como una historia. Los 19 primeros nos cuentan el amor,  nos hablan del amor, de quien lo provoca y de cómo se siente quien lo vive, el 20 habla del final del amor y la canción desesperada habla del desamor en ese ¡Oh! Abandonado…

En esta obra Neruda trata uno de los  temas recurrentes de su literatura, posiblemente el más recurrente y el que se considera eje central de su obra, el amor. Hablamos en este caso del amor  romántico, de la relación hombre-mujer, aunque el autor, a lo largo de su obra amplía estas relaciones de amor a los amigos, a los compañeros, al mar y en definitiva, a la propia existencia.

En estos poemas  el autor expone la grandeza del amor correspondido, la nostalgia de la perdida y la frustración por no conseguir de ellas lo que en ellas busca, expone al fin la alegría del amor, pero también la tristeza del final del amor. Estos cantos al amor no dejan, sin embargo, de lado otros temas que serán desarrollados posteriormente en el resto de su obra, el dolor existencial, el sufrimiento y la soledad en la que vive el ser humano aún inmerso en ese sentimiento que le engrandece, en el amor.

Es, sin duda, una obra a la que merece la pena acercarse, para disfrutar de los versos, para revivir esos sentimientos que, de una u otra forma, seguro que todos hemos vivido alguna vez. Y es una ocasión única para conocer a uno de los 33 poetas que ha recibido el Premio Nobel de Literatura a lo largo de sus 113 años de historia. Para mí, desde luego, una obra imprescindible de este autor.

jueves, 10 de diciembre de 2020

El príncipe destronado

Delibes, Miguel (1973)

El príncipe destronado

Espasa Libros (2007), Madrid, 266 pp.

ISBN: 9788467024753

 


A través de la mirada de un niño de tres años, desplazado de su condición de benjamín por el nacimiento de su hermana, y a lo largo de doce horas, el novelista nos describe la vida y afanes de una familia de la alta burguesía española de los años sesenta: el autoritarismo de un padre vencedor de la guerra, la inseguridad y fustración de una madre cargada de hijos, el enfrentamiento generacional, la crisis de la familia, las inquietudes y terrores del alma infantil, y todo un cúmulo de sugerencias y circunstancias vistas siempre con humor, ternura y a veces también con desgarro.

 

-              Le contemplas demasiado.

-              ¡Oh, no, no digas eso! Este niño necesita un cariño especial, Merche. No olvides que hasta hace un año era el rey de la casa. Es el príncipe destronado, ¿oyes? Ayer todo para él; hoy, nada. Es muy duro, mujer.

 

Para celebrar el centenario del nacimiento de Delibes este año me había propuesto acercarme de nuevo a sus novelas y releer, al menos una de ellas. A las alturas del año en que estamos casi no soy capaz de cumplir este reto, pero lo he conseguido.

En principio me plantee leer “La sombra del ciprés es alargada”, una novela a la que tengo cierto apego por desarrollarse la primera parte entre las calles de la ciudad que me vió nacer. Era una buena opción, pero entonces encontré entre los libros de una de mis estanterías un ejemplar de El Príncipe destronado, una tiernísima novela en la que el autor da voz a Quico, un niño de tres años (casi cuatro) que  en mi memoria siempre tendrá el rostro y el gesto de Lolo García, el pequeño actor que le dió vida en “La guerra de papa”, la película que Antonio Mercero dirigió en el año 1977 basándose en la obra que nos ocupa.

Esta película es una maravilla de adaptación y os aconsejo verla, no solo por la ternura que transmite su pequeño protagonista, sino también por el papelón de Verónica Forqué como Vitora. Pero vamos a lo que nos ocupa, el libro, porque, por muy buena que sea la cinematografía, la novela es aún mejor.

Estamos ante una novela corta, en la que se narra un día corriente de la vida de Quico, el quinto hijo de una familia acomodada, en diciembre de 1963. La novela transcurre desde que despierta, a las 10 de la mañana, hasta que se acuesta, a las 9 de la noche. Un día que en sí podría resultar simple, un día que podría resultar pobre literariamente, pero en la que el autor, a través de la mirada del niño y de sus vivencias cotidianas nos adentra en los mundos de la psicología, la sociología, la política e incluso la historia.

