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martes, 13 de marzo de 2018

Volver a nacer


No sé porque en mi mente han quedado grabados a fuego el 3 y el 23 de Agosto, dos fechas que abrieron un abismo ante mí, que supusieron un punto de inflexión; dos de los días más duros de mi vida y sin embargo, la fecha que debería recordar, el día que volví a nacer, no lo tenía presente, me lo ha debido recordar una red social.

No se porqué mi cerebro, no sé si a todo el mundo le ocurre, graba a fuego en mi memoria las fechas nefastas y, sin embargo, deja pasar sin pena ni apenas gloria, aquellas que, como ésta,  debería celebrar acaso más que el día de mi nacimiento.

Hace un año, una revisión se convirtió en la mejor noticia que podía esperar y yo me quedé en shock, muda… escuché sin acabar de entender la magnitud de las palabras, miré a mi oncóloga y solo fui capaz de musitar un Gracias, cuando me informó con una enorme sonrisa  que los resultados de anatomía patología determinaban sin dudas que estaba limpia, que los meses de quimio, de infierno, habían acabado con el “bicho”.

Así como la noticia del cáncer presente en mi cuerpo me devastó por dentro y por fuera; ésta excelente noticia me dejó fría. Fue mas difícil de asimilar el horizonte que se abría ante mí estando “curada” que el que se me había puesto delante estando “enferma”.

Aunque parezca extraño, el tratamiento, las visitas al hospital, las revisiones, eran terreno conocido; me había acostumbrado a las palabras que implicaban otro “castigo” inflingido a mi cuerpo; después de las decenas de pruebas diagnósticas, la exeresis ganglionar, la quimioterapia, la mastectomía… la enfermedad se habían convertido en mi zona de confort, ahora tocaba abandonarla de alguna manera, volver a una vida que había dejado de ser mía, porque esos meses para bien o para mal me habían cambiado física y psíquicamente.

En aquel momento creí frialdad mi falta de emoción, hoy entiendo que fue desconcierto, sorpresa y miedo, sobretodo miedo al “¿Y ahora qué?”.  Estaba curada, pero no recuperada, estaba en tierra de nadie, de nuevo en la incertidumbre, de nuevo a la espera de respuestas a decenas de dudas, otra vez.

Y me sentí culpable, por que los que sufrieron conmigo el infierno de la quimio y sus efectos lloraban de alegría y yo no podía llorar, se me negaba esa felicidad que sabía debía sentir y respondía insensibilizada a las llamadas felices,  a los parabienes,  a esa dicha que sentía tan ajena como si no me estuviera pasando a mí, como si me viera desde fuera. Y a veces, aun hoy, me siento extraña y desagradecida y egoista, me siento ajena a todo este camino que he recorrido y del que aún quedan pasos que me lleven a la meta, a menudo, sigo sintiéndome culpable, no lo puedo evitar. La enfermedad te desbarata, desbarata tu cuerpo y sobretodo tu cuerpo, te hace dudar de todo lo que hasta el momento habían sido certezas, te cambia tanto que, a veces, no eres capaz de reconocerte.

Y sigue haciendo un año y a veces siento que ha pasado toda una vida y otras siento que todo esto pasó ayer…

jueves, 25 de enero de 2018

Hace un año...

Hoy hace un año...

Llevo desde Octubre escribiendo reiteradamente esta frase, pero hoy HACE UN AÑO, un año del final de la primera fase de mi pesadilla particular.

Quedan muchas cosas por contar, muchos momentos por transcribir (algunos de los cuales aun no soy capaz de releer sin que se me haga un nudo en la garganta), muchos recuerdos por poner negro sobre blanco... y lo haré, pero lo haré cuando tenga ganas, cuando realmente me apetezca revivir toda aquella angustia. Lo haré o no, porque otra de las cosas que me ha enseñado esta experiencia, y han sido muchas, ha sido a hacer lo que me gusta sólo cuando realmente lo deseo, porque si la afición se convierte en obligación, y escribir es una maravillosa afición, dejará de ser lo que me gusta.

Hace meses que no me enfrento a la hoja en blanco, las Navidades que trastocan nuestra rutina lo queramos o no, pero que por suerte este año he podido vivir al 100%; la vuelta a los estudios que el cansancio y la perdida de ciertas capacidades provocadas por los tratamientos está siendo  complicada pero llena de ilusión y...  sobretodo frenaron mi escritura, mi lectura, mi descanso, mi todo, la cercanía de las revisiones y esa espada de Damocles que los enfermos de cáncer tenemos siempre sobre nuestras cabezas, porque, no nos engañemos, los enfermos de cáncer somos siempre enfermos aunque tengamos la suerte, como ha sido mi caso, de vencer al "bicho".