Los aspectos psicológicos son evidentes, quedando ya de entrada patentes incluso en  el título de la novela “El príncipe destronado” que responde a un síndrome del mismo nombre que se refiere, básicamente a los celos que la llegada de un nuevo hermano generan en el hermano anterior y que se caracteriza por ciertos comportamientos tipo como la desobediencia, que en Quico coincide además con la desobediencia típica de los niños a la edad de nuestro protagonista. El regreso a una etapa de desarrollo anterior patente y reiterativa en la vuelta a la falta de control de esfínteres de nuestro protagonista por la noche (hacerse pis en la cama) e incluso durante el día ("repasarse", haciéndose pis sin darse cuenta) y que a la edad que tiene, tres años llegando a cuatro, ya debería estar controlado. Cambios en el sueño, que se traducen en la última y magnífica escena final,  y en la alimentación, ese "hacerse bola" de la comida en la boca de Quico y el tener que darle de comer por su desgana. Sus continuas llamadas de atención, caracterizadas por esa necesidad de hacer a todos los mayores con los que se relaciona partícipes de todo lo que le ocurre y de implicar a sus hermanos en su vida para sentirse, de nuevo,  el centro de atención. Y, por último,  la tristeza, esa tristeza que el autor coloca siempre en su mirada.


Quico asentía maquinalmente y le miraba sin pestañear con sus ojos azules, infinitamente tristes.


Y si la personalidad de nuestro pequeño protagonista queda descrita de forma precisa, no queda menos patente la personalidad del resto de los personajes a los que conocemos más por sus acciones que por la descripción que el autor hace de los mismos:

Papa: un hombre ausente de la vida diaria, pero autoritario, intransigente y machista como el común de los hombres de la época.

 

-              El día que te cases, Quico, lo único que has de mirar es que tu mujer no tenga la pretensión de que piensa.

 

Mama: una mujer que mantiene la distancia con sus hijos.

Vito: la mujer servil y la que ejerce, en la práctica,  de madre para este pequeño.

Domi: la niñera desmotivada, más preocupada del cotilleo y de quedar por encima de “su señora” que de ejercer las labores por las que recibe su salario.

Juan: ese hermano que en su momento también fue "destronado" y cuya mayor afición es hacer rabiar al pequeño.

Estos personajes, junto al resto de secundarios, los hermanos, Femio, la Loren... conforman un microcosmos que es el reflejo de una sociedad que el autor refleja en su novela de manera magistral.  Estableciendo en primer lugar una clara frontera entre clases que se da ya, en el mismo domicilio, donde existe una clara distinción entre la zona noble por donde se mueven la familia y la niñera y la zona de servicio, reino indiscutible de Vito,  y a la que la madre se acerca esporádicamente y casi, exclusivamente, para poner orden cuando ve que al servicio se le va de las manos la "educación" de los niños.


Plasma además el autor con verdadera maestría la diferencia de roles de género, el hombre trabaja fuera
para llevar el dinero y la mujer se ocupa de la casa y de los niños. Y en esta separación de géneros el autor plasma implícita y explícitamente la relación de un matrimonio que hace aguas, poniendo ante nuestros ojos el enojo contenido y las discusiones educadas que no suben de tono para no dar “oídos al pregonero”,  pero cuyas palabras envenenadas duelen más que la mayor de las bofetadas.

 

Papá prosiguió-: Bueno, esto es así y no hay quien lo mueva, ¿verdad?. Entonces tu estás en la verdad, pero llega un pazguato o una pazguata, que para el caso es lo mismo, y trata de desmontar tu verdad con cuatro vulgaridades que le han grabado a fuego cuando niño. Y ahí está lo grave; a ese pazguato o a esa pazguata difícilmente podrás convencerles de que no tienen ideas, de que lo único que tienen es aserrín dentro de la cabeza, ¿me has comprendido?.