Por suerte las revisiones han venido cargadas de buenas noticias y seguimos el camino, seguimos quemando etapas para llegar a la meta.

Poco a poco voy recuperando mis rutinas, mis neuronas, mis fuerzas, mis horas de sueño... mi vida.
Poco a poco vuelvo a ser yo a pesar de ciertas secuelas físicas y psíquicas que aún perduran y que desaparecerán o se harán parte integrante de mi día a día de forma permanente.

Espero poder retomar de nuevo el ritmo de mis lecturas, de mis escritos, de mis "locuras"; espero llegar pronto a ser de nuevo quien era hace 16 meses; sé que pronto volveré a estar al 100% porque lo peor acabó hace un año.  


domingo, 22 de octubre de 2017

EL EFECTO MAS EVIDENTE

El peor de todos los efectos de la quimioterapia es que te impide hacer planes a medio, ni si quiera a corto plazo. Los planes se reducen a lo que eres capaz de hacer cada día cuando amaneces, dependen de tu cabeza, de tus nauseas, de tus fuerzas y del efecto secundario que ese día concreto esté presente o no.
Lo cierto es que los efectos, no por esperados son menos traumáticos.

Ayer, después de reunir las fuerzas suficientes para algo tan simple como darme una ducha, los mechones de pelo comenzaron a caer sobre mis hombros igual que el agua de la alcachofa, aclaraba con cuidado el champú, pero no servía de nada, las guedejas se enredaban en mis dedos y las gotas se mezclaban con mis lagrimas.

Mientras sacudía las mechas entrelazadas en la toalla y eliminaba la madeja enredada en el desagüe, decidí que no habría mas remedio que pasar la maquina por mi cabeza y resonaron las palabras de la oncóloga:
-El pelo se cae a partir del día 14 - éste es exactamente el 14, maldita precisión.


Conseguí sobreponerme a duras penas al impacto que me producía pensar en mi cabeza pelona e intenté sonreír a mi Elena que traía las palmeras rosas que Viena Capellanes elabora cada año el día 19 de octubre, día contra cáncer de mama. No pude evitar que se me saltaran las lagrimas al contarle el episodio que acababa de vivir, pero tenerla cerca siempre consigue animarme y también ayer fue así, al menos durante unos minutos.



Hoy pensaba ir a la peluquería para que Yoli eliminara de raíz el problema de la “caída de pelo”, pero solo pensar en volver a quedarme con el pelo en la mano me disuade de salir de casa.
Le he pedido a Pablo que me pase él la maquina, me ha preguntado si estoy segura, no lo estoy, no es fácil decidirse a hacerlo, pero no queda más remedio. No es fácil elegir el numero de corte, ¿al cero, al uno?.  Lo dejamos en el dos, Pablo me pregunta de nuevo si estoy segura, con las lágrimas rondándole los ojos, a mí también me afloran. Si.

El poco pelo que queda va formando montañas en el suelo, oigo la maquina, la siento en mi cabeza e intento imaginar cual será el resultado. Cuando el ruido cesa no soy capaz de mirarme al espejo, veo la tristeza y la frustración reflejadas en la mirada de mi marido y entonces me giro, sólo un momento, me vislumbro brevemente en el espejo, aun no estoy preparada para mirarme de frente.
Me abrazo fuerte a su cuerpo y dejo que resbalen por mis mejillas las lagrimas ya sin control ninguno, lloramos ambos, Alberto se abraza a nosotros y me mira sin acabar de entender lo que ha pasado y de pronto nos sorprende pidiendo guardar un mechón de ese pelo que ya no está en mi cabeza sino en pequeños montículos por todas partes, quiere guardarlo hasta que vuelva a crecerme le ponemos una goma formando una pequeña coleta y se lo lleva a su dormitorio. Cuando he ido a arroparle antes de acostarme, lo tenía debajo de la almohada.

Parece una estupidez, pero el pelo siempre ha sido importante para mí,  mi melena una seña de identidad, siempre abundante, siempre largo… a partir de ahora ya no estará, a partir de ahora la falta de cabello le gritará al mundo que tengo cáncer, hasta ahora era a mí a quien me correspondía contarlo o no, ahora lo contaran mis pañuelos.


No soy de esconderme, hoy tampoco lo haré. Ha sido un momento duro pero necesario. Con pelo o sin él, seguimos en la lucha.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Mi Santa

16.10.16

Cuando tu cuerpo no responde piensas que nunca vas a volver a encontrarte “bien” pero la esperanza te despierta  cada mañana susurrando: -Hoy será el día.

Se acerca  una de las dos fechas más importantes de cada año, el día en que tu único deseo es vivir junto a los tuyos el día grande de tu tierra, el momento de ver a tu Santa pasear llevada a  hombros por  tus paisanos; tal vez para cualquier otro solo sea una imagen, pero a ti te remueve por dentro, hace que surja la emoción de lo más profundo de ti.

Y te despiertas, otra vez, y no eres capaz de moverte, y tienes que renunciar a  vivir ese día, a estar en el lugar que mas deseas… y sientes un enorme vacío, un dolor emocional que se añade al dolor físico.



Y al amanecer del “día después”,  las piernas apenas te responden, cuerpo está exhausto, sigues sin ser quien eras hace apenas cuatro meses… pero  te levantas y decides que tienes fuerzas suficientes para cumplir tu pequeño reto, para visitar esa imagen, para intentar “normalizar” lo que es imposible normalizar.

Y te llevan y el corto viaje te agota,  y te cuidan y te sientes una niña indefensa… otra vez. Y tu cuerpo sigue sin responder, pero te obligas a comer, a caminar, a intentar descansar  y sonríes y saltan tus lagrimas ante esa imagen que hoy no pasea por las calles y caminas lentamente y respiras el aire puro y posas para las fotos con la mejor de tus sonrisas y haces creer a los que te quieren que todo va mejor, intentas convencerte convenciéndoles a ellos, aunque no sea cierto, aunque en el fondo no tengas ninguna gana de fingir.




 Y de vuelta a casa caes rendida en tu cama, pero satisfecha de haber podido cumplir ese pequeño deseo y feliz de haber visto la esperanza reflejada en los ojos de los tuyos.

lunes, 16 de octubre de 2017

Efectos secundarios

14.10.16

Despiertas un día más y el primer pensamiento es "que mal sueño, que pesadilla más cruel".

En unos minutos vuelves a sentir ese extraño gusto al final de tu boca que se va volviendo familiar y vuelves a notar esas sensaciones de vértigo y nausea que se han vuelto compañeras inseparables de tus últimos días y te das cuenta de que la pesadilla  es real.

Te levantas porque tienes que hacerlo y te arrastras los 20 metros escasos que te separan del sofá llegando como si acabarás de correr un maratón.



Comes obligándote porque tienes que tomar las pastillas correspondientes, aunque no sientas hambre ni sed,  aunque se te vaya la cabeza, aunque todo te sepa a rayos.




Te obligas a aguantar despierta, a no cerrar los ojos y dejarte caer de nuevo en la inexistencia del sueño, porque entonces, de nuevo, no podrás dormir de noche pero seguirás sin poder mantenerte despierta.




Te llaman y te obligas a contestar, te visitan y te obligas a aguantar estoicamente, a sonreír y aguantar las consabidas frases de, tienes que animarte, tienes que estar fuerte....
Malditas las ganas que tienes de nada, pero aguantas por que es un día más de sentirte fatal pero también y eso es lo importante, es un día menos para que acabe la pesadilla, la de verdad...

jueves, 5 de octubre de 2017

La primera

5 de Octubre de 2016.

Día después de la primera sesión, día de “subidón” de corticoides, me he ido a trabajar como cualquier otro día y he llegado más tarde de la hora prevista, como cualquier otro día, también…

Ha sido fantástica esa sensación de cotidianeidad, ha sido genial volver a tener un día normal de trabajo, ha sido maravilloso poder abrazar a mis compañeros de nuevo, ha sido una grata sorpresa volver a sentir su cariño, su calor y sus detalles, ha sido un día más después de lo vivido ayer.




Ayer fue el día de las “primeras veces”.  Primera consulta antes del tratamiento, primeros recorridos por el hospital, primeras confirmaciones de citas, de recogida de fármacos, de incertidumbres…

Entro en la sala, hay 20 sillones iguales al que me asignan, no dormí nada la noche anterior, el desasosiego, supongo; estoy agotada, como flotando,  nerviosa y a la expectativa…

El personal del Hospital de Día es maravilloso, me acogen y vuelven a explicarme  los posibles efectos adversos que pueden aparecer;  intentan “normalizar” una situación que es absolutamente excepcional.