 

Papá pertenece al bando de los vencedores de una guerra que, a pesar de los años transcurridos sigue muy presente en la vida de esta familia. Esa victoria es, posiblemente el origen, o al menos uno de los factores que le permite llevar una vida desahogada, manteniendo dos casas,  6 hijos, el servicio de la casa y el chofer y las vacaciones anuales en San Sebastián. Y le supone además esgrimir ante sus hijos y su mujer una  "superioridad moral" que le hace creerse poseedor de la verdad ideológica absoluta y garante de transmitir esa verdad a sus hijos, de imponerles esa idea de que ellos, su bando, son los buenos y los vencidos, los que tienen enfrente son los malos.  Y de esa forma el padre sigue confirmando  una historia que ganaron ellos, los vencedores de "la guerra de Papa".

 

-              El domingo te imponen las insignias- dijo-. A las once en el estadio, no lo olvides. Va a ser un acto magnífico.

Pablo se sofocó todo y se encogió de hombros. Añadió papa:

-              ¿Parece como que te contrariara?

Pablo tornó a levantar los hombros, resignado. Intervino Mamá:

-              ¿No se te ha ocurrido preguntarle si quiere hacerlo? ¿Si sus ideas coinciden con las tuyas? Pablo ha cumplido ya 16 años.

Pablo tenía el rostro arrebatado. Los ojos de Papá revelaban un creciente desconcierto.

-              ¿Ideas?- dijo-: sus ideas serán las mías, creo yo, además, esto no es tanto cuestión de ideas como de intereses.

No quitaba la mirada de su primogénito, pero Pablo no despegaba los labios. Encareció Marcos extemporáneamente:

-              Cuéntanos cosas de la guerra, papá.

-              ¿Ves?- dijo papá-, estos son otra cosa. ¿Y que quieres que te diga de la guerra? Fue una causa santa. – Miró profunda, inquisitivamente a Mamá y agregó-: ¿O no?.

-              Tú sabrás- respondió mamá-. Esas cosas suelen ser lo que nosotros queramos que sean.

[…]

-              ¿Tu ibas con los buenos? – apuntó

-              Naturalmente. ¿Es que yo soy malo acaso?

Juan sonrió, como relamiéndose. Dijo:

Yo quiero ir a la guerra.

 

La novela está escrita de forma aparentemente simple, y sin embargo tremendamente compleja. Una novela en cuyo lenguaje el autor desliza, en su justa medida, expresiones propias del lenguaje infantil y del lenguaje “vulgar” propio de las “clases bajas”. El paisaje se reduce a las estancias de la casa y las páginas están repletas de diálogos que dotan de verdadera agilidad a la historia, predominando en esta novela más el arte de mostrar que el de contar.

Una lectura deliciosa  que apenas dura una tarde, pero a la que no le falta nada para ser una novela redonda.  Una lectura que nos muestra una época que quizá nos resulte ajena, con sus casas señoriales, con sus telenovelas en la radio, con sus coplas, con el servicio militar que a muchos les llevaba a tierras africanas, con los niños entretenidos con TBOS y con chapas de refresco, con la presencia continua del cielo y el infierno en la educación de los pequeños… una época que pasó, pero que fue así, al menos para algunos. Una novela en la que la inocencia de un niño y la literalidad de las palabras que escucha y que interpreta sin sarcasmos e ironías, pondrán, en más de una ocasión la sonrisa en nuestros labios. Una novela que, estoy segura que disfrutareis si la leéis sin más pretensiones que disfrutar de una gran historia y una magnífica novela.

 

-              ¿Qué quería el niño, señora?

-              Mi mano- dijo Mamá

-              ¿Su mano?

-              Tenía miedo

-              ¡Ah!

La Domi relajó su expresión y en sus ojos brillo una chispa de ternura:

-              A saber que tendrá la mano de una madre- dijo.

Mamá adoptó un gesto duro para replicar:

-              Lo malo es luego- dijo-, el día que falta mama o se dan cuenta de que Mamá siente los mismos temores que sienten ellos. Y lo peor es que eso ya no tiene remedio. 

viernes, 4 de diciembre de 2020

El Club del Crimen de los Jueves

Osman, Richard (2020)

El Club del Crimen de los Jueves

Espasa Libros, Barcelona, 464 pp.

ISBN: 9788467060225

 

No subestimes el talento de un grupo de abuelos.

En un pacífico complejo privado para jubilados, cuatro improbables amigos se reúnen una vez a la semana para revisar antiguos casos de asesinatos locales que quedaron sin resolver. Ellos son Ron, un exactivista socialista lleno de tatuajes y revolución; la dulce Joyce, una viuda que no es tan ingenua como aparenta; Ibrahim, un antiguo psiquiatra con una increíble capacidad de análisis, y la tremenda y enigmática Elizabeth, que, a sus 81 años, lidera el grupo de investigadores aficionados… o no tanto.

Cuando un promotor inmobiliario de la zona es hallado muerto con una misteriosa fotografía junto al cuerpo, El Club del Crimen de los Jueves se encuentra en medio de su primer caso real. Aunque sean octogenarios, los cuatro amigos guardan algunos trucos en la manga.

¿Podrá este grupo poco ortodoxo pero brillante atrapar al asesino?

 

A todo el mundo le encanta un buen asesinato, aunque nadie lo reconozca en público.

 

Hace más de treinta años, mis padres, junto a un grupo de amigos de los de toda la vida, comenzaron a acariciar un proyecto. Un proyecto innovador para aquellos momentos que consistía, básicamente, en comprar unos terrenos y sobre ellos construir una serie de apartamentos independientes pero ubicados bajo el paraguas de una serie de zonas y servicios comunes que les dieran cobertura, seguridad e independencia cuando, años más tarde se encontraran en el momento de su jubilación.

Este proyecto nunca llegó a llevarse a cabo y muchos de los ideólogos del mismo ya no están entre nosotros, pero estoy segura de que de haberlo hecho realidad, su “comunidad” tendría bastante que ver con la que me he encontrado al leer El club del crimen de los jueves, incluso me atrevería a decir que alguno de estos maravillosos ancianos podría haber sido cualquiera de las personas reales de la que os hablaba más arriba. Pero bueno, que me voy del tema y hoy  lo que toca es hablar de una novela que me ha divertido y entretenido a partes iguales.

 

Coopers Chase es una comunidad y, en opinión de Ibrahim, los seres humanos están hechos para vivir en sitios como ése. Allí, cada vez que quieres estar solo, puedes cerrar simplemente la puerta de casa, y cuando quieres compañía, puedes volver a abrirla.

 

Para comenzar voy a centrarme en el escenario en que se desarrolla la novela. Un paisaje bucólico situado en la campiña del condado de Kent, un paisaje verde que yo he imaginado extrañamente soleado. Un paisaje descrito de forma exquisita, detallada sin ser excesiva, un paisaje que a lo largo de la novela te lleva por suaves colinas, por granjas apartadas, por lujosas construcciones, por calles pintorescas llenas de cuidados negocios e incluso por un antiguo cementerio cuyos huesos corren el riesgo de ser expulsados de “su descanso eterno” debido a la desmedida ambición inmobiliaria.

 

Vuestro cuerpo reposaría entonces en otro lecho individual, bajo una sencilla lápida, junto a las hermanas Margaret y las hermanas Mary de generaciones anteriores. Si alguna vez habíais tenido sueños, podrían desplegarse ahora sobre las verdes colinas, y si habíais tenido secretos, quedarían a salvo para siempre entre las cuatro paredes del convento.

 

Y si el paisaje es una maravilla no lo son menos los personajes que se pasean por él. Estamos ante una novela coral, en la que los cuatro protagonistas principales rivalizan en importancia:  Ron es un exactivista socialista lleno de tatuajes y revolución que aprovecha cualquier ocasión para revivir sus tiempos de agitación de las masas, aunque sus oportunidades son cada vez menos.

 

Ron ha demostrado que la lectura de los atestados policiales con el convencimiento de que la policía te está mintiendo es una técnica asombrosamente eficaz.

 

Ibrahim es un psiquiatra jubilado que, aun conserva en su poder muchos de los expedientes de sus antiguos pacientes a los que sigue aplicando su tremenda capacidad analítica.

 

A Ibrahim le gusta la idea de quedarse conversando hasta tarde. Cuando Ron se vaya, solamente le quedará leer, hacer más listas y meterse por obligación en la cama, a esperar un sueño que cada vez le cuesta más conciliar.