A mi alrededor hay hombres y mujeres, más de estas últimas, tal vez sea solo casualidad, alguna de ellas necesita oxigeno y varias de ellas están “arropadas” por mantas térmicas, será esto lo que me espera? La imagen no me tranquiliza absolutamente nada.

La mayoría tienen a alguien sentado en la silla del acompañante, la mía está vacía, decidí ir sola, hay ciertas situaciones en mi vida a las que prefiero enfrentarme sola, por más que familia y amigos se hallan ofrecido a venir… prefiero estar sola con tanta gente alrededor.


Han puesto la vía en mi brazo útil y han colgado cinco bolsas en el árbol, me indican que esta primera vez la velocidad será muy lenta para comprobar que no haya reacciones inadecuadas a la medicación, tengo 5 horas por delante pero he venido preparada, el teléfono cargado, el cuaderno para escribir, el libro que quiero empezar a leer  y el libro electrónico, por si acaso.

Al final prácticamente no usaré nada, me dedicaré a ver como gota a gota las bolsas se vacían, como mi cuerpo se va relajando y a veces me vence el sopor.



Los voluntarios de la AECC recorren la sala, nos saludan, nos ofrecen lectura, bebida, masajes de Reiki… nos traen un tentempié que ayude a sobrellevar las horas en esta sala… parece todo “tan normal”….



Y a las 6 de la tarde, salgo a la calle, con una luz mucho más tenue que la que me recibió esta mañana a mi llegada al hospital. Mis chicos me esperan en la puerta, no siento nada distinto, solo el cansancio y una sensación de abotargamiento que seguro que pasará con una buena sesión de sueño.




domingo, 1 de octubre de 2017

Antes de empezar


Hace un año que comenzaron unos meses que dejaron mi vida en suspenso. 

Hace un año que comencé una travesía por la, hasta ese momento desconocida, Sanidad Pública y,  sobretodo, una travesía por mi propio yo. 

Todo el que sabía de mi estado decía más o menos con las mismas palabras:

-Bueno, esto pasará, conozco a.... que paso por ello y ahora está fenomenal. 

Sin pensar, que el problema no es la enfermedad, esa mal que bien, la conoces, te la han "presentado", el problema, la incertidumbre la produce  el miedo al tratamiento... 

Sólo una persona. Una AMIGA de las de toda la vida, de las de hace 30 años, de esas que siempre son sinceras, de las que no ves ni hablas con frecuencia, pero que el día que ocurre pesa más el cariño, los recuerdos compartidos, que el tiempo de silencio. Sólo ella fue sinceramente cruel: 

-Prepárate, esto va a ser muy duro. La quimioterapia es morir para vivir. 

Cuando la escuché, quise convencerme de que no sería tan drástico, que podría seguir con mi vida, mi rutina, mis aficiones y mis obligaciones... que la "quimio" no iba a poder contigo, que no iba a cambiarme, que no iba a trastocar mi forma de ver la vida, ni siquiera mi forma de vivir... aunque el tiempo acabó demostrándome lo contrario.

Hasta un día como hoy hace un año, cuando la oncóloga empezó a enumerar las decenas de efectos secundarios que harían estragos en mi cuerpo con  el tratamiento. 

Cuando salí de la consulta, decidí que era el momento de empezar  acostumbrarme a los cambios que se avecinaban y comencé por despedirme de mi melena, con la complicidad de la peluquera del barrio y la negativa de mi hijo. Y me dispuse a enfrentarme a lo que se me venía encima como intento enfrentarme a la vida, con la mente en positivo y la sonrisa en los labios. Y ese día compartí con mis amigos unas frases que me han acompañado durante todo este viaje...

"Dos meses justos transcurrirán entre la primera prueba, y os aseguro que me han hecho todas las posibles y algunas varias veces, y el inicio del tratamiento. 
Agradecida a la Sanidad Pública y a los magníficos profesionales que he encontrado y sigo encontrando en este camino, mujeres y hombres desbordados y estresados y que siguen atendiéndonos con paciencia infinita y una sonrisa."

Ha pasado un año desde ese momento, desde estas palabras, desde esos primeros pasos y tal vez ahora; desde la distancia y los obstáculos superados, estoy preparada para compartir todo lo que escribí durante esos meses, tal vez sea capaz de transcribirlo ahora sin las lagrimas que entonces nublaban mi vista o tal vez no, tal vez siga llorando por lo que ya pasó. 

Comienzo un relato que no es más que una terapia, una forma como otra cualquiera de cerrar el círculo, un relato que no son más que retazos de lo vivido, un relato que probablemente no interese a nadie excepto a mi; pero ésta es mi vida y este blog mi casa.