 

Elizabeth, el alma del club del crimen de los jueves, es la única protagonista de la que desconocemos su profesión, aunque a través de las pistas que el autor va deslizando a lo largo de la novela podemos llegar a imaginar. Es una mujer decidida y cabezota, una mujer que ha perdido el miedo a las consecuencias cuando se trata de hacer lo que considera correcto, o es que, tal vez no tuvo ese miedo nunca.

 

Aun así, imagino que debe de estar apenada, porque su amiga le ocultó ese secreto. Elizabeth y Penny estaban muy unidas. Las dos tenían sus secretos, pero el de Penny era el más grande. Eso tiene que dolerle a Elizabeth.

 

Y por último, tenemos a Joyce, una mujer aparentemente ingenua, una enfermera jubilada que por su carácter risueño y tranquilo, sereno y comprensivo acaba siendo la persona a la que todos consideran digna de dar consejo.

 

A mí no me importa escuchar argumentos grandilocuentes, ver cómo se desafían unos a otros, oír las iracundas amenazas de acciones judiciales y esperar a que se vayan serenando los ánimos. Entonces intervengo y sugiero que tal vez haya una manera de solucionarlo, o un arreglo que contente a todos, o la posibilidad de reconocer que los perros son perros y ésa es su naturaleza. Nadie de aquí se siente intimidado por mí, nadie me considera una rival. Soy simplemente Joyce, la amable y parlanchina Joyce, que siempre mete la nariz en todo.

 

Junto a todos ellos aparecen varios personajes secundarios, tan magníficamente perfilados como los


cuatro anteriores. Otros jubilados como Penny, John, Bernard o Stephen. El Inspector Jefe Crhis Hudson  y la agente Donna de Freitas, a quienes el club se empeña en ayudar cuando los casos hipotéticos que analizan en el club son sustituidos por un caso real que les toca de cerca. Gordon y Karen Playfair, últimos propietarios de las tierras colindantes a Coopers Chase. Los promotores de este complejo Tony Curran e Ian Ventham que priman, por encima de todo la rentabilidad del negocio. Y junto a ellos Bogdan, un constructor polaco, el padre Matthew Mackie  y Jason Rotchie y Joana, hijos respectivamente de Ron y de Joyce.

Todos estos personajes, entre los que encontraremos vivos y muertos, entretejen con sus relaciones, sus investigaciones y sus propias vidas presentes y pasadas, una trama atractiva que se bifurca en varias subtramas  lo que hace de esta una historia menos sencilla y mucho menos lineal de lo que en principio pudiera parecer.

Estamos ante una novela que se desliza a velocidad de vértigo ante nuestros ojos. En la que se suceden asesinatos rodeados de múltiples  misterios  que es necesario desentrañar para llegar al fondo del asunto.  Una novela compuesta por capítulos cortos en los que se alterna la narración de la trama a través de una voz externa, con el diario de Joyce  que el autor aprovecha para incluir las reflexiones, para aportar la perspectiva más psicológica de los personajes, pero también para incluir los “chascarrillos y chismorreos” esa parte de la novela que te obliga a sonreír entre tanta trama negra.

 

Recuerdo que me llevé la mano a la barbilla y me di un par de golpecitos en los labios con los dedos antes de responder, como hacen a veces en televisión los entrevistados. Es un gesto de persona lista.

 

Ha sido, sin duda, una novela que he disfrutado de principio a fin, una novela escrita con el ritmo justo y con la justa equidad entre la muerte, la vida y el humor. Una novela que ha sido mucho más de lo que mis, ya de por sí, altas expectativas esperaban de ella. Una novela que habla de la muerte, si, pero que habla sobre todo del amor por la vida, de la amistad, de la ilusión y de la motivación por seguir adelante sean cuales sean las circunstancias de la vida y sea cual sea nuestra edad. Es una novela que rinde un sentido homenaje a nuestros mayores y sobre todo al valor que pueden y deben de seguir aportando a nuestra sociedad.

Asique, si me preguntáis si recomiendo su lectura, mi repuesta es un rotundo SI, no vais a arrepentiros,
ya me lo contareis.

 

Hace años, todos los actuales vecinos de la comunidad tenían que madrugar porque había mucho que hacer y el día tenía un número limitado de horas. Ahora madrugan porque hay mucho que hacer y la vida tiene un número limitado de días.